viernes, 23 de enero de 2015

Marx habla sobre los 25 años de la Caída del Muro de Berlín.

MARCELO COLUSSI


MARCELO COLUSSI

No puedo dar los detalles precisos, sino simplemente hacer saber que recibí esta carta. Con mi pobre alemán me permití hacer la traducción, y como creo que esto es muy importante, hago circular el texto de marras en su versión española.


Trabajadores del mundo:
Las fuerzas de la derecha internacional festejan alborozadas estos 25 años de la Caída del Muro de Berlín. Pero se equivocan. ¿Qué festejan en realidad? ¿El fin del socialismo?
La historia, contrariamente a como dijo ese apologista del sistema de apellido Fukuyama hace algunos años atrás, no ha terminado. ¿De dónde saldría tamaño disparate? La historia continúa su paso sin que sepamos hacia dónde va. Hoy, sin temor a equivocarnos, dadas las características que ha tomado el sistema capitalista internacional, perfectamente podría estar dirigiéndose hacia la aniquilación de la especie humana, dado el afán de lucro imparable que lo alimenta, y que bien podría llevar al holocausto termonuclear de activarse todas las armas de destrucción masiva que existen sobre la faz del planeta. O también, dado ese afán insaciable de obtención de ganancia que no puede eliminar, a la destrucción del planeta por el consumo irracional que se está llevando a cabo.
Las fuerzas de la derecha cantan victoriosas su supuesto triunfo, pero en realidad no hay ningún triunfo. Como escribí alguna vez en mis años mozos, siendo discípulo del Profesor Hegel: el amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados.
¿Qué quise decir en su momento con esta frase, algo enigmática quizá, antes de ponerme a estudiar economía política para luego redactar el Tomo I de El Capital? Pues no es nada complicado: aparentemente el sistema capitalista “triunfó” de manera inexorable sobre las experiencias socialistas que se estaban construyendo, siendo la demostración palpable de ello la caída de este muro de la que ahora se cumplen 25 años. Supuestamente, según la fanfarria con que esa derecha presenta las cosas, la misma población alemana del este, “sojuzgada” por el yugo socialista, habría derrumbado el tal muro para “liberarse” y acceder a las bondades del capitalismo. ¡Pamplinas! Puras pamplinas, estupideces con que los actuales medios masivos de comunicación presentan las cosas.
En realidad lo que esta derecha, por ahora ganadora, festeja es que el Amo, para tomar la metáfora hegeliana (léase: la clase capitalista) alejó por un tiempo el fantasma que la persigue (la clase trabajadora y la posibilidad que alguna vez la misma se organice, abra los ojos y la expropie, tal como pasó varias veces durante el siglo XX, en Rusia, en China, en Cuba). Es decir: la clase por ahora dominante (industriales, banqueros, terratenientes) sabe que está sentada sobre un barril de pólvora; sabe que los trabajadores del mundo (obreros industriales urbanos –que fue lo que yo más estudié en su momento–, campesinos, trabajadores explotados de toda índole, sub-ocupados y desocupados –lo que yo en otro tiempo llamé Lumpenproletariät, es decir: población excluida y marginalizada) en algún momento van a explotar.
La historia de la humanidad, y también la historia del capitalismo, se los muestra. Las clases oprimidas aguantan (porque no tienen otra alternativa, porque están sojuzgadas, reprimidas brutalmente a veces, manipuladas en otras ocasiones). Aguantan hasta que, llegado a un punto de la acumulación de contradicciones, estalla un período de violencia revolucionaria, transformándose las relaciones de poder, pasando la propiedad de los medios de producción de una clase a otra. Esto la derecha lo sabe. Sabe muy claramente que la propiedad privada de esos medios es un saqueo legalizado; sabe con precisión milimétrica que no puede dejar ni por un segundo de cuidar esa propiedad, asentado en una explotación inmisericorde. Sabe que si se descuida, si deja de proteger a capa y espada sus privilegios, las grandes mayorías excluidas se levantan. Por eso, día a día, minuto a minuto, no dejan de controlar y evitar que los trabajadores se organicen, piensen, conozcan la verdadera realidad. Por eso los embrutecen con dádivas: es decir, el viejo pan y circo de los romanos.
Pero esa derecha sabe que el barril de pólvora sobre el que está sentada puede explotar, lo cual significaría perder sus privilegios de clase. De hecho, eso ya sucedió varias veces el siglo pasado. Por eso mismo, ante el retroceso que sufrió el primer Estado obrero del mundo, la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las fuerzas de la derecha cantaron victoria, mostrando el derribamiento del Muro de Berlín como la caída de las ideas socialistas. Dicho de otra manera: como están tan aterrorizados con la posibilidad que los trabajadores reaccionen alguna vez, se permitieron mostrar ese incidente como el fracaso inexorable de las ideas socialistas. Pero ello no es sino una demostración del pavor que sienten a ser expropiados. De ahí que lo presenten como un triunfo apoteósico y que cierra de una vez la historia.
No hay dudas que con la involución que sufrieron las primeras experiencias socialistas del mundo (la Unión Soviética se desintegró, China se abrió al mercado capitalista, Cuba quedó flotando en el aire como pudo), el capitalismo internacional avanzó groseramente sobre las conquistas de los trabajadores obtenidas a fuerza de sacrificio en décadas y décadas de lucha. Por eso ahora ese sistema, que se autopresenta como ganador y única salida posible, se permite explotar más aún que hace un siglo atrás. Hoy día se perdieron conquistas sindicales, se hacen contratos sin prestaciones laborales, no se respeta la jornada laboral de ocho horas, se expolia sin la menor pudicia y se entroniza la figura del “ganador”.
No hay dudas, para tratar de concluir la referida cita que hice más arriba, que el sistema sabe que ya le va a llegar el turno, que su cabeza, igual que la del monarca francés en 1789, rodará por el polvo. Por eso festeja este triunfo parcial –que, sin dudas, hizo retroceder mucho al campo popular en estos últimos años– como un triunfo absoluto, queriendo presentar las cosas como que con el Muro de Berlín derribado terminó la explotación, y por tanto el ideal revolucionario socialista de transformación social.
Pero los trabajadores del mundo siguen siendo explotados, más que antes incluso, apaleados, reprimidos. ¿Por qué no habrían de reaccionar? Tal vez hoy día, hay que reconocerlo, los partidos comunistas están un tanto despistados. Mis ideas –que, en realidad, no son mías, sino producto de una reflexión científica (¡no digan “marxismo” sino materialismo histórico!)– se han querido presentar como anticuadas, fracasadas, “pasadas de moda”. Nada más contrario a la verdad.
Mientras siga la explotación en el mundo (y esa es la esencia del sistema capitalista) habrá quien proteste, quien alce la voz, quien busque organizarse para cambiar la situación. Que hoy día esa organización y los programas políticos al respecto estén golpeados, es una cosa. Pero pretender que se esfumaron, que los explotados quedarán contentos y felices con su condición de tales, que las injusticias cesaron porque el sistema ganó esta batalla, es un craso error.
No hay que olvidar que el capitalismo, como proyecto económico-político, comenzó a surgir en los siglos XII y XIII, allá en la Liga de Hansen, y demoró varias centurias hasta poder tomar mayoría de edad constituyéndose en sistema dominante, casi a fines del siglo XVIII, tanto en Francia e Inglaterra como en los nacientes Estados Unidos de América. Las experiencias socialistas no tienen ni 100 años de vida. ¡No olvidarlo! Cantar victoria porque se ganó una batalla es de mal guerrero. Lo único que demuestra es que sí, efectivamente, ese Amo tiembla porque sabe que ya le va a llegar su guillotina…, aunque en este momento se sienta ganador.
Los 25 años que ahora se pretenden festejar no son sino una demostración que el sistema capitalista no tiene salida. Se festeja el triunfo de la explotación y la injusticia. Si el sistema tuviera “responsabilidad social empresarial”, como parece que ahora se puso de moda decir, debería echarse a llorar por el descalabro absoluto que ha creado. Para decirlo sólo con dos ejemplos, lapidarios y terminantes por cierto: en estos momentos –créanme que sigo muy de cerca estos acontecimientos y estoy perfectamente informado– la humanidad produce un 45% más de los alimentos necesarios para nutrir a los 7.300 millones de almas que pueblan el mundo, y vergonzosamente la principal causa de muerte sigue siendo nada más y nada menos que ¡el hambre! ¡Infame!, no caben dudas. Y para terminar: la principal actividad de la especie humana, la que más ganancias genera desde el punto de vista capitalista, la vanguardia de la ciencia y de la técnica es la producción de armamentos. Es decir: la defensa a muerte de los privilegios de algunos. ¡Más patético todavía!
Por tanto, camaradas, los insto a que no nos dejemos confundir por estos cantos de sirena: la derecha no festeja un triunfo sino que sigue estando en guerra, y con miedo, porque sabe que los trabajadores, tarde o temprano, reaccionaremos.
Hoy, como hace un siglo y medio, la consigna no es lamentarse por la paliza recibida recientemente ni quedarse embobados viendo la televisión. Sigue siendo como escribí con Federico en 1848: “No hay nada que perder más que las cadenas. Por tanto: ¡unios!
Marcelo Colussi

