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viernes, 13 de febrero de 2015

Nunca es el momento para la revolución.

REFORMISMO



(AW) El posibilismo es la forma política concreta en la que se asienta la ideología reformista. Nos buscan convencer permanentemente de que la construcción de la política se debe hacer en base a las “posibilidades” del momento histórico, teniendo en cuenta “lo que el pueblo está dispuesto a hacer”, etc. Por lo tanto, las ideas y concepciones revolucionarias intransigentes con el sistema quedan siempre para mejores ocasiones.
Por PRT.
El reformismo es una variante de la ideología burguesa nacida al calor del ascenso de las ideas y prácticas revolucionarias, en las primeras décadas del siglo XX. En años posteriores se consolidó como una corriente más que, salida desde las filas revolucionarias, abrazaron abiertamente la ideología burguesa y por lo tanto el reformismo se alejó definitivamente de la lucha por la revolución social, negándola por completo.
De esta forma, se materializa el abandono total de las ideas y las prácticas del marxismo. Lo revolucionario de la ideología y la práctica de Carlos Marx y Federico Engels y de todos los revolucionarios que siguieron sus ideas consecuentemente, es que la realidad no existe para analizarla, observarla y diagnosticarla, cayendo en una concepción “sociológica” de la política; la realidad debe entenderse para transformarla radicalmente.
Y esa lucha por la transformación se da, la mayoría de las veces, en condiciones desventajosas para los revolucionarios dado que luchamos contra toda una estructura de poder político, social, económico, cultural, ideológico que, precisamente, lo que no quiere es que nadie cuestione la dominación de la burguesía. Allí entonces radica la razón de ser de los revolucionarios: Tener respuestas concretas en cada momento concreto para darle una perspectiva de cambio radical a la sociedad en su conjunto, sin caer en oportunismos que dejen para “un mejor momento” las ideas y las prácticas de la revolución.
Por otra parte, hacer política desde “lo posible” niega el papel transformador de los pueblos;subestima la capacidad y la experiencia del movimiento de masas en su búsqueda de los caminos para su emancipación.
Para entender acabadamente lo central y antagónico de estas concepciones bastaría con saber escuchar y entender lo que la burguesía dice y hace. Cuando el ultramillonario norteamericano Warren Buffett declara: “Hay lucha de clases y es mi clase la que va ganando”, o cuando se ratifica que todas las medidas adoptadas por la burguesía monopolista mundial son para derribar las conquistas de décadas del proletariado internacional, se está ante una confirmación manifiesta de que la burguesía tiene muy claro a qué clase atacar y por qué es necesario que a esa clase no se le hable de revolución social ni por asomo. Gran favor le hace a la burguesía luchar “por lo posible”, mientras ellos siguen adelante con su explotación y expoliación de los pueblos.
Las ideas revolucionarias son lo antagónico a esas ideas posibilistas ya que la revolución debe plantearse y construirse aun en las peores condiciones de la acumulación de fuerzas, situación que no es la actual. Por el contrario, y afortunadamente, atravesamos una ofensiva de masas y la actividad política del pueblo se acrecienta y cada vez más rompe los moldes de la institucionalidad de la burguesía en el plano mundial, provocando grietas aun más profundas en la crisis estructural que atraviesa el capitalismo.
Los destacamentos revolucionarios no debemos dudar un solo instante en esta lucha ideológica y política. Hacer conciente al movimiento del verdadero nivel que va alcanzando la lucha y de la necesidad de presentar una batalla sin concesiones contra la burguesía monopolista es tarea indelegable de estos destacamentos. La crisis del capitalismo es estructural y ellos querrán levantar alternativas para salvar su sistema, recurriendo a lo que mejor saben hacer que es mentir y atacar a las fuerzas y las ideas de la revolución.
Por el contrario, la política revolucionaria debe mostrarse con toda la verdad con la que cuenta, aportando a dar solución definitiva  los problemas que el sistema capitalista genera y no es capaz de solucionar.

miércoles, 7 de mayo de 2014

TUPAC AMARU, PADRE DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.

