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domingo, 17 de mayo de 2015

RESTAURANDO EL VALOR DE LA FAMILIA.

NOTIVIDAAño XV, Nº 968, 16 de mayo de 2015

En su habitual columna en el programa “Claves para un Mundo Mejor”, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, reflexionó sobre la actual crisis matrimonial.
Durante su alocución televisiva el prelado reiteró que el matrimonio es la base de la familia, que la familia se funda por ende en “la unión de un varón y una mujer” y que esa unión no es “flexible y provisoria”. Agregó que para los católicos es un sacramento y que deberían prepararse para recibirlo. Nos exhortó finalmente a estar atentos al modo en que viven su noviazgo los jóvenes que tenemos cerca.
Mientras argumentaba la evidencia Aguer destacó que hasta hace unas décadas “en la sociedad argentina había un sobreentendido sobre que el matrimonio es el matrimonio”
La afirmación actualiza los últimos avances del lobby gay: en el 2002 la ley de unión civil porteña convirtió a nuestro país en el primero de Hispanoamérica en reconocer las uniones homosexuales, el “matrimonio gay” que Alex Freire y José María Di Bello celebraron en el 2009 fue pionero en América Latina, a mediados del 2012 Rodríguez Larreta entregó la partida de nacimiento del primer bebé del mundo que legalmente tiene dos padres, y, recientemente, el Jefe de Gabinete de Scioli concedió la primera “triple filiación” de  Latinoamérica
No conforme con eso y tras la sanción de la ley antidiscriminatoria en la Ciudad de Buenos Aires (Vid Notivida Nº 966), la activista María Rachid amenazó al Colegio católico San José de Calasanz por exhibir la imagen de una familia.    
A continuación el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Aguer:
“Ayer se conmemoraba el Día Internacional de la Familia decretado por las Naciones Unidas, en setiembre habrá un Congreso Mundial de Familia en Filadelfia y en octubre el Sínodo de los Obispos reflexionará sobre la familia. ¿Por qué esta insistencia? Sencillamente por la importancia que tiene la familia en la familia humana”.
“Esto no es una cosa de ahora si no que si uno estudia la fenomenología de las culturas ve que esto existe desde tiempos remotísimos. Ahora hay mezclas raras que dicen que son una familia pero no es tan así pues desde Adán y Eva, digamos así para mencionar las primeras páginas de La Biblia, pero en otras culturas totalmente diversas de la de Israel y ancestrales, siempre, siempre, la familia es la unión de un varón y una mujer. Allí está el germen, allí está la base, el fundamento y era una familia extendida a la que se llamaba “la casa”. Los parientes de unos y otros formaban la gran familia y luego la unión de grandes familias formaba la tribu así como hoy forma la sociedad”.
Se ha hablado muchísimo, recientemente, acerca de la crisis de la familia. Nadie lo puede negar pero yo hablaría más bien de la crisis del matrimonio que es el fundamento de la familiaY no me refiero a esas combinaciones extrañas que ocurren actualmente, eso será tema de otro encuentro; sino que me refiero a que ahora parece que el matrimonio no dura, parece que no tiene más fundamento sólido”.
“Incluso algunos dicen que no es necesario para tener un hijo formar un matrimonio. Siempre ocurrió eso y siempre ocurrirá pero ahora los inventos son diversos: dos mujeres que viven juntas por ejemplo pueden conectarse con un señor que también quiere tener un hijo y por fecundación artificial tienen un hijo. Además en la Provincia de Buenos Aires han inscripto en el Registro a un hijo con tres progenitores”.
“¿Qué es eso? No me refiero al punto de vista cristiano, católico, sino que como expliqué antes, se trata de una cuestión de humanidad. Siempre la familia se ha fundado sobre la unión de un varón y una mujer”.
“Volvamos a lo que decía: ¿Por qué hoy el matrimonio no es apreciado, o parece que no es necesario, o por qué duran tan poco los matrimonios? Podríamos hablar de numerosas causas pero yo apunto solamente a ésta, y ésta desde el punto de vista de la Iglesia, es que mucha gente se casa sin estar preparada. Además sin estar seguros de que pueden constituir la base de la familia por toda la vida”.
“En esto, nosotros, los sacerdotes, tenemos experiencia continua y vemos gente que no está preparada. También, quizás, nosotros tenemos una deficiencia y es que no preparamos bien aquellos que vienen noviando y con inquietudes de casarse. Hace unas décadas era un trámite muy fácil. Iban, hacían el expediente, arreglaban los asuntos de la marquesina, las flores y todo eso, porque en la sociedad, en la sociedad argentina había un sobreentendido sobre que el matrimonio es el matrimonio y no una unión flexible y provisoria, pero hoy día no es así”.
“Por eso creo que nosotros tendríamos que preparar mejor, tendríamos que preparar bien a aquellos que quieren recibir el Sacramento del Matrimonio. Ahora sí, como les digo, me estoy refiriendo propiamente al católico. Ahí tenemos un déficit en preparar a los novios para que se den cuenta a través de distintos encuentros de la importancia de ese momento”.
“La preparación para el sacramento del Matrimonio tiene que ser algo semejante a la preparación para la Iniciación Cristiana, un catecumenado. Esto puede parecer una exageración pero no lo es, si queremos que la cosa mejore tiene que haber una buena preparación porque el Matrimonio es un sacramento. Y entonces ¿por qué tiene que recibir una menor importancia o una menor preparación que los otros sacramentos? Los sacramentos no se reparten como mercaderías”.
“Para que el Matrimonio sea válido y no sólo eso sino para que sea fructuoso, ese amor no es simplemente sentimental, es un amor que es capaz de resistir, resistir todas las pruebas, de lo contrario no sería fundamento de una familia tal como la naturaleza humana, la dignidad del hombre y la mujer, y por cierto lo que la revelación y la vida cristiana exigen”.
“Como siempre les dejo esto para que lo piensen. ¿Crisis en la familia? Sí, ciertamente pero porque hay crisis en el matrimonio. Y si hay algunos novios por ahí por la casa, hijos o nietos de ustedes, comenten estas ideas ya que pueden ayudar para saber si verdaderamente se están preparando bien. No digo que esto produzca un milagro pero las cosas podrán andar mejor”.
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NOTIVIDA, Año XV, Nº 968, 16 de mayo de 2015
Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja

miércoles, 20 de marzo de 2013

Bergoglio: El Gobierno esta preocupado y la oposición está feliz.


Hugo Martini
CARTA
La elección del Cardenal Bergoglio como Papa ha producido en la Argentina dos reacciones: (1) La importancia que, sin duda, tiene este hecho y la satisfacción de católicos y no católicos, creyentes y no creyentes frente a una distinción excepcional y nunca vista a un ciudadano argentino y (2) La extendida creencia entre Gobierno y gran parte de la oposición que esta designación tendrá efectos directos sobre la política argentina.
Resultado: el Gobierno esta preocupado y la oposición está feliz. El error –como tantos fantasmas argentinos- es suponer que el Cardenal Bergoglio sigue siendo el hombre que enfrentó a los Kirchner y a quien estos consideraron un enemigo y que, por lo tanto, seguirá manteniendo esta posición activa.
Una lectura más cuidadosa de la realidad indica lo siguiente: (1) el viaje que hizo a Roma para participar del Cónclave fue el último viaje privado que hizo en su vida, (2) la caminata que lo llevó desde el hotel hasta la Capilla Sixtina el día que lo eligieron fue la última que hizo solo, (3) a partir del miércoles 13 pasado saldrá de las 44 hectáreas del Vaticano y las 55 de Castel Gandolfo sólo en viajes oficiales anunciados públicamente, (4) vivía como ciudadano de un Estado (Argentina) y ahora será el Jefe de otro (Vaticano) y (5) no se llama más Jorge Mario Bergoglio, sino Papa Francisco.
Mientras tanto, la política argentina ha entrado en un estado de suspenso esperando el impacto del nuevo Papa sobre la vida cotidiana del país. Este sentimiento entra de la misma categoría de pensamiento (expresado de otra manera) de aquellos quebuscan y encuentran un culpable para las desventuras de su propia posición. En este caso, la búsqueda es de un salvador que venga de afuera hacia nosotros. Pero es lo mismo: alguien es el culpable o alguien viene a salvarnos. La consecuencia es que la responsabilidad por nuestros actos disminuye.
La comparación con Juan Pablo II (1920-2005) es otra tentación. Elegido Papa en 1978 (ordenado sacerdote en 1946) vivió en medio de la más importante crisis internacional después de la Segunda Guerra Mundial: la Guerra Fría. Su país de origen –Polonia- estaba del lado comunista. Este conflicto concluyó con la caída del Muro de Berlín (1989) y la implosión de la Unión Soviética (1991). Nunca se sabrá el grado de participación del entonces Papa en la resolución de este conflicto, pero el cuadro permite más de una interpretación, verdadera o falsa.
El hasta ahora Cardenal Bergoglio viene, en cambio, de una país democrático, con elecciones periódicas desde hace 30 años, sin ningún tema directo de interés internacional, excepto Malvinas. A diferencia de la situación que enfrento el Cardenal Wojtyla los asuntos que perturban a la Argentina son ajenos al interés del mundo: inseguridad, inflación, corrupción, avance de la Presidencia sobre los poderes legislativos y judiciales, ataques permanentes a la libertad de prensa, aislamiento internacional. Estos temas le importan solo a los argentinos y es un delirio imaginar que el nuevo Papa movilizará su reinado para que, por ejemplo, las elecciones de 2013 y 2015 tengan un resultado distinto al que decidan los propios argentinos.
La diferencia entre estas dos miradas –un Papa nacido, criado y educado en la Argentina y la de su real influencia de ahora en adelante sobre su país de origen- se verá más clara cuando disminuya el impacto que significó su elección y se apaguen las luces de las ceremonias que lo consagraron.
El Gobierno no debería estar tan preocupado, ni la oposición tan contenta.