El fin del matrimonio.

MATRIMONIO EN CRISIS



(AW) A pesar de que Holywood siga mostrando comedias románticas cuyo final feliz es la unión monogamica, la institución matrimonio está en crisis, cuestionada por su raigambre patriarcal, queda desdibujada ante la mayor libertad sexual y el florecimiento de géneros que escapan a la lógica binaria varón mujer
.crisis matrimonio
¿Cuánto tiempo le queda al matrimonio como institución?

Marcelo Coluss

Amigos con derechos, aminovios, parejas abiertas, matrimonios homosexuales…, a lo que podría agregarse, quizá con otro estatuto sociológico pero igualmente "inquietante" para una visión tradicional: sexo cibernético, relaciones en el espacio virtual, ¿muñecas y/o muñecos inflables de silicón?, etc., etc. Todo esto es nuevo, y aún sigue produciendo mucho escozor a las visiones conservadoras. Pero ahí están, tocando la puerta de nuestras atribuladas sociedades. 
"Adán y Eva y ¡no Adán y Esteban!", vociferaba un predicador evangélico, Biblia en mano. De todos modos el campo de la sexualidad y las relaciones afectivas en su sentido amplio siguen siendo –no hay otra alternativa parece– el doloroso talón de Aquiles de lo humano. ¿Por qué, indefectiblemente, en toda cultura y todo momento histórico, se ocultan las "zonas pudendas"? Pero, ¿por qué son pudendas?, justamente. ¿Por qué toda la construcción en torno a esto es tan pero tan problemática? El psicoanálisis nos da la pista (no queremos saber nada de la incompletud, de la falta, por eso tapamos los órganos que nos ¿avergüenzan?, porque descubren que estamos en una carencia original: no podemos ser al mismo tiempo todo, machos y hembras), aunque se prefiera una psicología de la felicidad que nos otorgue manuales y fórmulas de autoayuda para ¿triunfar en la vida? y asegurar el "amor eterno" (que, en realidad, no dura mucho). Resaltar la incompletud no es muy grato que digamos; mantener la ilusión de la completud obviando el conflicto a la base, es mucho más gratificante. Las religiones, en general, no dicen algo muy distinto a esta psicología de la buena voluntad. Por eso todavía siguen ocupando un importante lugar en la dinámica humana. Y la gente, aunque luego se separe, sigue cumpliendo con el rito del matrimonio, en una amplia mayoría de casos, en una iglesia, colocándose un anillo y jurándose fidelidad.
Si bien la "infidelidad" –mejor llamada, con más propiedad científica, relación extramatrimonial– es una práctica tan vieja como el mundo (de ahí el décimo mandamiento de la tradición cristiana, que indica "no codiciar la mujer ajena" –machismo mediante, por supuesto: las mujeres no tienen dueño–), el matrimonio monogámico y heterosexual, al menos en Occidente, se sigue levantando como un paradigma y sinónimo de normalidad. A lo que podría sumarse, como obligado complemento, aquello de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago". El matrimonio tiene mucho que ver con todo esto: hay transgresiones por todos lados, hace agua, pesa. A veces agobia. En otros términos: es como cualquier institución. No es una determinante natural; no tiene que ver con ningún instinto biológico. Es un código, una construcción histórica.
Sin dudas, una construcción socio-cultural más: ni tan "normal" ni tan "sana" en sí misma. Construcción, posicionamiento, no más que eso al fin de cuentas, pues en la historia y en diversas modalidades civilizatorias puede encontrarse la monogamia tanto como la poligamia. Y justamente por el machismo patriarcal que mencionábamos, muy raramente la poliandria. Si mantenemos la neutralidad científica y no consideramos el mundo sólo desde lo visceral, lo ideológico cerrado, rápidamente tenemos que agregar que ninguna construcción es más "normal" ni "sana" que otra.
Como un dato con algo de "perturbador" (al menos para la conciencia tradicionalista y reaccionaria) que no puede dejarse pasar inadvertido, valga considerar este ejemplo: en la ciudad de Guatemala, Centroamérica (capital de un país conservador desde el punto de vista ético, declaradamente cristiano –pero con un porcentaje de abortos de los más altos de Latinoamérica, por supuesto clandestinos–), en la última década la cantidad de travestis que ofrecen sus servicios en las calles aumentó en un 1.000%. ¿Cómo leer el fenómeno? ¿Se vuelve más "degenerada" la sociedad, o se permite externar más algo que estaba latente desde siempre? Considérese que quienes demandan el servicio son siempre varones (¿heterosexuales y monogámicos?). Si subió tanto la oferta, es porque hay demanda, nos podrían decir los mercadólogos. Esto de ser ¡puro macho! habría que empezar a ponerlo en cuestión. Lo cual ayudaría a repensar críticamente –para buscarle alternativas, claro está– la institución matrimonial.
Según investigaciones recientes aproximadamente un 50% de matrimonios en el mundo se disuelven. Podemos tomar el dato con pinzas (como todo dato en el campo de la investigación social), pero no cabe ninguna duda que hay una tendencia fuerte que no puede desconocerse. Esta tendencia –ahí está lo importante a considerar– nos habla de algo: el matrimonio es una institución en crisis. En todo caso, la modernidad de nuestros días posibilita poner sobre la mesa sin tanto problema cuestiones que recorren la historia, anteriormente no dichas, hoy ya más visibilizadas. 
Si se echa una mirada histórica a esa tendencia se descubre que la misma, en estas últimas décadas, ha presentado como diferencia básica el hecho de mostrarse en forma pública sin mayores problemas; pero ha estado presente en las sociedades desde tiempos inmemoriales. En cualquier cultura, y en toda época, el matrimonio, en tanto institución, ha evidenciado signos de, por lo menos, debilidad. Quizá ahora, sin que el mundo sea un paraíso precisamente, pero con una mayor permisibilidad para ciertos temas, se puede hablar con más libertad sobre esta tendencia (por eso, seguramente, esa mayor presencia de travestis en las calles guatemaltecas. Y de moteles…, que se llenan de "transgresores"). Cada día más, por otro lado, legislaciones de distintos países aceptan el divorcio como un mecanismo social legítimo. La crisis, parece que llegó para quedarse; ahora ya es tema obligado de conversación. Es un hecho político, sin más.
Por supuesto que es un tema controversial y se puede estar furiosamente en contra de esa dinámica, pero la realidad es dura y obstinada, y aunque desde posiciones ideológicas conservadoras se levante un determinado discurso, la realidad puede ir por otro lado (así suelen ser las cosas, por lo demás). Para muestra (una entre tantas, las hay por miles), el discurso moralista de la Iglesia católica: se fustiga la homosexualidad por pecaminosa, pero una parte nada desdeñable de sus pastores tienen juicios por pederastía. ¿Eso es lo "sano" y "normal", el doble discurso, la hipocresía, la mentira institucionalizada? Evidentemente la psicología de la buena voluntad y la apelación a valores de "buenos" y "malos" (los "malos", por supuesto, siempre son los otros) no alcanzan para entender el fenómeno en cuestión, mucho menos para plantearle alternativas.
