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lunes, 13 de mayo de 2013

El Sistema de Dominación actúa como las manos de un artista que busca dar forma a una masa amorfa, ya sea en arcilla o yeso; donde sus dedos se entrecruzan para que se transformen en la obra maestra que desea lograr.

EL FUTBOL PARA TODOS EJEMPLO DE MANIPULACION E IDIOTIZACIÓN DE MASAS


La masa es el pueblo, que necesariamente se lo debe idiotizar para que sea homogéneamente sumiso al Régimen, que lo manipula de acuerdo a las aspiraciones mas conspicuas del Poder Internacional del Dinero.
El Régimen, ya sea liberal capitalista o marxista leninista, tiene la máxima de idiotizar para conquistar. Como diría Lenin a los faltos de Fe: “la religión es el opio de los pueblos”, en clara alusión al cristianismo ortodoxo que los zares representaban. Sin religión, la idiotizacion es más acelerada.
El comunismo pérfido y ateo, idiotizaba por las buenas o por las malas. En cambio el liberalismo idiotiza de las maneras mas variadas sin necesidad del uso de la fuerza como lo hacia el comunismo. Por ejemplo, el consumismo actual es una forma de idiotizar. El dinero se ha convertido hoy en el opio que el pueblo necesita. Para que el dinero exista se necesita el consumo. El Sistema te induce a consumir aunque no lo desees, para que el dinero fluya como la sangre del cuerpo humano. Para consumir, las imágenes son las armas apropiadas del Régimen. Estas son cada vez mas vividas para impactar en el subconsciente del hombre, es por ello que la técnica apunta a la perfección de los equipos visuales, como los lcd, las salas de cine en 3d, y hasta los mismos celulares cada vez mas sofisticados; con todos ellos se libera una fuerza sicológica que es retenida en el cerebro humano, induciéndolo a tener lo que tiene el otro. Se dispara el celo, la envidia, la falsa felicidad que da el materialismo.
Las sociedades modernas son enriquecidas ficticiamente, para ser empobrecidas en su alma y espíritu. El hombre humilde no le sirve al Sistema por que aspira a la riqueza de la Fe, pero solo ellos encontraran el Reino de los Cielos, dice Nuestro Señor Jesucristo. En cambio el Sistema que responde al anticristo, busca enriquecer al hombre para volverlo soberbio, desenfrenado, y lo mas importante, necio y corrompido.
Vivimos en un mundo que busca idiotizarnos con falsos paradigmas, con mentiras que se disfrazan como verdades. La búsqueda de la verdad es peligrosa, contra-sistemica, por que la sabiduría solo se logra con la humildad y rectitud de corazón.
Las masas populares actúan por reacción, es decir por acción de un disparador. Al estar idiotizadas por los medios de comunicación, por ejemplo en lo que se refiere a la política del actual gobierno de Cristina Fernandez, o respecto de las bondades “elogiables” de la asociación de madres y abuelas de plaza de mayo en su lucha permanente por el falso paradigma de los derechos humanos; cualquier revisionismo periodístico que atente contra la imagen de mujer abnegada y luchadora que pretenden dar a la sociedad, es suficiente para la reacción espuria y hasta violenta de las masas. Incluso se puede tolerar gravísimos actos de corrupción de dichos referentes, como el resonante caso de las valijas con dólares venezolanos para financiar la campaña eleccionaria de Cristina, o el patético y desenfrenado enriquecimiento ilícito del parricida Sergio Schocklender con los planes de viviendas gratuitas “Sueños compartidos”.
Las masas idiotizadas toleran y hasta descreen por que ya forman parte de la corrupción del Sistema. Los idiotas aceptan la mentira por que creen tener la sabiduría para discernir lo que es bueno y lo que es malo. El Sistema a logrado “liberarlos” (y en ello se funda el liberalismo) de su apego a lo metafísico, que es Dios, para apegarse a la contracultura apatrida y comunizante.
Con la globalización no existen barreras culturales, ni fronteras que se puedan franquear; por lo que la idiotizacion de las masas, la estandarizacion, están aseguradas. Solo el nacionalismo, que es el peor enemigo de la globalización, puede defender los patrimonios territoriales, culturales e históricos.
Por ello todo aquel que pretenda proteger su religión, su lengua, su cultura, sus raíces, en definitiva las soberanía de su nación, será considerado un enemigo de la diversidad democrática.
Para el Sistema, Dios y Patria son políticamente incorrectos.
                                                                                            Enrique Marañon (h)

domingo, 2 de diciembre de 2012

Liberalismo es uno solo; pero liberales los hay, como sucede con el mal vino, de diferente color y saber.

