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domingo, 28 de junio de 2015

¿Asado o chop suey?

Paracaídas para no Todos ni Todas



Paracaídas para no Todos ni Todas

"En el traicionero mundillo político, la lealtad tiene fecha de vencimiento". James Neilsen

El viernes por la noche tuve una certeza: la suerte de mi país está echada. El Gobierno renovó sus ataques a la Justicia, con mayor virulencia y menos formas aún. Tras la sanción del Código Procesal Penal y remover a un Juez de Bahía Blanca, que intervenía en el caso de las facturas falsas de Lázaro Bóvedas Báez y su hijo, el jueves hizo lo mismo con el Juez Luis Cabral, el molesto subrogante en la Sala de la Cámara de Casación Penal que debe decidir sobre la inconstitucionalidad del memorandum firmado con Irán, ya decretada por las dos instancias inferiores. Procura así poner la lápida final sobre la denuncia del Fiscal Nisman contra la Presidente, que le costó la vida.

Pese a la enorme gravedad del tema, no suscitó reacción alguna en una sociedad adormecida y adocenada que, en cambio, prefirió depositar todas sus energías en el partido en que nuestra selección, agónicamente, consiguió superar por penales a la colombiana y, así, pasar a la ronda semifinal de la Copa Sudamericana de Fútbol. Si esa es la nula importancia que los ciudadanos damos a las instituciones, bien hace Cristina Kirchner en pisotear todo para alejar el riesgo de futuras complicaciones penales.

Lo hubiera podido entender y justificar si esa conducta autista se hubiera dado entre aquéllos que, ignorados por los números presidenciales, deben hacer malabares para sobrevivir con ingresos que la inflación devora al ritmo de un pacman; el pan es tan escaso que el circo resulta poco menos que indispensable. Sin embargo, la clase socio-económicamente más alta, aquélla que se supone más instruida e interesada en la cosa pública, ni siquiera en defensa propia se comportó de un modo diferente; en lugar de sufrir por la destrucción de la República, y actuar en consecuencia, se vistió con camisetas y gorros de colores patrios para sentir que compartía un destino común, aún cuando éste fuera intrascendente.

El Tte. Gral. César Milani pidió su retiro; el original militar estaba acosado por la Justicia en dos causas por violación de derechos humanos y, tal vez la más complicada, por enriquecimiento ilícito. Rápidamente, comenzaron las especulaciones acerca de los motivos que llevaron a la noble viuda a soltar lastre con vistas a unas elecciones generales que prometen darle un disgusto mayúsculo. Creo que ya es un poco tarde para que tirar por la borda el excesivo peso de personajes relativamente menores pueda surtir efecto sobre un electorado harto de soportar tanta arbitrariedad y tanta corrupción. Por lo demás, ¿aceptará Milani mansamente ir preso sin contar lo mucho que sabe?

Pero el asunto merece ser observado desde otro ángulo. Cuando se cerraron las listas para las elecciones nacionales de presidente y vice, de varios gobernadores, de legisladores de todo tipo y color, quedó demostrado que para Cristina no hay lealtades que valgan, y que los paracaídas no alcanzan. El peronismo, desde su origen, tiene un Día de la Lealtad porque los otros 364 son los de la traición, y hasta los barones del Conurbano practican esa conducta, yendo y viniendo con sus garrochas.

La primera demostración la dio el trato que dispensó a Florencio Tren Randazzo, que se enteró por televisión que su candidatura había dejado de existir por voluntad de la emperatriz del Calafate; que su principal sostén hasta ese momento, Carlos Chino Zannini, se hubiera pasado al otro bando e integrara su fórmula, no hizo más que aumentar la dosis de sapos que fue obligado a tragar. Más sorprendente aún fue la ausencia de Guita-rritaBoudou entre los candidatos, ya que ni siquiera fue nominado para integrar el ilusorio Parlasur, un organismo consultivo que, salvo que mucho cambie en la región antes de 2019, jamás llegará a existir.

Hoy, sin embargo, el más importante paracaídas se lo quitó a SS Francisco. Creí que bastaría el respaldo explícito que brindó al Dr. Carlos Fayt, a través de una del Cardenal Poli, para frenar la embestida oficial en su contra. Sin embargo, la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados siguió adelante y el jueves recibió, en una reunión secreta a la que asistieron sólo oficialistas, el exótico testimonio de una neuróloga; ¿qué habrá dicho sobre alguien que no conoce? El Papa está pagando, para muchos argentinos, el costo resultante del deferente trato que brinda a la Presidente y a todo su entorno, incluida La Cámpora; si, además, doña Cristina responde aprobando el aborto no punible, negando la pobreza y destruyendo lo poco que queda de la República, ese precio repercutirá en la imagen social de la Iglesia toda.