La institución del matrimonio va acompañada y se inscribe en otra formación social tal como el patriarcado, el primado del varón sobre la mujer (se es la "mujer de"; el cinturón de castidad, aunque no se use de hecho, no salió de nuestras mentalidades, la mujer es propiedad varonil, igual que una vaca o una gallina), modalidad cultural que, sin poder decir que esté en absoluto proceso de crítica y de retirada de la escena, al menos comienza también –muy tibiamente todavía– a ser cuestionada. En este marco general, entonces, debe entenderse el matrimonio como el dispositivo social que permite/asegura la perpetuación de la especie, de la propia cultura, y de la propiedad privada. Es la célula social que sirve para reproducir el sistema vigente.
Todas las sociedades son conservadoras (para eso existen justamente: para conservarse a sí mismas, asegurando los logros históricos que han ido consiguiendo en el nunca terminado proceso civilizatorio); todas las sociedades, hasta ahora, en mayor o menor grado son machistas, patriarcales. El ejercicio del poder, al menos hasta ahora, está concebido en términos masculinos (los que mandan siempre llevan un cetro de mando, representación fálica por excelencia… –¡hasta el Papa!, que hizo votos de castidad!–). El matrimonio, en tanto célula primordial de las sociedades, es por tanto conservador,machistapatriarcal. Y si se quiere decir de otro modo: es un ejercicio de poder.
En algunas sociedades, incluso, taxativamente está estipulado que el varón puede disponer de varias mujeres –en el Islam por ejemplo– mientras que en Occidente la bigamia es delito…, pero se tolera (al menos para el "macho") una determinada cuota de "infidelidad", de "canitas al aire". Hoy día, incluso, podría decirse que también comienza a abrirse el campo para las mujeres, pues por las calles ofrecen sus servicios no sólo prostitutas (mujeres públicas) sino prostitutos.
El matrimonio implica un contrato social, un ordenamiento legal. Ambas partes firman y se comprometen, tal como se hace en cualquier contrato civil, a cumplir con la letra pequeña del texto, esa que nadie lee. El deseo, de todos modos (aquello que quiere normar el décimo mandamiento) no se puede legalizar. Como arreglo establecido, entonces, en tanto institución, el matrimonio es producto de un acuerdo, de un convenio; por tanto, también sujeto a evolución en el tiempo (siempre las legislaciones van a la zaga de los hechos consumados; se transforma en ley lo que ya existe de hecho como práctica consuetudinaria).
Hasta ahora el matrimonio, con deficiencias intrínsecas insalvables (la "infidelidad" es tan vieja como el mundo y todo indicaría que no hay vacuna efectiva que lo evite. Los dioses griegos del Olimpo, muy humanos por cierto, también tenían este tipo de relaciones) ha venido cumpliendo su cometido: reproducir la especie y la sociedad. Y seguramente pueda seguir cumpliéndolo, aún con sus nuevas variables: matrimonios homosexuales por ejemplo, que si bien no reproducen biológicamente, sí pueden adoptar hijos y criarlos. Lo cierto es que, a partir de esta crisis que ahora se patentiza, pero seguramente presente en toda su historia, el matrimonio nos abre preguntas que ya no podemos seguir evadiendo.
Por cierto que, como institución, no se nutre necesariamente del amor que se jura en un altar hasta que la muerte separe a sus partes ("el amor eterno dura… ¿cuánto tiempo?"); muchos matrimonios (si se conocieran los datos reales sin dudas caeríamos de espaldas) se mantienen por otras circunstancias, muy alejadas por cierto del enamoramiento entre sus cónyuges: conveniencia y/o necesidad social. Una vez más: somos conservadores, ese es nuestro sino humano. Y ni qué decir de la cantidad de matrimonios armados a espaldas de sus miembros, más aún de la mujer, sólo para mantener/conservar/afianzar conveniencias económicas y/o políticas. Fenómeno, por cierto, que se repite tanto en sectores pobres como en la llamada "alta" (¿?) sociedad. Evidentemente, el amor existe (sin dudas es de las cosas más extraordinarias de la vida… ¡y ojalá fuera eterno!), pero en la vida no queda mucho espacio para el amor. Aunque sí para el matrimonio.
En sí misma, tal como está planteada en su estructura, la institución matrimonial lleva implícita la posibilidad de la transgresión a la promesa de fidelidad –cosa, por lo demás, muy habitual–. Algunos estudios de opinión de los tantos que circulan por ahí respecto a este tema refieren que el porcentaje de varones con relaciones extra-matrimoniales no es tan desmedidamente más alto que el de las mujeres con "canitas al aire": 60% contra un 35/40% –dato a tomar con cuidado, pero que hay que leer e interpretar adecuadamente: el deseo no es patrimonio varonil–.
De todos modos, en tanto institución conservadora, el matrimonio va más allá de estas circunstancias "domésticas", intentando erigirse como un valor ético en sí mismo –cerrando los ojos, tolerando, dejando pasar "pecadillos" ocultos–. Para la tradición occidental y cristiana, se lo pone como un punto de la máxima aspiración, un valor casi supremo en orden a la construcción social. No hay que dejar de considerar que muchas parejas no se separan porque el peso de la tradición y la presión social son excesivamente grandes. Las excusas del caso pueden ser variadas (los hijos, las habladurías de las familias, la tradición conservadora), aunque pareciera que el peso de todo eso sigue siendo muy grande. De todos modos, algo evidencia que está comenzando a fisurarse, porque ya son numerosos los países que han optado por legalizar la ruptura de ese contrato matrimonial. El divorcio legal –legalizando una práctica que se da muy habitualmente en la cotidianeidad– avanza. Así como avanzan otros temas hasta ayer tabú: la legalización del aborto no terapéutico, el matrimonio homosexual, la eutanasia, la legalización de ciertas drogas.
Todo lo dicho, entonces, es lo que abre el cuestionamiento: si está siempre en posibilidad de ser transgredido (las relaciones –y los hijos– extramatrimoniales son un hecho incontrastable); si no asegura el enamoramiento de sus partes; si conlleva todo el peso de la rutina y la formalidad de cualquier institución: ¿por qué se mantiene el matrimonio?
Dar una respuesta convincente a esta pregunta implica largos desarrollos sociales, psicológicos, políticos, ideológicos, que exceden las posibilidades de un pequeño texto como el presente (pero que, no obstante, invitan a emprenderlos).
Acompañando esas reflexiones –y he ahí probablemente lo más rico que disparan estas preguntas– queda la interrogante: si el matrimonio está en crisis, ¿con qué reemplazarlo entonces?