LA VERDADERA HISTORIA



(AW)El eurocentrismo no se cansa de decirnos y contarnos su influencia en nuestras ideas y movimientos, en cambio, es renuente a reconocer la influencia americana en sus acontencimientos fundamentales. Hay otra historia.
amaru
 Reproducido de la revista boliviana “PUKARA”
Tupac Amaru engendró la
Revolución Francesa
Para adquirir identidad nacional hay que conocer nuestra historia;
conocemos la historia oficial más no la historia real, que empieza a
reescribirse. El 4 de Noviembre de 1780 se inició la revolución de José
Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, con el apresamiento y
posterior ejecución del corregidor sanguinario Antonio de Arriaga; que
resquebrajó los cimientos del imperio español en las Indias y trazó el
camino de la independencia de América Latina.
En mi patria, PERÚ, José Gabriel Cordorcanqui Tupac Amaru engendró
la Revolución francesa al decretar la abolición de la esclavitud el 16 de
Noviembre de 1780 en el Santuario de Tungasuca; en Estados Unidos
fue Abraham Lincoln en 1863 y en Perú Ramón Castilla en 1854: 83 y
74 años después de Tupac Amaru. Por derecho histórico y de justicia a
Tupac Amaru debe darse la paternidad de la abolición de la esclavitud
en el mundo, Perú y de la Revolución Francesa. En la decisión de abolir
la esclavitud está sintetizada la igualdad, fraternidad y libertad de la
Revolución Francesa; del mismo modo sirvió de estímulo e inspiración
para la redacción de las obras de Juan Pablo Vizcardo y Guzman, Pablo
de Olavide; así mismo sirvió de inspiración a San Martín para la liberación
de Argentina, Chile y Perú y es el primer precursor de la emancipación
de América Latina. Personalidades contemporáneas lo comparan con
Cromwel, Robespierre y Jorge Washington. Era persona hábil e instruida;
doctor en derecho canónico, teología y civil, con cultura política,
políglota, dominaba el castellano, latín, quechua, aymara y otros idiomas.
Su cultura se aprecia en el oficio que le envía a Areche el 5 de Marzo
de 1781. En un párrafo escribe: «Un humilde joven pastor rústico con
el palo, la honda y la providencia divina libertó al infeliz pueblo de
Israel, del poder de Goliat y Faraón; la razón fue las lágrimas de estos
pobres cautivos dieran tales voces de compasión, pidiendo justicia al
cielo, que después de cientos de años salieron de su martirio y tormento
para la tierra de promisión; más ¡ay! que al fin lograron sus deseos,
¡aunque con tanto sufrimiento y llanto!... Más nosotros infelices indios,
con más suspiros y lágrimas que ellos, en tantos siglos no hemos
podido conseguir algún alivio; será la razón porque el Faraón que nos
persigue, maltrata y hostiliza no es uno solo, sino muchos, tan inicuos
y de corazones tan depravados como son los corregidores, sus tenientes,
cobradores y demás corchetes. hombres diabólicos y perversos, que
presumo que nacieron del lúgubre caos infernal y se sustentaron de
los pechos de arpías más ingratas, por ser tan impíos, crueles y tiranos;
a los Nerones y Atilas, de quienes la historia refiere sus iniquidades y
de sólo oír se estremecen los cuerpos y lloran los corazones».
Se movilizaba sobre un caballo blanco son su séquito y capellán y en
los pueblos era recibido por los curas con capa de coro; cruz alta y
palio. La preparación de la rebelión duró cerca de 10 años, movilizó
más de 100,000 soldados en una extensión de más de 1,500 kilómetros;
se movilizaban las personas con pasaportes o salvoconductos otorgados
por su lugarteniente y esposa Micaela Bastidas y su apelativo familiar
era CHEPE. La respuesta a Areche, su encarnizado torturador: «Tú
por opresor y yo por evitarlo, merecemos la muerte» sintetiza su
personalidad. Antonio de Areche le hizo justicia al informar al Ministro
de Indias el 30 de Abril de 1781: « Es de un espíritu y naturaleza muy
robusta y de una serenidad imponderable”. Contestaba a sus verdugos:
«Que no diría a nadie la verdad, aunque le sacasen la carne a pedazos»:
cumplió su palabra.
El objetivo de la revolución de Tupac Amaru no era anexar territorios
sino eminentemente social y económico: abolir la esclavitud, la mita,
repartimientos, obrajes, la desaparición de los corregidores; en síntesis:
anticolonial, antiesclavista y anti feudal, único en el mundo. Donde
firmó Tupac Amaru la abolición de la esclavitud debe levantarse un
altar antiesclavista, debe corregirse la omisión histórica de no aceptar
que fue el primero en abolir la esclavitud en el mundo y en el Perú,
considerarle primer precursor de la independencia de América Latina y
padre de la Revolución Francesa. Más tarde que nunca se hará realidad.
Las metas de este movimiento siguen vigentes; terminará cuando
tengamos un gobierno que trabaje por el desarrollo de los peruanos y
ningún niño duerma sin comer un pan: cuando exista justicia. La gloria
de José Gabriel seguirá creciendo como crece la sombra cuando el sol
declina.
Lewin B. La Rebelión de Túpac Amaru, 1957,
Valcárcel CD. Túpac Amaru, 1970,
Hernández R. Precursor y Rebelde Túpac Amaru, 1969
Bonilla J. La Revolución de Túpac Amaru, 1971,
Valcárcel CD. La Revolución de Túpac Amaru, 1973,
Sivirichi A. La Revolución Social de los Tupac Amaru, 1979,
Vega JJ. José Gabriel Túpac Amaru, 1969

