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martes, 25 de diciembre de 2012

El líder del Frente Amplio Progresista (FAP), Hermes Binner, sostuvo que los saqueos ocurridos en los últimos días en distintos puntos del país fueron “una situación vandálica que sale de la propia sociedad” y que estos episodios “no están ligados a la pobreza”.



Además, descartó que los hechos de violencia hayan sido impulsados por los sindicalistas Hugo Moyano, Pablo Micheli y Luis Barrionuevo, aunque aclaró que “si el Gobierno hizo tal acusación tendrá alguna justificación.
“No me dio la sensación que los saqueos hayan estado ligados a la pobreza, lo que no quiere decir que no haya pobres. En general, cuando vivimos una situación vinculada a la pobreza la gente se lleva alimentos, leche, carne, etc.”, indicó. En ese sentido, el referente del socialismo remarcó: “Eso no fue lo que pasó ahora”.
“Quienes son los instigadores de los saqueos es algo que debe investigar la Justicia.
Creo que es un perfil diferente a los saqueos que hemos visto en otro momento, al menos en Rosario”, agregó.
En su análisis sobre los recientes saqueos, Binner señaló: “Básicamente, es una situación vandálica que sale de la propia sociedad. Veíamos los rostros tapados, en fin, estos no son los saqueos que veíamos en otra época donde había una gran necesidad de comida que por supuesto no se justifica”.
“Ahora lo que se vio fue una situación diferente. Actos vandálicos de romper todo, de proveerse de todas las bebidas alcohólicas y dejaron los alimentos”, dijo en declaraciones al Tribuno de Salta. Además, el ex candidato presidencial remarcó que en los saqueos “se llevaron electrodomésticos”.
“En fin, estamos ante actos de vandalismo que deben ser por supuesto penados por la ley”, añadió. También se quejó porque el Gobierno sacó “toda la Gendarmería de la provincia de Santa Fe”.
“Antes estaban todas las rutas custodiadas, sobre todo las rutas del narcotráfico. Ahora quedaron todas libres, solitas, pobres”, dijo.
Por último, expresó: “Acá hay una unidad de Gendarmería en Rosario que la sacaron”. “Se ve que hay otras necesidades en el Conurbano (bonaerense). He escuchado cosas así”, concluyó.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Sigo aprendiendo. Cada acontecimiento que vive el país me deja sus enseñanzas, algo invalorable para mí, que en política todavía estoy haciendo los palotes.