jueves, 22 de enero de 2015

La muerte del fiscal Alberto Nismam por Gabriela Pousa.

Una muerte y dos alternativas: uno o millones de entierros


- Por Gabriela Pousa –
La muerte del fiscal Alberto Nismam horas antes de presentarse en el Congreso a denunciar el encubrimiento del gobierno para separar a los iraníes de la Causa AMIA, deja mucha tela para cortar. El análisis puede hacerse desde diferentes vértices y perspectivas pero, antes o después, las conclusiones no difieren.
Veamos: ¿Por qué no creer la versión oficial? En primer lugar porque el oficialismo basó su gestión en la sistematización de la mentira y el relato alejado de la realidad. Después de más de una década, creer a ciegas en ese tipo de gobierno, dejaría en evidencia una ciudadanía enferma.
Si bien, la sanidad del pueblo puede no ser total, hay síntomas de hartazgo que aunque no cambien sustancialmente lo que pasa, generan algún atisbo de esperanza y salubridad. El asunto será entonces fortalecer esa memoria, siempre parcial, que nos determina como sociedad.
El juez Carlos Fayt dijo alguna vez que “los hechos son sagrados” y es verdad. No se puede tapar el sol con la mano. Y el hecho es que después de 3 días no se sabe aún si la muerte de Nisman se trató de un suicidio o un asesinato. Seamos serios: ¿en cuántos países sucede esto?
Con el avance de la medicina, de la tecnología, etc., ¿no puede saberse cómo murió una persona teniendo el cuerpo para realizarle estudios y autopsias? De ser así, deberíamos dejar de hablar de país y de crecimiento.
Por otro lado, ¿desde cuándo es la conveniencia de un gobierno quién elige la causa de muerte, y sale a propagarla y venderla sin escrúpulos y sin pruebas? Ni el kirchnerismo ni el pueblo pueden establecer qué pasó en el departamento de la calle Azucena Villaflor de Puerto Madero. Es la ciencia y la evidencia quienes deben arrojan datos a partir de los cuales pueda inferirse lo sucedido allí adentro.
Hoy somos millones de Sherlock Holmes tratando de descubrir un asesino porque a simple vista motivo para un suicidio no había. Es verdad que nadie va por ahí contando que va a quitarse la vida, pero cuando hay un fin que se persigue con ahínco, cuando hay proyectos, cuando va a concretarse la entronización del ego, y puede uno convertirse en héroe de una sociedad sin ellos, lo menos probable es optar por pegarse un tiro y dejar truncó todo aquello.
Y si acaso lo hizo, la mente humana es un enigma infinito, también es lícito no creer que así haya sucedido pues, del otro lado de la vereda se halla una Presidente y su imperiosa necesidad de acallar a quién iba a dejarla al desnudo frente al “todos y todas” que dice representar.
En este comienzo de 2015 es menester sincerarse: Cristina Fernández de Kirchner ya no representa a la mayoría de los argentinos aún cuando siga teniendo la banda y el cetro. Todo lo que le ha quedado de jefe de Estado son los símbolos y una inacabable capacidad de daño.
Pero además de de la falta de credibilidad que tiene la dirigencia en general y la mandataria en particular, las irregularidades en torno a los hechos son de una contundencia sideral.
Hay un Secretario de Justicia, Sergio Berni, que cuenta una fábula a la cual es imposible dar crédito. Estuvo una hora o más en casa de un hombre clave para el futuro político nacional, que yacía con un arma en el suelo sin saber a ciencia cierta si estaba vivo o muerto. De ser así, mínimamente debe ser acusado de abandono de persona o de incumplimiento de funcionario público por lo menos.
Por otra parte, el cuerpo llegó a la morgue desnudo y bañado en sangre cuando apenas se habla de una bala con orificio de entrada. ¿Qué se hizo con la ropa del occiso? ¿Cuánta sangre se derrama al perforarse la sien con una bala?
La prueba de dermo test y barrido electrónico dio negativo. “Puede pasar”, dicen algunos expertos. ¡Vaya casualidad que la excepción sé de justo acá!
La puerta cerrada desde adentro terminó siendo una puerta abierta por donde pudo entrar y salir cualquiera. ¿Se olvidaron el libreto para el cerrajero? ¿Y dónde estaban los diez custodios que debían velar por la seguridad del muerto?
Si un fiscal, en un momento clave y decisivo, puede aparecer de esta forma envuelto en misterio, ¿qué esperar para un simple testigo de un delito o un ilícito? De dejar estos interrogantes sin respuesta, se volverá inexorablemente al nefasto “no te metas” que signó otras épocas de nuestra historia, trastocada a gusto y piaccere del gobierno. Falta que el Canciller salga y diga “Algo habrá hecho
La angustia es general, la inquietud amenaza con paralizar nuevamente a la sociedad, el miedo es manipulado por los artífices del marketing oficial para que, presos de éste, nadie hable ni se manifieste.
No se le está dando el gusto. “El pueblo quiere saber de qué se trata”. Es correcto. Pero ese querer saberlo debe permanecer inalterable hasta que la última duda y pregunta sea saciada por quienes deben hacerlo.
Si se cede, si se bajan los brazos, si no se exige verdades sin disfraz ni maquillaje, no será sólo Alberto Nisman quién termine en el cementerio. Todos lo acompañaremos, y cuan triste será descubrir que somos nosotros mismos nuestros sepultureros.
Gabriela Pousa
IMG_5773.JPG
- See more at: http://www.perspectivaspoliticas.info/una-muerte-y-dos-alternativas-uno-o-millones-de-entierros/#sthash.kNJELO5C.dpuf