Lo entienda o no la ciudadanía, la noble viuda, asesorada por el Chino, está perpetrando lisa y llanamente un golpe de Estado. ¿Hasta cuándo lo permitirá la Corte Suprema sin abocarse a tratar el tema, sentenciar la imposibilidad del Ejecutivo de continuar por esta senda de agravio a la República y, eventualmente, procesar a la Presidente y pedir su destitución al Congreso?; no lo conseguirá, dado que el oficialismo dispone de las mayorías necesarias para impedirlo, pero permitiría que la sociedad tomara conciencia de los gigantescos peligros que surgen de estas conductas y que, seguramente, deberá enfrentar de hacerse Daniel Lancha Scioli con el triunfo en octubre.

Y digo esto por una simple razón. Doña Cristina y su Ministro de Economía, el inefable Axel Estigma Kiciloff, siguen sembrando de minas económico-financieras el futuro; es probable que comiencen a explotar antes del fin de su mandato, como lo demuestra la escapada del dólar blue pero, sea o no así, quien quiera que la herede deberá enfrentar un ajuste monumental; un breve inventario incluye la inexistencia de dólares en el Banco Central, el déficit estatal, el desmadrado gasto público, los vencimientos de deuda de corto plazo, los niveles de pobreza e indigencia, la necesidad de importar gas, los impagables subsidios al transporte y la energía, el conflicto con los holdouts, etc. Si venciera, como creo que sucederá, Mauricio Macri, la solución tendrá que venir de la mano de la reconciliación con el mundo y el consecuente acceso a las inversiones y a los mercados voluntarios de crédito.

Pero si ganara Lancha nadie estará dispuesto a asumir los riesgos que la presencia del Chino, un fervoroso seguidor del maoísmo en su más arcaica version, implica; así, no tendrá otra posibilidad que atar más nuestro destino a la voluntad de Beijing, que necesita materias primas para alimentar a su población y a su industria, que tiene sumo interés en participar en el control del Atlántico Sur y en la futura discusión sobre la Antártida, y para el cual todas nuestras necesidades financieras son sólo cambio chico; Argentina recibirá así el mismo trato que hoy aplica China a los países africanos en los que está presente, que saquea impunemente, y no se alterará la relación sumisa que el Gobierno mantiene -recuerde que hay imperialismo malo (el británico, en Malvinas) e imperialismo bueno (el chino, en la base militar de Neuquén)- con Xi Jinping y, también, con Putin, con Maduro y con Rouhaní, todos ellos campeones olímpicos de la democracia y los derechos humanos.

Estamos frente a una trágica encrucijada histórica -¿asado o chop suey?- y por como actuemos ahora se definirá nuestro futuro. Lamentablemente, no soy demasiado optimista puesto que el "sálvese quien pueda" ha inoculado su virus letal en la sociedad, que sigue sin percibir que el egoísmo y el desinterés nos resultarán mortales.


Bs.As., 28 Jun 15

sábado, 12 de abril de 2014

Integración al revés.

OPINIÓN



(AW) A continuación un nuevo artículo de Marcelo Colussi.-

imperialismo3



“Nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría”
Raúl Scalabrini Ortiz

“El único país que tiene un proyecto serio de integración para el continente es Estados Unidos. Aunque… claro que no es precisamente la más conveniente para los pueblos de la región”, dijo el Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel.