¿Se pudre todo? No, estamos como nunca. Por Carlos M. Reymundo Roberts


El 13-S, en La Cámpora me explicaron que las 200.000 personas que salieron a protestar eran gorilas de mucha guita preocupados por el dólar. Así que, a no darles bola. El 8-N, que el millón que estaba en las calles era la clase media golpista. Menos bola todavía. Y el 20-N, que si todo el país había parado era por culpa de unos extorsionadores y patoteros a los que la señora no tardó en desenmascarar. Está bueno porque, de no estar advertido, yo hubiese rematado mi inquietud con el típico "se está pudriendo todo". En cambio, lo que me surge decir es muy distinto: cuando me parece que se pudre todo, en realidad estamos mejor que nunca. Estoy contento de ser un idiota que no entiende nada.
Pero sigo aprendiendo. Moyano no era nuestro amigo, como yo creía durante estos años. ¡Es nuestro enemigo! Sólo así se explica que, sabiendo los problemas de guita que tenemos, salga a pedir que aflojemos con Ganancias. Sólo así se explica que viva hablando de inflación e inseguridad. ¿Acaso no se da cuenta de los esfuerzos sobrehumanos que hace la señora para no tocar jamás esos temas, aunque figuren en todas las encuestas al tope de las preocupaciones de la gente? Me da ganas de gritarle: "¡Traidor, te llenamos los bolsillos y ahora preferís al pueblo que a Cristina!"
Después del paro del 20, nuestros aliados de la CGT de Caló se sumaron a los reclamos y parecían tan enojados como Moyano. Otra lección que me refregaron los de La Cámpora: nunca te fíes de los sindicatos peronistas. Lección difícil de asimilar, reconozco. Con lo que me costó hacerme peronista, ahora resulta que tengo que desconfiar de los sindicatos, incluso de los nuestros. Tendríamos que fundar una nueva agrupación, la GPS, para kirchneristas desorientados, como yo.
Sí, muy desorientado. Cuando Moyano rompía los piquetes del campo era el mejor del mundo, y cuando los hace él, es el peor porque no deja que la gente vaya a trabajar. Si los de Gualeguaychú cortan rutas está bien, y si la cortan militantes de izquierda, como el martes, está mal. Me dicen que la explicación es sencilla: la realidad es muy dinámica, y sólo Cristina, que es el centro de nuestro sistema solar, puede determinar el devenir de los planetas, los cambios de clima y la fugacidad de ciertas estrellas.
El problema es mío, por esa manía de mirar el lado oscuro de la luna. Por ejemplo, qué hago con Bonfatti: ¿sigo calificándolo de narcosocialista o me sumo a la señora que ahora le sonríe y comparte palcos con él? Siempre me atrasa el reloj. ¿Qué hago con Scioli: debía suscribir a la señora cuando le decía que gerenciaba horrible o la suscribo ahora que le pasa plata sin decir ni mu? Lo de Moyano como un demonio, ¿es definitivo? Y con Kicillof, ¿qué onda? ¿Lo sigo bancando o hago caso a ciertos rumores? Please, ténganme al tanto porque los cambios me confunden. Me había hecho amigo de Alberto Fernández (hasta que Aníbal me explicó que el muy guacho siempre trabajó para Clarín), de Lousteau, de Schoklender, de los Cirigliano, y ahora, con esfuerzo, ya conseguí odiarlos. Odiaba a Menem, a Manzano y a Moneta, y ahora me ordenan que los ame. A De Vido también lo amé y odié, hasta que me dijeron que no gastara pólvora en chimangos. A Boudou ni lo amo ni lo odio: lo admiro. Sabe que lo detestan todos y se sigue riendo.
Por eso, pido que me digan qué debo hacer en cada caso. Tengo miedo de que me pase lo de Abal Medina, retado en público por haber dicho que el 20-N había sido un "piquetazo nacional". Para el relato eran sólo piquetes en la Capital. Quiso ser el mejor alumno y lo mandaron al rincón. Es muy feo. Debe de haber una forma de resignarlo todo, el prestigio y el honor, sin que te terminen llamando Juan Manuelititito. Quiero seguir siendo Carlos y no un Carlitos.
Quizá se le pueda pedir a nuestra reina del universo, a nuestro Sol, que los días y las noches no se amontonen tanto. Por ejemplo, desde que Néstor compró 2 millones de dólares de un saque hasta que comprar dólares se convirtió en delito de lesa argentinidad pasaron algunos años. Eso estuvo bueno porque dio tiempo a acomodarnos. En cambio, entre que Parrilli desmintió la información de Clarín de que Cristina había tenido un aumento de 42% en su sueldo y la confirmación de que ése había sido el aumento sólo pasó un párrafo de un comunicado. La cosa quedó un poquitín apretada. Y tratándose de la plata de nuestra Presidenta es preferible evitar las estrecheces.
A ver si aprendí las lecciones: las medidas de fuerza pueden ser buenas (las que ordena ella contra Peralta en Santa Cruz, por ejemplo) o espantosas (las de Moyano); hay jueces probos (Oyarbide) y jueces buitre (Griesa); nos repugnan las calles llenas de cacerolas y nos repugnan las calles vacías (por eso ella prefiere desplazarse en aviones y helicópteros); no hay amor eterno, salvo el que sentimos por la señora.
En definitiva, no entiendo todo lo que me dicen, pero lo repito muy bien. Soy dócil y no hago muchas preguntas. Creo que en el cielo kirchnerista hay un lugar reservado para mí.
FUENTE: LA NACIÓN



jueves, 22 de noviembre de 2012

La clase media creció. Y se hizo opositora. El divorcio entre CFK y Moyano ha sido tanto político como ideológico. Moyano de villano de clase media, paso a ser un villano para el kirchnerismo cristinista. Un milagro del Gobierno.