martes, 20 de enero de 2015

Los Pilares que sostienen al Estado de Israel .

INTERNACIONAL


Los Pilares que sostienen al Estado de Israel 
(AW) “Israel es el último régimen colonialista que tenemos”, es la sentencia que Nurit Peled, lanza con la seguridad de su experiencia personal y como escritora y licenciada en letras. Sigue una interesante entrevista realizada en las afueras de Jerusalem.
CAM 0254 640x480 249x187


Fue fácil perderse en el barrio residencial ubicado a las fueras de Jerusalén, donde todas las casas tienen la misma fachada y las numeraciones están en hebreo, pero la paciencia pedagógica de Nurit Peled ayudó a que encontremos su hogar (1), diferenciado de las demás viviendas por una calcomanía con los colores de la bandera palestina y el lema “fin de la ocupación”.

Con el pelo revuelto y una sonrisa melancólica, la profesora que dicta Educación del Lenguaje en la Universidad de Tel Aviv, nos invita a pasar a la sala de estar, decorada con sencillez y buen gusto, pero que también a través de las fotos el pasado convive con el presente. Entre las fotos hay una que nos va acompañar durante toda la entrevista, se encuentra alejada de las demás. Es la de su hija, que a los catorce años en 1997, murió en un atentado suicida adjudicado por Hamas. Desde el primer momento, Peled culpó al Estado de israelí como el principal responsable.

-¿Cómo se representan a los palestinos en los textos escolares?
- la representación es totalmente racista y compatible con la concepción general que tienen los israelíes. Se los presenta como un grupo enemigo con diferencias biológicas, las imágenes son estereotipadas y presentadas como un problema. Esto también se ve en los medios de comunicación, en los discursos políticos y en la sociedad en general.
- ¿Puede dar algún ejemplo de racismo que se encuentren en los libros de texto?
- Los palestinos no aparecen como seres humanos normales, siempre se los muestra como terroristas, refugiados o campesinos primitivos. Eso es todo lo que aprenden los chicos, que no tienen contacto con los palestinos de su edad. Estas representaciones contribuyen a la propaganda sionista que dice que ésta es nuestra tierra, entonces el palestino pasa a ser un extranjero que tiene que ser eliminado.
- ¿Cómo reacciona la sociedad israelí ante sus libros?
- De forma negativa, no toman mis estudios en serio. La mayoría de las investigaciones son comparativas y se limitan a contar cuantas veces aparece la palabra Nakba (catástrofe en árabe, hace alusión a la construcción del Estado israelí en Palestina). Por ejemplo, en algunos libros de textos se hablan de las masacres a los palestinos, pero al finalizar el capítulo los chicos aprenden que fueron necesarias para que exista un Estado con mayoría judía. Que se hable de las masacres sin analizar la retórica que está detrás no me parece que sea un progreso. De ahí surgen los argumentos que legitiman las masacres actuales en Gaza. No hay empatía.
- ¿Por qué se le ocurrió analizar los textos escolares?
- Bueno, es parte de mi trabajo, empecé estudiando la ideología en la educación y quería hacer una investigación de los discursos en los textos escolares y cómo se transmite la ideología de una manera científica. Pero este es sólo el comienzo, hay mucha discriminación a los judíos de países árabes en Israel.
- ¿Por qué son discriminados?
- El grupo que gobierna Israel es originario de Europa del este y quieren mantener su hegemonía. El gobierno trae a personas de Etiopía al país, pero después los tratan como basuras, les dicen que no son judíos y que se tienen que convertir, volver a circuncidarse. En los libros escolares se muestran a los judíos de todo el mundo unidos, pero sólo leen sobre Europa, no sobre medio oriente ni sobre los judíos que viven acá y vienen de países árabes. Eso es porque se estudia el sufrimiento del pueblo judío en los pogroms y el holocausto. El sistema educativo quiere que los chicos crean que en todo el mundo se sufrió el holocausto, pero si leen sobre los judíos en Marruecos o en Iraq van a ver que vivían bien, tenían restricciones, pero no sufrieron masacrase ni hubo un holocausto. Hay mucha discriminación, pero la diferencia es que a los palestinos los matan y a los judíos no, aunque algunos etíopes se suicidan.
- ¿Por qué piensa que el país es racista?
- Creo que el racismo es algo europeo. No es algo de medio oriente, los otomanos no eran racistas. El antisemitismo y el racismo son invenciones europeas, es el resultado de las políticas colonialistas y la política israelí es europea.
- ¿Existe alguna similitud entre las políticas nazis y las del Estado israelí?
- Se puede comparar una nación racista con otra igual, pero como no tenemos campos de concentración ni cámaras de gas perdiste la discusión. Claramente Israel es un estado totalitario, la democracia es sólo para los judíos, entonces se pueden encontrar similitudes con todos los regímenes totalitarios, no solo con los nazis. Hay gente que desaparece, que por años la familia no sabe dónde está detenida, entonces, ¿somos Argentina? Creo que es un régimen colonialista, el peor que puedan imaginarse.
- ¿Qué creé que va a pasar en el futuro?
- Espero que esto termine, pero no lo creo. Cada vez las cosas están peor, la ocupación corrompe a todos y los que gobiernan son criminales. Norteamérica también está cada vez peor y estamos en el mismo mercado, mientras existan personas que se enriquezcan con lo que pasa, la situación va a seguir empeorando.
(1) La entrevista fue realizada con dos compañeros en el marco de la realización de un documental.