domingo, 28 de abril de 2013

Una retorcida interpretación de la democracia actual sigue haciendo de las suyas en el mundo.


La libertad y su eterna vigilancia.

 La oligárquica corporación política viene por más, y en algunos sitios, su soberbia les permite decir sin pudor, que vienen por todo.


Esa casta de dirigentes cree pertenecer a una privilegiada lista de seres humanos especiales, iluminados que todo lo saben, que son capaces de darle a la gente lo que quiere. Aspiran a apropiarse del poder y usar lo logrado para provecho propio. Para mantenerse allí, necesitan secuestrar a la sociedad, arrebatarle su poder de decisión, acorralarla a diario, suprimir su autoestima, sus derechos y fundamentalmente su libertad.

Los populismos contemporáneos, su perseverante e hipócrita discurso del socialismo del siglo XXI y su aliado circunstancial, el Estado del bienestar, vienen trabajando duro, hace mucho, en quitar las libertades una a una.

La dinámica de destrucción de las libertades ahora no ha elegido las armas y la violencia como mecanismo como lo fue en tiempos del comunismo. Bajo la influencia de Antonio Gramsci, algunos comprendieron que la lucha es cultural y siguieron al milímetro aquello que afirmaba este pensador cuando decía “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”.

Buena parte de los que detentan el poder actual, intentan ese camino. Se han adueñado del lenguaje, de las ideas, instalando nuevos paradigmas, para de este modo garantizarse contar con un constante apoyo popular.

Afirman desear democracia, libertad, prosperidad, diversidad. Hablan de amor, de luchar contra la pobreza. La evidencia muestra todo lo contrario.

Ellos pretenden discurso único y hegemónico, por eso quieren eliminar la crítica y el disenso. Defienden la existencia de una verdad única, y desde allí pretenden silenciar a todo el que piense diferente, con normas que diseñaron para limitar el poder de la sociedad. Por eso crearon una legislación que regula la libertad de expresión, siempre bajo la amenaza del latente intento sedicioso, esa fuerza confabuladora que a la sombra de sus intereses económicos y políticos, conspira siempre.