Red Patriotica Argentina 



LIBERAL ARGENTINO MODELO STANDARD
 EL LIBERALISMO ES PECADO

Por: Felix Sardà y Salvany

El Liberalismo como sistema de doctrina puede apellidarse escuela; como organización de adeptos para difundirlas y propagarlas, secta; como agrupación de hombres dedicados a hacerlas prevalecer en la esfera del derecho público, partido. Pero, ya se considere al Liberalismo como escuela, como secta, ya como partido, ofrece dentro de su unidad lógica y específica varios grados o matices que con viene al teólogo cristiano estudiar y exponer.
Ante todo conviene hacer notar que el Liberalismo es uno, es decir, constituye un organismo de errores perfecta y lógicamente encadenados, motivo por el cual se le llama sistema. En efecto, partiendo en él del principio fundamental de que el hombre y la sociedad son perfectamente autónomos o libres con absoluta independencia de todo otro criterio natural o sobrenatural que no sea el suyo propio, síguese por una perfecta ilación de consecuencias todo lo que en nombre de él proclama la demagogia más avanzada.

La Revolución no tiene de grande sino su inflexible lógica Hasta los actos más despóticos, que ejecuta en nombre de la libertad, y que a primera vista tachamos todos de monstruosas inconsecuencias, obedecen a una lógica altísima y superior. Porque reconociendo la sociedad por única ley social el criterio de los más, sin otra norma o regulador, ¿cómo puede negarse perfecto derecho al Estado para cometer cualquier atropello contra la Iglesia siempre y cuando, según aquel su único criterio social, sea conveniente cometerlo? Admitido que los más son los que tienen siempre razón, queda admitida por ende como única ley la del más fuerte, y por tanto muy lógicamente se puede llegar hasta la última brutalidad. 


Mas a pesar de esta unidad lógica del sistema, los hombres no son lógicos siempre, y esto produce dentro de aquella unidad la más asombrosa variedad o gradación de tintas. Las doctrinas se derivan necesariamente y por su propia virtud unas de otras; pero los hombres al aplicarlas son por lo común ilógicos e inconsecuentes. 

Los hombres, llevando hasta sus últimas consecuencias sus principios, serían todos santos cuando sus principios fuesen buenos, y serían todos demonios del infierno cuando sus principios fuesen malos. La inconsecuencia es la que hace, de los hombres buenos y de los malos, buenos a medias y malos no rematados. 

Aplicando estas observaciones al asunto presente del Liberalismo diremos: que liberales completos se encuentran relativamente pocos gracias a Dios; lo cual no obsta para que los más, aún sin haber llegado al último límite de depravación liberal, sean verdaderos liberales, es decir, verdaderos discípulos o partidarios o sectarios del Liberalismo, según que el Liberalismo se considere como escuela, secta o partido. 

Examinemos estas variedades de la familia liberal. 

Hay liberales que aceptan los principios, pero rehuyen las consecuencias, a lo menos las más crudas y extremadas. otros aceptan alguna que otra consecuencia o aplicación que les halaga, pero haciéndose los escrupulosos en aceptar radicalmente los principios. Quisieran unos el Liberalismo aplicado tan sólo a la enseñanza; otros a la economía civil; otros tan sólo a las formas políticas. Sólo los más avanzados predican su natural aplicación a todo y para todo. Las atenuaciones y mutilaciones del credo liberal son tantas cuantos son los interesados por su aplicación perjudicados o favorecidos; pues generalmente existe el error de creer que el hombre piensa con la inteligencia, cuando lo usual es que piense con el corazón, y aun muchas veces con el estómago. 

De aquí los diferentes partidos liberales que pregonan Liberalismo de tantos o cuantos grados, como expende el tabernero el aguardiente de tantos o cuantos grados, a gusto del consumidor. De aquí que no haya liberal para quien su vecino más avanzado no sea un brutal demagogo, o su vecino menos avanzado un furibundo reaccionario. Es asunto de escala alcohólica y nada más. Pero así los que mojigatamente bautizaron en Cádiz su Liberalismo con la invocación de la Santísima Trinidad, como los que en estos últimos tiempos le han puesto por emblema ¡Guerra a Dios! están dentro de tal escala liberal, y la prueba es que todos aceptan, y en caso apurado invocan, este común denominador. El criterio liberal o independiente es uno en ellos, aunque sean en cada cual más o menos acentuadas las aplicaciones. ¿De qué depende esta mayor o menor acentuación? De los intereses muchas veces; del temperamento no pocas; de ciertos lastres de educación que impiden a unos tomar el paso precipitado que toman otros; de respetos humanos tal vez o de consideraciones de familia; de relaciones y amistades contraídas, etc., etc. 

Sin contar la táctica  que a veces aconseja al hombre no extremar una idea para no alarmar, y para lograr hacerla más viable y pasadera; lo cual, sin juicio temerario, se puede afirmar de ciertos liberales conservadores, en los cuales el conservador no suele ser más que la máscara o envoltura del franco demagogo. Mas en la generalidad de los liberales a medias, la caridad puede suponer cierta dosis de candor y de natural bonhomia o boteria, que si no los hace del todo irresponsables, como diremos después, obliga no obstante a que se les tenga alguna compasión. 