lunes, 19 de enero de 2015

Nisman:una muerte inquietante.

Aproximación a una muerte inquietante



Aproximación a una muerte inquietante

"Si el kirchnerismo actuó con brutalidad, la oposición pecó de somnolencia. Su interminable modorra no es culpa K. ¿Por qué toleró tanta demasía?" Oscar Muiño

Amanecí, como todos, con la terrible noticia de la muerte de Alberto Nisman, el Fiscal a cargo de la investigación del atentado -veinte años atrás- contra la AMIA y que, casualmente, había denunciado a Cristina Kirchner, Héctor Timerman, Luis D'Elía, Fernando Esteche y algunos agentes de inteligencia por complotar para entregar atada de pies y manos a la Justicia argentina a Irán, país acusado de la autoría.

Que esa muerte se haya producido a los cuatro días de haber formulado la imputación más grave de la vida institucional de la Argentina, ya que involucra a la Presidente en ejercicio y a su Canciller, la transforma en un magnicidio.

Los miembros de este siniestro gobierno que hemos sabido conseguir son torpes, de una torpeza que raya en la imbecilidad, y durante muchos años se ha especializado en pegarse tiros en el pie. Hoy, esto se ha comprobado y la calle, la sociedad entera, lo ha entendido. A horas del descubrimiento del cadáver, sólo puedo afirmar dos extremos: el Gobierno es asesino (si fue algún esbirro el autor) o no supo cuidar al Fiscal más amenazado de la historia.

Porque todas las dudas, obviamente, caben. Los funcionarios del primer escalón del Estado, y los cretinos -tipo Víctor Hugo Morales- que propalan la palabra oficial, pretenden cerrar rápidamente la cuestión asegurando que se trató de un suicidio, cometido ante la inminencia de un enorme papelón en la Cámara de Diputados; sin embargo, nadie lo cree y, cualquiera fuera la causa verdadera de la muerte, incluido el suicidio "inducido", será la actual ocupante de la Casa Rosada -que, mientras el escándalo crece, sigue manteniendo un estruendoso silencio- la encargada de pagar esta enorme cuenta.

En una Argentina que ha sido incapaz de descubrir en tantos años a los autores verdaderos de los criminales atentados de la Embajada de Israel y de la AMIA, y de todas las muertes sospechosas durante la presidencia de Menem, la sociedad no confía en la Justicia, en especial después del intento de "democratizarla", de las maniobras de Gils Carbó para coparla y la obvia comparación con Francia, que pudo identificar y abatir a los responsables de los asesinatos en Charlie Hebdo en menos de 48 horas. Menos aún cree en la honestidad y profesionalismo de los organismos encargados de investigar, se llamen SI, SIE, Gendarmería o policías varias; baste con recordar que de una base militar desapareció ahora un misil, capaz de perforar cualquier blindaje.

Desde mi punto de vista, cualquiera sea el resultado de la autopsia que se está realizando en este mismo momento, la muerte de Nisman no hace más que confirmar mis peores pronósticos, porque ya no bastará con comprar cascos sino que ahora, como se ve, también deberemos adquirir chalecos antibalas.


Bs.As., 19 Ene 15

domingo, 18 de enero de 2015

LA HETEROSEXUALIDAD ES UNA CONSTRUCCIÓN POLITICA. Un invento del hembrismo lésbico.