miércoles, 8 de agosto de 2012

En la actualidad, observamos la pretensión por parte de ciertos gobiernos, ideólogos secularistas y grupos de presión, de desacreditar cualquier intento de la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas por incidir en la vida pública.


 ¿QUIÉN DIJO QUE “LA IGLESIA NO DEBE METERSE EN POLÍTICA”?


Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano
Vida Humana Internacional

 Para justificar su postura, estos gobiernos, ideólogos, grupos y hasta algunos católicos, enarbolan el argumento de que “la Iglesia no debe meterse en política” o de que hay que respetar “la separación entre la Iglesia y el Estado”. En el fondo, la pretensión de estas personas es avanzar un concepto totalmente secularista del Estado y la sociedad, para reducir al silencio a la Iglesia y a los cristianos en cuanto a la esfera pública. Según su concepto individualista y privatista de la religión, quieren una Iglesia “domesticada”, confinando su libertad religiosa al culto dentro de los templos y de las casas.

Implícita o explícitamente, los secularistas y hasta algunos católicos, para justificar sus pretensiones, se refieren al pasaje de Mateo 22:21, en el cual Cristo enseña: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Para los que desde fuera de la Iglesia quieren imponerle su agenda laicista a los católicos y demás cristianos, este pasaje, según su interpretación sesgada, constituye la “justificación” bíblica perfecta de una separación total entre la Iglesia y el Estado. En realidad, lo que quieren los que así piensan es que el Estado y ellos mismos hagan lo que les dé la gana, sin que la Iglesia y sus miembros puedan decir ni hacer nada. Para algunos católicos, la interpretación de este pasaje no llega tan lejos, pero sí lo suficiente como para justificar el votar por quién les dé la gana, aún por candidatos proaborto, sin tomar en cuenta lo que la Iglesia enseña al respecto.

Esta interpretación de Mateo 22:21 es completamente errónea y se estrella estrepitosamente contra lo que la Iglesia Católica misma enseña sobre este pasaje. Veamos qué nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre esta afirmación de Cristo. “El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’” [1]. Observemos que la interpretación que le da la Iglesia a este emblemático pasaje – la única vez que es citado en todo el texto doctrinal – ocurre en el contexto de los límites de la autoridad civil. En otras palabras, la doctrina de Cristo va más bien encaminada a proteger el derecho y el deber que tienen los creyentes hacia Dios ante las pretensiones del Estado, y no a confinar a dichos creyentes a ciertas actividades religiosas realizadas en privado.

Por otra parte, la pretensión de taparles la boca a los cristianos en la plaza pública precisamente por el hecho de ser cristianos, no solamente va en contra de la democracia y de la religión, sino de la naturaleza misma de la persona humana. Es un hecho incontrovertible que el ser humano, además de ser un individuo, es, en su misma esencia, un ser social. Pretender limitar su dimensión religiosa a la esfera privada es una burda falacia y constituye un daño enorme al diálogo intra-social, tan necesario para el sustento y el progreso de una sana democracia, donde todos, creyentes y no creyentes, tienen el deber y el derecho de ofrecer su aporte al bien común.

Además, la Iglesia Católica, como institución fundada por Cristo [2], tiene también el deber y el derecho de instruir a sus fieles respecto de sus deberes y obligaciones políticas, sin ello constituir de ninguna manera una intromisión indebida en la legítimaaunque relativa autonomía del Estado. Ese deber y derecho de la Iglesia se funda en el hecho de que “La Iglesia, ‘columna y fundamento de la verdad’ (1 Timoteo 3:15), recibió de los apóstoles este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad que nos salva [3]. Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas” [4].