Sin dudas, aquello de “patio trasero” no es una mera formulación retórica. ¡Es una cruda, descarnadamente cruda realidad! Durante todo el siglo XX, y por como van las cosas también puede inferirse que el XXI, la hegemonía de la gran potencia del Norte sobre Latinoamérica es incontrastable. No hay dudas que en estos últimos años, digamos desde aproximadamente el 2000 para acá, se han visto algunos hechos políticos que, en mayor o menor medida, cuestionan la insultante y abrumadora hegemonía de Washington para la región. Pero fríamente vistos, no alcanzan todavía a hacer mella real en esa dominación. En todo caso –y eso es muy lícito– son una expresión de deseos de quienes adversan al imperialismo, de quienes luchan por la liberación de esas ataduras: intento de procesos integradores sin la presencia de la Casa Blanca, una OEA algo más “democratizada”, la propuesta de instancias que vayan más allá de ese organismo continental, presidentes “progresistas” en varios países (Lula o Dilma Roussef en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina), con un talante más o menos anti-imperialista, o mandatarios que alzan su voz abiertamente contra el imperialismo (el desaparecido Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador). Expresiones todas que muestran nuevos tiempos: ya no es sólo Cuba el país “díscolo”, ya no estamos en la Guerra Fría con sangrientas dictaduras militares manejadas abiertamente por la Embajada estadounidense y con un visceral discurso anticomunista. Pero en la realidad dura y descarnada, las relaciones de opresión no sólo no han cambiado sino que, objetivamente, se han profundizado en el área.
Nunca como hoy la estrategia militar hemisférica de la Casa Blanca ha tenido tan cercado al sub-continente latinoamericano. Si bien es muy difícil saber con exactitud la cantidad cabal de instalaciones castrenses de Washington en la región (muchas se ocultan, se disfrazan, no se dan datos precisos), estudios serios hablan de más de 70 bases. Es obvio que la zona sigue siendo prioritaria para su política hemisférica. Una de las más grandes y bien equipadas, por cierto, está en la triple frontera argentino-brasilero-paraguaya, donde “casualmente” se encuentra el Acuífero Guaraní, la segunda reserva subterránea de agua dulce más grande del mundo. La instalación de esa base en ese estratégico punto tiene como fundamento, según el discurso oficial de la gran potencia, “la preocupación del gobierno estadounidense por escuelas coránicas de Al Qaeda que se habrían detectado en el área”. ¿Alguien en su sano juicio podrá creer ese dislate, o eso simplemente es una ofensa más a nuestra inteligencia, a nuestra dignidad?
Si alguien dijo alguna vez que Latinoamérica no entraba en las prioridades de Estados Unidos, los hechos demuestran otra cosa: la zona sigue siendo de importancia estratégica fundamental. Algunos años atrás, el por entonces Secretario de Estado de la administración Bush (hijo), el general Colin Powell, pudo decir sin tapujos refiriéndose al proyecto de recolonización buscado con los Tratados de ¿libre? comercio que obligó a firmar a los países latinoamericanos (independientemente que la idea original de un tratado colectivo –Área de Libre Comercio para las Américas, ALCA– no funcionara, firmándose luego esos tratados bilaterales): “Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio.” El fin de todo ello es tener una zona cautiva para enfrentar el avance de otros bloques y/o gigantes que pueden disputarle la supremacía, como la República Popular China o la Unión Europea.
Más claro: imposible. La política continental de los grandes capitales estadounidenses, sin importar quién ocupe circunstancialmente el Ejecutivo (ahora un afrodescendiente “¿medio socialista?”) es mantener a su histórico patio trasero como reserva estratégica. Reserva en un sinnúmero de aspectos: mano de obra barata, mercado para sus propios bienes y servicios, fuente de recursos naturales (petróleo, minerales estratégicos, agua dulce, biodiversidad de las selvas tropicales). Para ello esta interminable cohorte de bases militares con tecnologías de punta que controlan la región. El supuesto combate al “flagelo” del narcotráfico puede servir como excusa perfecta. ¿O será cierto que la DEA está terminando con el problema del consumo de drogas? O, también, ¿será real que estamos a punto de caer en manos de fundamentalistas talibanes que invadirán el continente?
El capitalismo actual, absolutamente globalizado y siempre conducido por la que sigue siendo su potencia hegemónica: Estados Unidos, necesita cada vez más de recursos energéticos y nuevos minerales para su aceleradísimo desarrollo tecnológico. De ahí que asistimos a un nuevo despertar de las industrias extractivas. Minerales estratégicos cada vez más sofisticados, amén del petróleo y de los recursos hídricos como fuentes generadoras de energía, constituyen el actual revalorizado nuevo botín en la mira. Y Latinoamérica, para su propia desgracia, tiene mucho de todo eso.
En relación a eso, una “piedra en el zapato” que aparece ante ese avance arrollador del nuevo extractivismo está dado por la defensa de sus territorios que en todo el continente americano están llevando a cabo grupos locales. De hecho, en el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: “A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas”.
Hoy, como dice el portugués Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular y latinoamericano en general, “la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas”. Anida allí, entonces, una cuota de esperanza. ¿Quién dijo que todo está perdido?