VARONES Y FEMINISMOS



(AW) Durante el  Tercer Encuentro Nacional del Colectivo de Varones Antipatriarcales, sesionó un panel abierto Varones y feminismos: de lo irreconciliable a lo posible”, apoyaron el aborto, condenaron la heterosexualidad obligatoria y pensaron el feminismo como un movimiento político amplio, que no solo concierne a las mujeres.
varones y feminismos3
Sobre feminismos, o la deconstrucción de la subjetividad propia Por ANRed - Monday, Dec. 01, 2014 at 9:35 AM  
El panel abierto “Varones y feminismos: de lo irreconciliable a lo posible”, realizado durante el Tercer Encuentro Nacional del Colectivo de Varones Antipatriarcales, abordó diferentes cuestionamientos sobre los feminismos, proponiendo pensar más allá de las reivindicaciones por los derechos de las mujeres. Se desarrolló el 23 de noviembre en el Centro Cultural, Social y Político Olga Vázquez (La Plata), reuniendo a Mabel Belucci, Florencia Maffeo y María Julia Constant. Las activistas encararon los debates sobre la construcción de identidades feministas múltiples y hablaron de la necesidad de que la lucha por el aborto sea conjunta. También cuestionaron la heterosexualidad obligatoria como un régimen político que debe estallar. Por ANRed "Nos parece interesante resignificar las palabras”, dice Florencia Maffeo. Habla en relación con la práctica feminista que construye Socorristas en Red, en el acompañamiento de mujeres que deciden usar misoprostol o que se lo preguntan. Maffeo, quien también integra la Colectiva Feminista Rabiosa (agrupación parte de la Mesa por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito del Oeste), se refiere así a la decisión de autodenominarse “aborteras”, para continuar quebrando los tabús en torno a esta práctica. Pero el planteo de Maffeo sobre la importancia del lenguaje puede asociarse a otra afirmación suya: que “pensar el feminismo como una cuestión sectorial, de mujeres, es no estar entendiendo el feminismo como lo que es: un movimiento político. Algo amplio”. ¿Podemos pensar, entonces, al feminismo involucrando otras identidades más allá de las mujeres, e incluso como una cuestión de varones? El panel abierto “Varones y feminismos: de lo irreconciliable a lo posible”, realizado durante el Tercer Encuentro Nacional del Colectivo de Varones Antipatriarcales, recorrió las múltiples aristas de este cuestionamiento. Se desarrolló el 23 de noviembre en el Centro Cultural, Social y Político Olga Vázquez (La Plata), reuniendo a Mabel Belucci, Florencia Maffeo y María Julia Constant. Las activistas abordaron los debates sobre la construcción de identidades feministas múltiples y hablaron de la necesidad de que la lucha por el aborto sea conjunta. También cuestionaron la heterosexualidad obligatoria como un régimen político que debe estallar. Un movimiento amplio por el aborto María Julia Constant pertenece al Colectivo Feminista Las Azucenas, que a su vez integra la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. En su exposición, la activista habló sobre la construcción política que viene realizando desde hace cuatro años la Campaña. Afirmó que al principio se percibía, “en la Campaña y en el feminismo, cierta desconfianza en la presencia de los varones; y era lógica esa desconfianza en lo que tiene que ver con el patriarcado y con las relaciones de poder”. Constant aseguró que, sin embargo, “esa desconfianza se fue transformando en confianza, porque no es que el colectivo de varones milita, activa, apoyando a las mujeres en la lucha por el derecho al aborto. Yo lo que siento es que son parte integrante de la Campaña, en esta lucha por poder decidir y en esta lucha antipatriarcal. No es que nos apoyan ni nos acompañan: los varones son parte de esta lucha”. Este espacio en La Plata está integrado desde su comienzo por Las Azucenas, el Colectivo de Varones Antipatriarcales y el espacio de Género del Frente Popular Darío Santillán, y este año se sumaron más de cinco organizaciones. En relación con esto, para Maffeo “no es solamente una práctica médica el aborto: el aborto es poner en discusión un núcleo duro del patriarcado, que es la decisión sobre el propio cuerpo”. Afirmó que lo que se discute en este debate es la autonomía. “A los varones no se les obliga a hacer absolutamente nada con su cuerpo, no hay ninguna ley que diga qué tienen que hacer o dejar de hacer con su cuerpo, y a nosotras, sí”, señaló. Constant afirmó que desde la Campaña tienen “muy claro que la lucha por el derecho al aborto tiene que estar en la calle, y que tiene que ser un movimiento muy amplio, sin sectarismos, para poder lograrlo”. Aseguró que esa claridad del objetivo fue lo que les permitió continuar fortaleciendo el espacio, al que este año se incorporaron las organizaciones Mumalá, Patria Grande, Insurrectas, la FULP y el GEN, entre otras. A nivel nacional, las organizaciones que integran la Campaña son más de 300. Como cierre de su exposición, Constant destacó: “Quería marcar la importancia histórica que tiene el colectivo de varones en la lucha por el derecho al aborto”. “La heterosexualidad es un régimen que mata” “El gran nudo opresor, aparte del capitalismo, es la heterosexualidad como régimen político”, dijo Mabel Bellucci, quien afirmó tomar este planteo, de las ideas de la filósofa y poeta Monique Wittig. Belucci, activista feminista queer y periodista, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, afirmó que el punto de convergencia entre todas las identidades feministas debe ser la lucha “contra el machismo hegemónico, contra la heterosexualidad como régimen político”. En este sentido, dijo Maffeo: “Heterosexual no se nace. Es una construcción política, y me parece que muchas veces suponemos que todos y todas somos heterosexuales, y no. Algunas no somos heterosexuales, algunos no somos heterosexuales. Y eso también está incluido en la construcción identitaria de los feminismos”. La activista afirmó que como parte de la militancia, “hay que empezar a deshacer todas estas cuestiones, discutir con compañeras y compañeros trans: discutir la disidencia sexual” y de género. Profundizando en su idea, Bellucci dijo que “la heterosexualidad como régimen político, es la que mata por ser lesbofóbica, homofóbica, transfóbica, racista y sexista”. Según la activista, este régimen está sustentado por instituciones opresoras, violentas por sí mismas: señaló a la familia nuclear, la conyugalidad, la maternidad forzosa y el amor romántico como dispositivo regulatorio. “Más allá de nuestras decisiones personales y de nuestras elecciones íntimas”, afirmó Bellucci, “tenemos que plantearnos esto críticamente y ver cómo hacemos estallar esta máquina de guerra que es la heterosexualidad como régimen político”. Identidades y feminismos “La construcción política no es ’las feministas contra el varón’: es el feminismo contra un sistema heteropatriarcal y capitalista que nos esta sometiendo, imponiéndose en las relaciones”, dijo Maffeo, y señaló: “El universal varón: varón, heterosexual, blanco, clase media, tiene un monton de privilegios para desandar”. Pero “las mujeres también tienen privilegios”, dirá Bellucci después, refiriéndose a factores de raza, clase social y acceso a derechos, como también a las identidades de género construidas por fuera del binomio varón-mujer. En su exposición, Bellucci recorrió la genealogía del feminismo dentro del movimiento de varones en Argentina. Señaló que “aquellos compañeros que se sintieron comprendidos por los feminismos - no por el heterofeminismo sino por otros tipos de feminismo, que no entran en la situación de privilegio que plantea la heterosexualidad - son compañeros gays u homosexuales, como se quieran autodefinir. Y son también los compañeros y las compañeras trans”.
Por su parte, Maffeo definió al feminismo como un movimiento y una práctica política, puesta en relación con la experiencia: “Es una experiencia situada, que no es ajena al lugar donde estamos. Yo soy del conurbano, y siento que la identidad como conurbanas y como latinoamericanas nos hace en un montón de cuestiones que tienen que ver con la manera en que entendemos la política”.
La activista de la Colectiva Feminista Rabiosa, sin desconocer la existencia de otras identidades, afirmó que la construcción del feminismo que se hace desde las mujeres y desde los varones es diferente: las mujeres, permanentemente generizadas y particularizadas, construyen desde sus prácticas políticas “actividades que implican corrernos de ese lugar de la mujer dócil, la mujer subordinada a la autoridad varón, a la palabra”. Por su parte los varones, construidos desde un universal, tienen la tarea compleja de particularizarse y de reconocer sus propios cuerpos, y fundamentalmente, de deconstruir sus privilegios.
“ Y eso quizás, en el discurso, lo tenemos todos y todas clarísimo. Pero en la práctica, a veces parece que no”, reflexionó. “Y nos queda volver a pensar el feminismo y volvernos a encontrar, pensar cuáles son las particularidades que tenemos como varones y como mujeres en la construcción y volvernos a encontrar”.
Maffeo propuso pensar un feminismo que vaya construyendo y deconstruyendo, criticando hacia afuera y reflexionando sí mismo. “En definitiva, lo que buscamos”, señaló, “es que todas y todos nos desarrollemos como personas libres y autónomas”. El feminismo, aseguró, debe contribuir a construir relaciones más igualitarias, sin privilegios, donde unos no se pongan sobre otros.