Quedamos, pues, curioso lector, en que el Liberalismo es uno solo; pero liberales los hay, como sucede con el mal vino, de diferente color y saber. 

CAPÍTULO : "DE LOS DIFERENTES GRADOS QUE PUEDE HABER Y HAY DENTRO DE LA UNIDAD ESPECÍFICA DEL LIBERALISMO ."

miércoles, 15 de agosto de 2012

Red Patriotica Argentina 



Durante los festejos del 9 de julio, en Tucumán, la presidente Cristina Fernández convocó una vez más a los argentinos a la “unidad nacional”.
Sus dichos causaron –como era de esperar- el repudio de la derecha liberal que le achaca al kirchnerismo el haber recurrido permanentemente a las divisiones y a la confrontación para construir su poder. Su llamado a la concordia y a la unidad entonces –concluye esta gente-, suena a cinismo y a hipocresía.
Y es cierto, este gobierno que cuenta entre sus funcionarios a reconocidos miembros de organizaciones armadas que actuaron en contra de la Nación, y que permanentemente atiza el odio y la venganza, no tiene ninguna autoridad moral para hablar de “unidad nacional”, ni puede hacerlo con sinceridad.
  No hay dudas que sus dichos solo tienen por miras neutralizar los argumentos de la pseudo oposición y mantener la parodia del “patriotismo” con la que encubren sus latrocinios.
Sin embargo, hay en este tema algo mucho mas profundo que lo percibido por los liberales, pues la cuestión de la unidad nacional va más allá de la perversidad de este gobierno e involucra una cuestión existencial.
En efecto, el problema de los argentinos es que no nos hemos congregado en torno a una empresa en común, coherente con nuestro ser nacional, desde la derrota de Caseros.
No ha habido desde entonces, en quienes gobernaron este país –más allá del partido al que pertenezcan- una comprensión de la verdadera identidad de esta Nación, ni una aceptación del destino común al que hemos sido llamados; y esto es gravísimo pues sin esos requisitos no puede haber jamás verdadera unidad nacional. Ya lo decía José Antonio Primo de Rivera, una nación, más allá de las particularidades que la componen, es una “unidad de destino en la universal”.
Ahora bien, para saber quienes somos y cual es nuestra misión tenemos que tener en claro nuestros orígenes. De esta cuestión se ocuparon tempranamente tanto el nacionalismo como el revisionismo histórico; y al respecto no hay dudas de que la Argentina –más allá de los componentes indígenas y de los aportes inmigracionales- proviene de una matriz hispano católica que con sus valores y cosmovisión determinó de una vez y para siempre la esencia de su Ser Nacional.
Por lo tanto, este origen y esta identidad nos comprometen de modo irrenunciable con una misión histórica, cual es la de ser parte activa de la cristiandad hispánica; con personalidad propia y soberana pero con el mismo fin: el de plasmar el mandato evangélico y conformar una sociedad como Dios manda.
La unidad nacional entonces solo se puede construir a partir de la aceptación de nuestros orígenes auténticos, y siendo fieles con esa empresa nacional heredada.
Una prueba de la confusión existente al respecto es el significado que se da en nuestra historia a los hechos de Mayo de 1810, ya que se ha querido ver en dicha fecha los orígenes de nuestra nación, cuando ellos se remontan a más de dos siglos antes.
Inclusive es a partir de entonces –aunque si se quiere aun antes- que nos hemos visto expuestos a un lamentable proceso de disolución nacional; proceso que se frenó momentáneamente cuando llegó al poder el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, hombre grande y providencial, sin el cual nuestra Patria se hubiera desintegrado territorialmente en numeroso estados insignificantes, o directamente habría sido absorbida por los países vecinos.
Luego vinieron los liberales e impusieron una unidad nacional falsa en torno a un proyecto antinacional que se diseñó conforme a los intereses británicos; y que en nuestro país solo beneficio a la oligarquía nativa.
En realidad se trató de la unidad de la oligarquía frente a los restos derrotados de la nación argentina, y de espalda a sus verdaderas tradiciones.
Y así llegamos al actual estado de cosas en donde se ha hecho de la infidelidad a nuestra misión histórica, y de la disolución nacional, un sistema de gobierno. Sistema inicuo que potencia a todos aquellos elementos que atentan contra la Unidad Nacional, a saber: la partidocracia, el indigenismo, la lucha de clases, y el sometimiento al imperialismo internacional del dinero.
De modo pues que todo nuestro devenir político –salvo momentos excepcionales- estuvo dirigido a la disolución espiritual de la nación, al desmembramiento territorial, y a la ruina del patrimonio económico. Por ello, hablar de unidad nacional, sea que lo haga el gobierno o la seudo oposición liberal, cuando se niega y traiciona las notas constitutivas de la nacionalidad es pura perfidia e impostura.

                                                Dr. Edgardo Atilio Moreno

Editorial revista Milo Nº 8