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domingo, 29 de noviembre de 2015

Osvaldo Bazán se enojó.


Dos o tres cosas que tengo ganas de decir con respecto al fin de ciclo.
Están enojados, tristes, desorientados.
No entienden cómo no nos damos cuenta de todo lo conseguido en estos doce años.
Están pasándolo mal y no me alegra. En la mayoría de los casos, claro, tampoco soy tan bueno.
Pero hay mucha gente buena, inteligente y querida que lo está pasando mal porque se termina lo que se termina y porque comienza lo que comienza.
Algunos de ellos están acá, sé quiénes son, sé que saben que sé y todo eso.
Y que hicimos lo que pudimos este tiempo para que nada fuera definitivo.
Para no decirnos cosas que estuvieron a punto de explotar.
Están enojados, tristes, desorientados.
No entienden.
Creo -con el derecho que tenemos siempre a equivocarnos- que no nos escucharon en todo este tiempo.
Que no nos tomaron en serio.
Que no les importó.
Pero los avisos estuvieron.
Hace poco alguien querido escribía “deberíamos reconocer que esas cadenas nacionales que tanto nos enamoraban quizás molestaban, habría que reducirlas”.
Sí. Molestaban. Molestaban en su intento totalitario de “cuarenta millones de argentinos”. Molestaba que desde la cúspide del poder ejecutivo alguien se dirigiera a sus conciudadanos como “abuelito amarrete”, “inmobiliario especulador”, o que la cultura del trabajo agropecuario fuera “el yuyo ése que crece sólo”. Y lo dijimos en su momento. Y no sólo no nos escucharon. Nos humillaron por decirlo.
Decirle a alguien que no está de acuerdo “hacé un partido y ganá las elecciones” era terriblemente antidemocrático -y, como se demostró, temerario-. Abrieron, además, una puerta horrible: cuando el próximo gobierno haga algo que no les gusta y se quejen, habrán habilitado esa respuesta.
Decías “Milani” y te respondían “Te informa Clarín”.
Salí a la calle porque mataron a un fiscal y las respuestas de la máxima autoridad del país fue “No tengo pruebas pero tampoco dudas” por facebook. En lugar de escuchar a los que salimos nos dijeron desde “marcha de zombies” hasta -como siempre- facistas.
Y no, no soy facista. Y me enoja un poder que me trata así.
Cuando hablan en nombre de “la cultura” insisten con esa actitud totalitaria. No queridos, no representan a “la cultura”. No son tanto. No somos tan poco.
Pero haberse creído ser todo implicó que no escucharan.
No aceptaron una sola crítica.
En cuestiones más personales, no sentí la inclusión.
Me sentí expulsado de la marcha del orgullo a la que iba desde que estoy en Buenos Aires, siempre sin máscara. Era díficl cuando 100 tipos te gritan “Hijo de puta, hijo de Magnetto” en el escenario en el que había estado por casi diez años.
Me sentí expulsado cuando hice, como siempre, una nota periodística con tres fuentes y por publicarla tuve que aguantar que desde un medio estatal, cinco cuervos de los que no me voy a olvidar, me llevaron mintiendo a la picota pública, juzgaron mi carrera y lo único que tengo, mi credibilidad. Replicado, claro, en los medios paraestatales.
Los que me putearon en la puerta del Hotel Intercontinental de Mendoza, en una estación de Servicio en Colón -Entre Ríos- o a una cuadra de mi casa, en Corrientes y Gallo no contribuyeron para que me sintiera incluído.
¿Mi pecado antipatria?
Ser periodista de espectáculos en un medio designado por el Estado como enemigo. No estar de acuerdo. Decir públicamente que no estaba de acuerdo.
Ese fue mi pecado antipatria.
Algunas de estas cosas las conté públicamente y, lamentablemente, muchos amigos y conocidos de los que ahora están enojados, tristes y desorientados no se solidarizaron. No deploraron la actitud porque todo se referenció y justificó en nombre de un modelo que para mí siempre fue mentiroso, pero ése ni siquiera es el tema.
En treinta años de periodismo nunca me había pasado como me pasó una mañana en una radio FM con Nico Wiñaski que vinieran a decirnos “Acá tenés toda la libertad del mundo para criticar, si querés, a Macri. Pero nada más, porque la radio está floja de papeles y no vamos a hacer enojar al gobierno”.
Me pasó a mí, le pasó a decenas de amigos y conocidos.
Como también a otros de golpe y más allá de sus valores profesionales, les aparecieron casas en countries y viajes por el mundo.
Nunca nos había ocurrido desde la vuelta a la democracia que criticar al gobierno se convirtiera en un acto de traición a la patria.
¿Saben qué?
No lo es.
No lo era antes, no lo fue en estos doce años y no lo será desde el 11 de diciembre.
Están enojados, tristes, desorientados.
Lo siento mucho si no entendieron desde el primer día que 678 era ilegal y, sí, facista. El Estado no puede de ninguna manera tener un programa en donde se denigre a cualquiera que los critique. Y lo tuvo. Y lo aplaudieron. Y llenaron de plata estatal a un grupo de gente que se dedicó a destrozar a cualquiera que pensara diferente, sin posibilidad de defensa. Un mediático juicio sumario estatal. Lo defendieron y no entendieron que lo pasamos mal.
Estaban de fiesta.
Y el ruido de la fiesta no los dejó escuchar.
Y me gustaría poder no ser tan literal pero la noche que estaban saqueando y matándose entre argentinos en Tucumán, Cristina bailaba en Casa Rosada. Les molestaba hasta que nos quejáramos de eso.
Pero mientras estaban de fiesta algunos de nosotros decíamos “no es una fiesta”.
La respuesta era “armá un partido, ganá las elecciones”.
Están enojados, tristes, desorientados.
Tan mal como bien estoy yo.
He abierto la ventana para que se vaya toda la porquería que recibí en estos años.
Sí, para mí el que termina el próximo 10 de diciembre es el peor gobierno de la democracia desde el 10 de diciembre de 1983.
Peor que Menem, sí.
Porque Menem no mintió sus ideas más horribles, no pervirtió el sentido de las palabras.
Siempre supimos quién era, dónde estaba parado, qué pensaba.
Creo de verdad que viene un país mejor.
Puedo estar equivocándome muchísimo y no sería tan grave.
Todo lo que ahora pasa es responsabilidad de quienes en doce años no escucharon.
Dicen -ni siquiera me interesa si con razón o no- cosas horribles del candidato que pregona el cambio de esto que hay.
Y esas cosas, horribles, no cambian a nadie la idea que tenemos que peor que lo que pasó, no va a ser.
Imagínense cómo la pasamos mientras ustedes no escuchaban y repetían “si no te gusta, armá un partido y ganá las elecciones”.
Ocurrió eso.
Se trata de la democracia.
Hoy ganás, hoy perdés.
Siempre tenés que escuchar.
Y siempre, siempre, podés hablar.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Marcha del 18F.