"En Estados Unidos cada 24 horas un policía mata a un ciudadano"

ENTREVISTA CON JAMES PETRAS:
Petras




(Por RNMA) Durante una de las emisiones del programa radial de la RNMA, Enredando las mañanas, pudimos conversar con el sociólogo estadounidense James Petras, a raíz de los hechos sucedidos en la ciudad Ferguson, Missouri, luego de la eximición de juicio que recibió el policía Darren Wilson, que había asesinado al joven Michael Brown de origen afroamericano. Nos contó cómo está el clima social tras las jornadas de protesta y represión.(Fuente: La Retaguardia)

-James Petras: Aquí, más allá del clima, estamos satisfechos porque entre ayer y hoy hay más de ciento sesenta ciudades marchando, atacando el sistema judicial, la policía y a las autoridades políticas que los apoyan. Hay un levantamiento generalizado muy positivo porque reconocen que vivimos en un estado policial donde, detrás de la fachada democrática, la policía manda.

-El policía, un muchacho joven, de 28 años y dice que lo hubiera hecho con cualquiera. ¿Si hubiera sido un blanco qué pasaba?
-Cada veinticuatro horas un policía mata a un ciudadano. En la gran mayoría de los casos, las víctimas están desarmadas. Hay un problema nacional y que ha afectado grandes sectores, principalmente a afroamericanos y latinos. Lo que pasa es que el caso en Ferguson es el detonante por la protesta, pero hemos visto en Nueva York casos muy similares. Hace unos días una pareja de novios estaba en un departamento, la policía bajando, ellos subiendo, y de repente la policía saca la pistola y los mata. Dijo que tenía miedo, que, en la oscuridad, escondía un arma. Pero el tipo estaba abrazando a su novia. Eso se repite en Los Ángeles, Chicago, en cualquier lado. Hay una guerra contra la población aquí concentrada en los negros y latinos. Matan constantemente gente en la frontera tratando de entrar al país para escapar de la crisis económica en México y Centroamérica.


-Algo similar ocurre en la Argentina, no puntualmente con jóvenes negros, pero sí con lo que aquí se llama “negros”, aunque no sean afroamericanos: los pibes pobres de los barrios de todo el país solo por ser sospechados de portar armas, y después, en la mayoría de los casos, queda claro que no es así. ¿Es una situación global, sistémica?
-Tiene que ver con la política económica de fondo. Hay concentración de riqueza, grandes desigualdades, gran reserva de trabajadores mal pagados, desocupados, semiocupados. El sistema de poder tiene miedo de que estos actores populares puedan organizarse, entonces siembran divisiones para conquistar, o son los negros contra los blancos o los latinos contra los no latinos, entre trabajadores blancos sindicalizados y no sindicalizados. Es dividir y conquistar y fomentar el racismo como instrumento para que las clases populares luchen entre sí. Aparte del problema socioeconómico, es la falta de igualdad frente a la ley. La impunidad aquí para los millonarios es espantosa. Las grandes estafas que afectan a millones de personas en suspensiones, jubilaciones que han perdido, y los grandes estafadores del City Bank, del Morgan, solo pagan un (...). No hay ningún gerente que haya destrozado a millones de personas que haya pasado un día en la cárcel, mientras una persona humilde que roba un pan sirve unos o dos años, o si está fuma marihuana, cinco años. La desigualdad en la ley y la corrupción del sistema judicial que permite la impunidad es la explicación en Ferguson. El procurador, que supuestamente busca defender a la víctima, presentó la cosas de una forma que favorece a su antagonista — la policía― citando testigos que hablan a favor de la policía, escondiendo documentación que prueba que la policía tenía toda la responsabilidad. El procurador y el juez actúan para perjudicar la audiencia en favor de la policía. Los parientes han echado mirada de los procedimientos, y dicen que el proceso es trucho, es corrupto.


-¿Cómo se posiciona Obama, cómo lo ve la sociedad en este caso?
-La gente que ha estudiado el régimen de Obama dice que es una galleta: negro por fuera y blanco por dentro. Habla como si fuera representante de los afroamericanos, pero cuando ocurre una masacre como esta o encarcelamiento de manifestantes progresista, los acusa de violentos en vez de investigar la violencia de la policía, que ha tirado balas de goma, gas lacrimógeno, pegando a la gente con bastones. Él castiga a los manifestantes. En vez cuestionar el procesamiento político, lo defiende. Es un representante tanto interno como externo del gran capital blanco. El hecho de que su piel es de color no tiene nada que ver con su política, su política es defender al imperialismo en el exterior, los fondos buitre en la Argentina, el espionaje en todas partes y aquí, en el caso de Ferguson, dando conferencias defendiendo a la policía y condenando lo que él llama la violencia. Pero es muy curioso, debemos analizarla, porque los medios están dando muchas imágenes de violencia. Pero ocurre que la violencia solo está afectando a empresas afroamericanos, ninguna empresa, ningún supermercado blanco está afectado. Eso puede significar que hay provocadores que están usando a la policía para sacar imágenes de violencia. Las pequeñas tiendas, los pequeños restoranes en barrios afroamericanos son los afectados. Tengo la sospecha de que los actos violentos son producto de provocadores, porque hay cientos de manifestantes predominantemente afroamericanos que marchan pacíficamente, pero que son atacados por la policía. Hay más de sesenta presos ahora, la ciudad está copada por la Guardia Nacional, hay dos policías por cada manifestante.

-¿Estas manifestaciones que se están dando en la calle son policlasistas o son las clases más vulnerables?
-En Nueva York, por ejemplo, en Time Square, en Manhattan, la mayoría son blancos, los afroamericanos pueden ser entre el 40, 50 por ciento. Hay blancos, asiáticos, latinos, cristianos, musulmanes, judíos involucrados. Ahora, hasta qué puntos hay ricos, es otra cosa. La gran mayoría es de las clases populares, clase media, trabajadores del tránsito o del subterráneo.