Aunque la Iglesia Católica no tiene una competencia específica en los asuntos humanos, sí la tiene respecto de la dimensión moral que está presente en cada uno de ellos, por cuanto los valores humanos,  los principios que los protegen y el destino eterno de las personas están en juego en toda esfera importante de la existencia humana [5]. Y aquí no es válido decir que la Iglesia pretende imponer una “moral sectaria” al resto de la población, como lo sería el exigir que la ley civil obligue a los que no son católicos a ir a Misa los domingos o días de precepto. Aquí se trata de pedir la observancia de la ley natural, que es la moral universal que obliga a todos los seres humanos en conciencia y que es la base de los derechos humanos fundamentales y de su debido respeto [6], sobre todo cuando se trata de los seres humanos más débiles, indefensos e inocentes – por ejemplo, los niños y las niñas por nacer.

Sin la observancia a los preceptos de la ley natural tampoco se puede tener acceso a la salvación. “La autoridad del Magisterio (el Papa y los obispos que están en comunión con él) se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia, exigida por el Creador, es necesaria para la salvación” [7].

Por todo ello, la autoridad de la Iglesia tiene el sagrado deber de exigirles a sus fieles que se comporten en conformidad con esta ley natural a la hora de, por ejemplo, ejercer su voto. La Iglesia no le dice a nadie por quién votar, pero sí con qué criterios votar. Una directriz concreta que se desprende de esta doctrina es que ningún católico debe votar nunca por una ley y menos aún por un candidato proaborto, so pena de caer en pecado mortal [8]. En el caso de dos candidatos proaborto y sin haber un tercero con reales posibilidades de ganar, se justifica el voto por el que es menos malo en ese mismo asunto, debido a una evidente y grave razón proporcionada [9].

El tema del aborto cobra prioridad por encima de los demás problemas sociales, debido a que el derecho a la vida es la base y la condición de todos los demás derechos, a que el aborto (como también la eutanasia) es un acto intrínseca y gravemente malo [10], y también debido a que el número de víctimas de este acto abominable supera drásticamente al de cualquier otro ataque contra la vida de seres inocentes. Cada año en el mundo, el aborto quirúrgico mata entre 36 y 53 millones de personas no nacida s y en EEUU a 1.2 millones [11]. (Nada de lo afirmado aquí va en detrimento alguno de la compasión y la acogida a la mujer que ha abortado o a otras personas que se han involucrado en el aborto ni de la invitación que debemos hacerles al recurso al Sacramento de la Confesión, imprescindible para que los católicos obtengan el infinito perdón de Dios de sus pecados mortales [12].)

En conclusión, no hay justificación alguna para los secularistas de pretender callarle la boca a la autoridad de la Iglesia cuando sus enseñanzas morales tienen implicaciones políticas o cuando sus fieles actúan conforme a dichas enseñanzas en la esfera pública. Tampoco tienen justificación alguna aquellos católicos que pretenden desobedecer a la Iglesia en este asunto, porque al hacerlo desobedecen al mismo Cristo, Quien dijo a sus Apóstoles, de quienes el Papa y los obispos son los sucesores: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado” [13].

Notas:
[1]. Catecismo, no. 2242.
[2]. Cf. Mateo 16:13-19.
[3]. Cf. Mateo 28:16-20.
[4]. Catecismo, no. 2032.
[5]. Cf. Ibíd., no. 2420.
[6]. Cf. Ibíd., no. 1596.
[7]. Ibíd., no. 2036. Cf. no. 85.
[8]. Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto provocado, 1974, no. 22.
[9]. Cf. Carta del Cardenal Joseph Ratzinger (el actual Papa Benedicto XVI), Prefecto de la C ongregación para la Doctrina de la Fe , al Cardenal Theodore McCarrick , Arzobispo de Washington, con ocasión de la asamblea de la Conferencia Episcopal de EEUU, 14 - 19 de junio del 2004.
[10]. Cf. Declaración sobre el aborto provocado, Introducción, no. 11.
[11]. Cf. Henshaw, Family Planning Perspectives , 1990, 22 :76-89 y Alan Guttmacher Institute, Facts of Induced Abortion in the United States, May 2011,  http://www.guttmacher.org/pubs/fb_induced_abortion.pdf.
[13]. Lucas 10:16, cf. Catecismo, nos. 87, 858, 861 y 862.