“ELLOS” MARCHARON

“Ellos”... así nos calificó la Presidente a los que no pensamos como ella cuando dijo el 11 de Febrero en sus cadenas nacionales y en su monólogo descabellado, en esa oportunidad al referirse a la marcha del 18F la señora dijo: “Nosotros nos quedamos con el canto, con la alegría, a ellos les dejamos el silencio, porque no tienen nada que decir o porque no pueden decir lo que piensan”.
Debo decirle señora que ayer en el 18F marcharon: tú, él, vosotros, ellos y yo, pues yo como todos los que marchamos pensamos y tenemos mucho que decir,  y la que no quiere que digamos lo que pensamos es usted señora, usted que es una intolerante,  soberbia, prepotente, autoritaria, bipolar y fanfarrona.
Ayer marché yo también y fue una experiencia inolvidable, caminando por la calle Cerrito avanzaba hacia Av. de Mayo y comenzó a llover fuertemente, muchos con paraguas, otros con capas e impermeables, y como yo muchos nos resignamos a la mojadura. Pero todos estábamos donde debíamos estar, la fuerte lluvia no nos hizo retroceder, algunos acusaban al gobierno de haber pactado con el diablo pero la tormenta no amedrentó a nadie.
Marchábamos en homenaje al “magnicidio” de un Fiscal de la Nación Alberto Nisman, que se animó a presentar una causa que compromete a la Presidente, Canciller y varios referentes más del Kirchnerismo, en silencio clamábamos Justicia, el respeto a la Justicia a la Constitución Nacional y la recuperación de la República.
Llegué a la Avenida de Mayo y comencé a caminar hacia la Plaza de Mayo, por la vereda que lentamente con dificultad se podía caminar, el centro de la Avenida era una marea de paraguas que muy lentamente caminaban,  cada tanto aplaudíamos, a veces coreábamos Justicia o Argentina, todo en un perfecto órden.
Caminando por la vereda pude comprobar que la gran mayoría de los comercios permanecían abiertos, nadie tenía temor por esa marcha.
Pude llegar hasta la calle Perú mas no era posible avanzar, eso indicaba que la Plaza de Mayo ya estaba colmada, por Perú fui hasta  Diagonal Norte y pude llegar hasta la mitad de cuadra y ya no se podía avanzar más, busqué refugio debajo de un toldo ya que la tormenta arreciaba, pero nadie se movía de su lugar, eran las 07:00 PM la cabecera de la marcha en la que venían los Fiscales, la ex esposa, la hija mayor y la madre del Fiscal se encontraban imposibilitados de avanzar, todavía no habían cruzado la 9 de Julio, fue muy dificultosa y lenta la llegada a  Plaza de Mayo. Piumato el Secretario del Gremio de los Judiciales fue el encargado de agradecer la presencia del pueblo y solicitó un minuto de silencio, fue  muy emotivo el total silencio que se registró, luego se entonó el Himno Nacional, estábamos frente al Cabildo  el lugar histórico donde el pueblo en el año 1810 se aglutinó por primera vez al grito de “el pueblo quiere saber” y 205 años después frente al Cabildo el pueblo homenajeó a un Fiscal de la Nación asesinado, pidió Justicia y el respeto a la Constitución Nacional.
Son mis deseos que los dirigentes de los distintos sectores políticos de la oposición hayan entendido el mensaje que dejó el pueblo Argentino en todas las plazas del territorio Nacional, hace falta una unión y un plan de gobierno apoyado por todos a largo plazo, con políticas públicas acordadas por todos y dejando de lado las mezquindades y egoísmos personales por figurar, la República exige un acto de grandeza de la dirigencia.
Espero que también ésta marcha sirva para que la señora Presidente sepa que dos patios de la Casa Rosada no alcanza, que su tiempo político se termina el 10 de diciembre día en que se firmará el certificado de defunción del kirchnerismo y a partir de esa fecha deberán visitar muy a menudo Comodoro Py.

Carlos Alberto Espiño
C.A.B.A., Febrero 19 del 2015