El odio es el emblema que los moviliza. Instalan la idea de una sociedad dividida, clasifican a la gente como en grupos enemigos del sistema. La riqueza del idioma les aporta esa chance de etiquetar con una sola palabra a todos los que desean combatir, como cipayos, vendepatrias, oligarcas, golpistas, imperialistas, en una interminable lista de términos que usan para poner en la vereda de enfrente a un sector de la sociedad, y así fustigarlos.

Ellos saben que para lograr sus fines, precisan limitar y eliminar cada una de las libertades vigentes. El combate político del presente, les impone una tarea gradual, sistemática, metódica, pero perseverante. Se trata de ir despojando a la sociedad de sus libertades, sin que los ciudadanos se den cuenta, o generando solo pequeñas molestias que no sean consideradas relevantes como para resistirse y de ese modo puedan seguir contribuyendo con su complicidad funcional a alimentar el poder del sistema.

Para lograrlo, bajo el paraguas de esta parodia democrática, van buscando aliados. Por un lado están sus seguidores más leales, esos que comparten el objetivo político, que  coinciden en el proyecto, y lo conocen en detalle.

A estos se suman los intelectuales, que diseñan el relato, para construir la estructura argumental que sostiene el esquema político. Algunos aportan ideas solo por migajas y un reconocimiento mínimo. Otros mercantilizando su contribución, como intelectuales a sueldo, que construyen un endeble, pero aparentemente sólido, soporte a cambio de algo de dinero para su supervivencia cotidiana, ese que no obtendrían de otro modo.

El componente clientelar nunca falta a la cita, porque aporta masa crítica y electoral. En este grupo no solo están los que menos tienen que reciben dádivas del asistencialismo, sino también una inmensa lista de personas de baja autoestima y excesivo resentimiento.

Finalmente se identifica  al grupo de los que hacen negocio con el régimen. Se trata de pseudo empresarios, que pretenden obtener ventajas económicas, constituyéndose en colaboracionistas. Por un lado dicen en privado que se dan cuenta de lo que está sucediendo, pero su codicia e incapacidad evidente,  les impide poner en la balanza ciertas cuestiones, y eligen así el camino de enriquecerse de modo poco convencional.

Quienes creen que todo está perdido y no vale la pena resistir, se equivocan. La libertad siempre tiene un costo para los que creen en ella sin matices.  No se trata ya de un simple derecho, sino de una posibilidad que hay que ganársela, que debe ser defendida con convicción y determinación, sabiendo que el adversario es astuto y que se ha apropiado de los recursos de todos para poner de rodillas a los individuos.

No se llegó hasta aquí por casualidad. Ellos fueron contaminando las mentes de todos y avanzando en este proceso con la anuencia legitimadora, sumando la aprobación de muchos que hoy se espantan con lo ocurrido.

Definitivamente, la estrategia es destruir lo que se conoce como libertad. El plan es terminar con ellas, en forma secuencial, gradual, y en cada paso que dan construyen un planteo que justifica quitar ese derecho.

Siempre, existirá en su vocabulario, el bien superior, el interés común, la importancia de lo colectivo por sobre lo individual. Con esa línea argumental fueron robando la libertad de cada persona. Y para ello, legitimaron cada decisión con la caricatura democrática del poder de las mayorías.

La libertad está en peligro. Ellos vienen avanzando en firme y decididamente van por más. Cada uno de los integrantes de la sociedad debe tomar la decisión adecuada y elegir de qué lado está y como serán sus próximos pasos, en este ejercicio de convivir en sociedad.

Es por no custodiar la libertad que se llega a este estado de situación. La negligencia y distracción de su momento, el priorizar el presente por sobre el futuro, hizo creer a tantos que todo estaba bien, y validar así cada avance. Se prefirió no escuchar cuando se advertía lo que venía. Esto que está pasando es el precio de hacer oídos sordos.

Ser libre tiene un costo. Hoy, como siempre, la frase atribuida a Thomas Jefferson tiene más vigencia que nunca, “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Alberto Medina Méndez