Pasadas las sangrientas dictaduras que asolaron la región hasta la década de los 80, hoy pareciera repetirse el mismo libreto en todos los países: fin de las dictaduras, imposición de planes de ajuste estructural y privatización de empresas públicas, democracias formales (“democraduras”, como las llamó Eduardo Galeano, democracias de cartón). Y aquí viene lo que queremos destacar para este nuevo momento: con algunas variaciones puntuales, más o menos en todos los países de la región se repiten los mismos fenómenos: falta de politización y lucha ideológica por parte de las mayorías populares, cultura de la pura sobrevivencia (tener trabajo ya es un lujo que hay que cuidar a capa y espada), medios de comunicación frívolos y fútbol a granel, explosión de iglesias evangélicas fundamentalistas y (¡hay que remarcar fuertemente lo que sigue!): a) explosión de la delincuencia callejera, b) auge imparable de la narcoactividad, c) grupos asociales con fuerte presencia en la cotidianeidad (pandillas juveniles violentas, “maras” en Centroamérica, “barras bravas” en el Río de la Plata), d) ¿linchamientos de civiles a manos de civiles?
Toda esta complejidad social merece abordajes muy pormenorizados. Sin dudas, hay diferencias en las historias de cada sociedad donde se dan, y cada hecho debe entenderse en su singularidad local. Pero hay cosas curiosas, que se repiten más o menos en forma similar. La situación de pobreza generalizada que crearon los planes de ajuste estructural (llamados comúnmente “neoliberales”, que en verdad no son sino un capitalismo salvaje y descarnado), provocan respuestas más o menos similares en cualquier lado: pauperización extrema de las poblaciones, aparición de cualquier estrategia de sobrevivencia, y allí está la delincuencia como una posibilidad siempre a la mano. Pero llama la atención –lo cual, insistimos, merecería estudios comparativos muy elaborados para poder sacar conclusiones terminantes– la “regularidad” de ciertos fenómenos. Terminan las “guerras sucias” internas en todos los países de Latinoamérica (en general sin responsables a la vista fomentando así la impunidad, y también en Argentina, donde si bien se juzgó a militares, luego vinieron las amnistías del caso con lo que se reafirma la impunidad y la corrupción), pero la “paz” nunca llega. En otros términos: las guerras internas terminaron, pero en realidad nunca terminaron. El clima de hiper control y militarización de la vida cotidiana, aunque “disfrazadamente”, continuó. Ahora todas las sociedades están enfermas de esta nueva epidemia que es la violencia delincuencial (¿nueva forma de control de las poblaciones?, ¿virtuales nuevos ejércitos de ocupación?)
Podría entenderse –sin con esto criminalizar la pobreza– que la gran miseria económica que marca al continente lleva en forma casi obligada a la comisión de hechos delictivos. Es probable, pero eso no termina de explicar esta matriz que se repite casi al milímetro en toda la zona. Ahora no hay ejércitos con estado de sitio controlando a las poblaciones civiles…, pero hay virtuales “nuevos ejércitos” que, de algún modo, hacen la vida difícil, que obligan a salir huyendo del centro de trabajo o de estudio para dirigirse a las casas terminadas las jornadas, porque “la delincuencia” se va enseñoreando de la situación, haciendo la cotidianeidad un infierno, que llama a ser atendida con nueva “mano dura”.
Lo mismo puede decirse de la narcoactividad. En este par de décadas, desde la finalización de las guerras internas (cada país con su modalidad, con más o menos desaparecidos, con tierra arrasada en algún lado, con asesinatos selectivos en otros casos, etc.) la “explosión” del tráfico y consumo de drogas ilegales creció en forma exponencial. Y ahí está el gran país del Norte con sus planes continentales “ayudando” a combatir el flagelo. Dicho sea de paso, el consumo en Estados Unidos no baja nunca. ¿Qué combaten entonces estos planes de ejércitos super sofisticados, si el tránsito de la droga desde el Sur no se detiene?
Todo ello lleva a pensar que tras estos fenómenos: la violencia delincuencial “desbocada”, las respuestas de “mano dura”, la criminalización de la pobreza, la creación de un clima de sospecha paranoica eterno, los grupos violentos y corruptos que no paran de crecer y ocupar posiciones de poder (mafias ligadas al ejercicio político, entronización de una cultura de la impunidad, brazos operativos discrecionales –las temibles pandillas juveniles, el sicariato, etc.– ), todo eso podría tener un guión bien concebido.
¿Quién mueve esos hilos? Es muy difícil, si no aventurado, dar respuestas contundentes. Pero el solo hecho que puedan entreverse planes maestros (así como los hubo durante las guerras internas, planes regionales en algunos casos, como el Plan Cóndor para el Cono Sur), hace pensar que todo este guión no es tan casual.
Hacer ciencia social rigurosa no es sólo dejar abiertas preguntas. Eso es el inicio de toda investigación, imprescindible sin dudas, pero no suficiente para dar las respuestas del caso. Llegar a conclusiones válidas y útiles implica un trabajo de estudio pormenorizado, sistemático, a veces lento y tedioso. El presente texto no es, en modo alguno, una muestra de análisis científico de la realidad social latinoamericana. Pero puede ser una primera intuición, quizá fundamental, para adentrarse en esas investigaciones. ¿Por qué tan casualmente esas explosiones simultáneas, en todos los países de la región, de los mismos fenómenos? ¿Por qué ese auge de la delincuencia y el crimen organizado con patrones que parecen casi calcados? Como mínimo, queda la duda. Y es ahí donde el análisis riguroso debería empezar a echar luz.
Lo que sí puede concluirse es que, tal como dijera Pérez Esquivel, esa “integración” de hechos, tendencias y fenómenos que pareciera atravesar toda la región, como mínimo, llama a abrirnos razonables dudas. Seguramente no es esa la “integración” que necesitamos.