Piquetes y cacerolas.

by Luis Tonelli

Tiene razón la Presidenta. La clase media creció. Y a tal punto creció que el 7S, el 8N, y el paro del 20N fueron, al ser fenómenos de clase media tanto masivos como opositores. Ha sido el Gobierno y solo el gobierno el que ha conseguido el milagro de juntar a Hugo Moyano con oficinistas, comerciantes, docentes, bancarios, cuentapropistas (los White collars) -aunque por nivel adquisitivo, los camioneros son contablemente mucho más clase media que muchos empleados de saco y corbata-.
Esa nueva yunta -esa aterradora combinación para la gobernabilidad que es la confluencia de los piquetes y cacerolas- hubiera sido calificada como imposible por cualquier observador de la política argentina apenas unos años atrás. Moyano, siempre fue un villano para la clase media. Hasta que pasó a ser un villano para el kirchnerismo cristinista.
Y entonces, por eso de que menos por menos es más, por eso de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, cuanto más daño pueda hacerle a mi enemigo, Moyano comenzó a ser uno de los vehículos del descontento. Que no se malentienda, Moyano no conduce el descontento. Fiel a su profesión, que no elige destinos ni siquiera recorridos, solo comenzó a transportar ese descontento (tal como las redes sociales lo coordinaron el 7S y el 8N y ninguno de los ignotos organizadores cibernéticos podrían sacarle un voto a sus convocados).
El divorcio entre CFK y Moyano ha sido tanto político como ideológico. Político, porque se trató de un efecto de la ambición de poder de ambos. Moyano había sido entronizado como mandamás del Justicialismo bonaerense por Néstor Kirchner para que disciplinara a los díscolos intendentes conurbanos a quien el ex presidente había hecho responsables de la derrota electoral del 2009. Por supuesto, esos servicios no serían gratis: el camionero se ilusiono con introducir a sus camioneros en las listas de la elección del 2011, y hasta con conformar un Laborismo que sucediera al kirchnerismo.
Si bien Moyano nunca negó la discusión con Kirchner la noche anterior de su muerte, es muy improbable que en ella ya estuviera el germen de la ruptura. Kirchner siempre fue muy respetuoso de los poderes establecidos, y máxime cuando los podía tener de aliados. Pero a esa discusión emblemática, le siguió la reunión de la CGT a horas del deceso del hombre fuerte de la política argentina, en donde parecía que Moyano pretendía ser su reemplazante. Simplemente CFK fulminó las demandas políticas del camionero con el simple expediente de no atenderle los llamados.
Sin mufa, Moyano hubiera quedado simplemente en tierra de nadie. Así lo estuvo durante los fastos oficialistas por el 54%. Luego vinieron esa combinación de soberbia y mala praxis que llevaron a que no tanto se erosionara el apoyo al gobierno si no que se reaccionara a su provocación, y Moyano se convirtió en uno de los arietes del descontento.
Pero también ha sido ideológica, porque CFK, a diferencia de estor Kirchner se ha embarcado en un rumbo jacobino en donde toda mediación con vida propia (sindical, partidaria, periodística) es considerada una traición particularista a los supremos intereses del Bien Común expresados sólo por la Presidenta.
Pero, por qué ese descontento, porque la unión de piquetes y cacerolas, no afecta la gobernabilidad mayestática de la que ha gozado el kirchnerismo? En primer lugar, porque no hay crisis sistémica. A diferencia de lo que sucedió en el 2001, la economía, si bien anduvo mal en términos de crecimiento, no avizora ninguna tormenta crítica en el horizonte, si no, que incluso se espera un leve repunte para el año próximo. La segunda diferencia, es que el descontento no se manifiesta en sensación de caos, o ese espiral de violencia conmocionante que típicamente precede a la crisis de gobierno.
Pero la gran diferencia es que este descontento pareciera deberse (aun admitiendo su pluralismo y diversidad) en un exceso de gobernabilidad del gobierno de CFK, antes que en la ausencia de gobernabilidad).
Si el gobierno que gobierna, si el gobierno gobernante fue la clave del éxito del kirchnerismo, es el gobierno que trata de gobernarlo todo el que es considerado insoportable por casi una mitad de la Argentina. Polarización que se da, no tanto por una división entre Pueblo y antiPueblo, como le gustaría al oficialismo, si no Polarización reactiva, protesta “boba”, por el hartazgo de la clase media ante lo que considera la agresividad gratuita del kirchnerismo.
Luis Tonelli