jueves, 16 de febrero de 2012

Bajo el tórrido 15 de febrero de 2012, una enorme columna de miles de personas llegó hasta el Congreso Nacional de Argentina, sembrado en el corazón de Buenos Aires, para exigir la derogación de la ley antiterrorista votada en la última sesión legislativa del año pasado a iniciativa del gobierno.


Argentina: La ley antiterrorista gatilla la unidad popular

Andrés Figueroa Cornejo

Agrupaciones de Derechos Humanos, organizaciones sindicales, estudiantiles, de barrios y villas; ciudadanas, originarias, ambientalistas; organizaciones políticas y un conjunto variopinto de parlamentarios elevaron un escenario en las  puertas selladas del Congreso para manifestar su rotundo rechazo a la ley.

La composición diversa de los participantes ofreció un marco de fortaleza unitaria sobrecogedora. El extenso abanico social y político que sustantivó la manifestación, inyectó autoridad soberana a un mensaje leído colectivamente que en sus partes medulares señaló que, “No es menor que hasta hoy no se haya podido definir jurídicamente qué se entiende por “terrorismo”. Esto no es casual si tenemos en cuenta que siempre se ha utilizado este calificativo para demonizar al opositor político, para justificar su persecución y su eliminación (…) Actualmente existen claros intereses políticos por parte del imperialismo norteamericano y sus socios en utilizar el calificativo de “terroristas” para perseguir a quienes se oponen de diferentes formas y en diferentes lugares a su política (…) En los últimos ocho años, la criminalización de la protesta social se ha profundizado al punto tal, que no existe lucha obrera, estudiantil, ambiental, social o política que no tenga como consecuencia la apertura de una causa penal contra los militantes más visibles de cada momento (…) A esta política nacional se ha sumado la utilización de ‘patotas’ contra quienes luchan, como ocurrió en el Hospital Francés, en el INDEC, en la legislatura contra los maestros, y en la lucha de los tercerizados del Ferrocarril Roca, donde fue asesinado Mariano Ferreyra (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137929) (…) Esta ley no está pensada ni sancionada en pos de resolver ninguno de los problemas que enfrenta el pueblo argentino. Tampoco está destinada a impedir que se produzcan atentados contra el pueblo argentino (…) En realidad, la ley antiterrorista provoca terror y constituye una herramienta de persecución estatal (…) Llamamos a toda la población a manifestarse y movilizarse en contra de esta legislación represiva y antipopular, en defensa de las más amplias libertades públicas por las que el pueblo argentino luchó y seguirá luchando.”

LOS TRABAJADORES ESTÁN CLAROS

Ricardo Peidro, secretario adjunto de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA), una de las principales agrupaciones convocantes, indicó que tal como se movilizaron el 29 de diciembre de 2011, cuando se dictó la ley, “hoy nuevamente estamos en la calle junto a un amplio arco de organizaciones y personas que comprenden que la medida del Ejecutivo sólo está hecha para criminalizar la protesta social e intentar disciplinar a la clase trabajadora y al pueblo en general, tras el duro ajuste económico que sufrimos. Por eso marchamos hasta el Congreso. Para que los parlamentarios levanten su mano contra una ley eminentemente antipopular.”

-Pero antes de ella ya existía la criminalización de las demandas sociales…

“En efecto. En el sindicalismo hay más de 5 mil compañeros procesados; hubo represión en la provincia de Santa Cruz debido al movimiento contra el ajuste; contra el pueblo originario Qom que resiste el avance de la frontera soyera; y ahora último, contra todos quienes se oponen a los efectos inhumanos de la megaminería a cielo abierto.”

-Ya está en curso la negociación laboral entre el gobierno central y los docentes.

“En general, nosotros estamos por paritarias “sin techo”, como quiere imponer la patronal y el gobierno.”

-Prácticamente la mitad de la fuerza laboral en Argentina está “en negro”, es trabajo informal, precarizado.

“Por eso nosotros decimos que las paritarias no alcanzan para representar al conjunto de la clase. El mismo sistema promueve su fragmentación. Y por eso mismo, la CTA no es una Central de sindicatos, sino de trabajadores. Es decir, una organización donde pueden integrarse todas y todos los que laboran en el país.”

-Hace pocos días, los congresistas, a instancias del Ejecutivo, vieron reajustada su dieta en por lo menos un 100 %

“Entonces ese es nuestro piso para negociar.”

La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) es una de las fundadoras de la CTA. Su secretario adjunto, Hugo Godoy, indica que “repudiamos una ley resuelta entre gallos y medianoche, y reclamamos su inmediata derogación. La ley antiterrorista duplica las condenas establecidas por el Código Penal y puede aplicarse por el simple hecho de hacer exigencias al gobierno, sea nacional, provincial o municipal. Su objetivo es reprimirnos, judicializar al pueblo argentino y tratar de limitar el creciente descontento provocado por la venta de la nación. Quieren luz verde para imponer un modelo primario extractivista que enriquece a unos pocos y explota a la mayoría, llevándose de paso todas nuestras riquezas. Sólo la transnacional Barrick Gold se ha hecho de un 15 % del territorio chileno y de un 6 % del argentino. ¡Y a ambos dejan un miserable 3 % de impuestos! Nosotros luchamos por la soberanía de todos los pueblos de América Latina, mientras el Estado actual es una mera oficina de certificación para los intereses de las corporaciones multinacionales.”
Corriente Clasista y Combativa (CCC) es una franja de trabajadores que tiene presencia en todo el país y que, según su dirigente Freddy Mariño, “con el fin de no dividir el movimiento obrero, se organiza como corriente y no como otra Central. Nuestros miembros son trabajadores activos, pasivos y desocupados.” Y explica que la ley antiterrorista “es una exigencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) que con el pretexto de controlar la evasión de divisas, los narco-dólares, etc., en la realidad, atenta contra la lucha social.”

-¿Cuáles son los objetivos estratégicos de la CCC?

“Derrotar al Estado burgués y que gobierne el pueblo trabajador.”

CRECE DESDE EL PIE

José de la municipalidad de San Isidro es uno de los coordinadores del Movimiento Barrios de Pie que “pelea por los derechos de todas y todos los argentinos. Nosotros trabajamos con el pueblo más empobrecido. Tenemos comedores para los niños más humildes, para que tomen una taza de leche, de mate cocido, un almuerzo, una cena caliente. Y al mismo tiempo, nos empeñamos en fortalecer los derechos de los vecinos. Que el plan social del gobierno de turno Argentina Trabaja, sea para todos y no sólo se emplee para crear clientela electoral. Argentina Trabaja paga  a un jefe de familia 1200 pesos mensuales (275 dólares) y simplemente no alcanza para vivir.”

-¿Y cómo evalúas al gobierno actual?

“Lo menos que hace es mirar al pueblo. Sólo observa al empresariado y a todos los demás nos mete en una bolsa comercial para hacer sus negociados y votar por ellos.”

-Pero ustedes también tienen metas políticas…

“Queremos formar cuadros sociales con una proyección política. Nuestras figuras emblemáticas e inspiradoras son el libertador San Martín –pionero en la lucha por la unidad latinoamericana- y Ernesto Guevara.”

QUE LO SEPA TODO EL PUEBLO

“Es necesario diseminar los efectos de esta ley a todo el pueblo”, dice  Mirta Acuña de Baravalle, líder de las Madres de la Plaza de Mayo Línea Fundadora.

“La gente puede creer que la ley es para delincuentes y no se entienda su significado real. De hecho, ya tenemos que empezar a defendernos de un Estado que es capaz de implementar esa ley”, asegura Mirta y explica que “tenemos que prevenir para no llorar después. Honestamente, desde el momento que salió esa ley, yo pensé en lo terrible de sus consecuencias.”