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martes, 30 de abril de 2013

Cuando escucho las declaraciones de buenos economistas profesionales que han decidido actuar en política, sobre cuya capacidad y conocimientos no me caben dudas, muy a menudo descubro hipocresía y oportunismo, algo que me parece totalmente lamentable.

Domingo Cavallo 




Me preocupan incluso más que las declaraciones disparatadas de Lorenzino, Kicillof y Moreno. Lorenzino no tiene la profesionalidad que se requiere para ser Ministro de Economía y además la Presidenta espera que defienda lo indefendible, como sostener que la inflación está bien medida por el INDEC. Kicillof es marxista y como tal, descree totalmente de la economía de mercado. Sus opiniones se enderezan a apuntalar un avance hacia una economía centralmente planificada y totalmente dirigida por el Estado, por lo que hay que entenderlas dentro de esa ideología. Moreno cumple una función de matón y asusta empresarios, táctica imprescindible para que puedan prolongarse un poco más en el tiempo los innumerables desequilibrios que han creado las políticas del Gobierno desde 2002 en adelante. Pero ninguno de ellos es un economista profesional calificado para ser Ministro de Economía en un buen gobierno.
Me preocupan más las tácticas que utilizan para progresar en política los buenos economistas profesionales que aspiran a ser altos funcionarios del Gobierno que suceda al de Cristina. Y no me gusta hablar en abstracto, por lo que voy a hacer nombres. En este post me voy a referir a las opiniones de Alfonso Pratt Gay en los documentales de la periodista griega Eleni Varvitsiotis. En un próximo post, me voy a explayar sobre la actuación del FMI. No porque el FMI se postule para dirigir la economía en el futuro, sino porque seguramente, para recuperar el crédito público, los futuros gobiernos recurrirán nuevamente a la institución financiera internacional. Y, finalmente, en un tercer post de esta serie, me voy a referir a las opiniones de Roberto Lavagna.
Cuando la periodista griega le pregunta a Alfonso Pratt Gay sobre cómo se manejó la economía desde 1999 en adelante, el economista que probablemente va a ser Ministro o Presidente del Banco Central en un futuro Gobierno del FAP, dijo, suelto de cuerpo, que el Plan de Convertibilidad fue la principal causa de la crisis y que, desde 2000 en adelante, no se avanzaba a resolver los problemas sino solamente a ganar tiempo para un desenlace que era inevitable.
Acá va la traducción de la afirmación que hace la periodista, seguida de las palabras de Alfonso Pratt Gay:
Periodista: “El economista Alfonso Pratt Gay, ahora congresista de la República Argentina y ex gobernador del Banco Central entre 2002 y 2004, tiene una postura crítica hacia el sistema de convertibilidad de Cavallo y lo considera en gran parte responsable de los acontecimientos posteriores en Argentina.”
Alfonso Pratt Gay: “Todo el programa económico de los años 90 se basaba en la idea de que un peso tendría el mismo valor que un dólar para siempre. Y cuando empezó a no ser viable, a continuación, todas las decisiones políticas persiguieron simplemente ganar tiempo para no decirle a la gente que esta estrategia era básicamente errónea y falsa”.
Esta respuesta me sorprendió, porque no se corresponde con la opinión que Alfonso Pratt Gay me trasmitió en abril de 2001, cuando estando yo en Londres se ofreció para ser Vicepresidente del Banco Central y decía compartir mi misma visión sobre la problemática que enfrentábamos en Argentina. No sólo lo propuse para ocupar ese cargo, sino que me acompañó a una reunión con el Presidente del Banco de Inglaterra, Sir Mervin King, en la que discutimos precisamente la estrategia que yo tenía en mente para superar la crisis, estrategia que, por supuesto, no incluía el abandono de la convertibilidad.
Alfonso Pratt Gay no fue designado Vicepresidente del Banco Central en esa oportunidad porque mi propuesta, avalada por el Presidente De La Rúa, fue rechazada por el Senado de la Nación con el argumento de que él venía de trabajar en JPMorgan. Del Senado no hay que esperar mucha coherencia. Fue esa misma institución la que pocos meses después dio aprobación a la propuesta de que Alfonso fuera Presidente del Banco Central. Pero de un economista profesional, sí cabe esperar coherencia. Y eso es precisamente lo que me preocupa de la contestación que Alfonso le dio a la periodista griega.
Me preocupa, no sólo porque ahora critique enfoques que en el 2001 decía compartir, sino porque le trasmitió a los griegos una opinión que contribuye a abonar la teoría de la inevitabilidad de que Grecia “dracmise” su economía, convirtiendo compulsivamente a los depósitos en euros del pueblo griego en dracmas destinados a sufrir una fuerte desvalorización y a reintroducir la inflación en Grecia acompañada de un agravamiento de la crisis, de por sí muy profunda, que está sufriendo esa Nación.
Su cambio de opinión también es peligrosa para la Argentina del futuro, porque sugiere que el déficit fiscal no se puede eliminar reduciendo gastos, incluidos intereses sobre la deuda, como lo disponía la Ley del Déficit Cero, sino que es inevitable recurrir a una explosión devaluatoria e inflacionaria como la que se provocó en 2002. Aplicado a la situación que hoy vive la Argentina, donde el Gasto público supera al de 2001 en más de un 10% del PBI, la postura de Alfonso Pratt Gay significa que para volver a porcentajes financiables sin inflación será necesario antes provocar una hiperinflación, Rodrigazo de por medio. Que el Rodrigazo y la hiperinflación puedan ocurrir como consecuencia de la ineptitud y la falta de escrúpulos del Gobierno de Cristina Kirchner, es una posibilidad que no podemos descartarb, pero que pueda llegar a ser la fórmula de ajuste de un próximo gobierno del FAP, es una tragedia.
Alfonso Pratt Gay dijo que las políticas que se aplicaron en 2000 y 2001, sólo pretendían ganar tiempo pero no resolvían los problemas. Se refirió a los esfuerzos por bajar el déficit fiscal y evitar un default desordenado de la deuda, manteniendo el régimen monetario. Preguntado sobre la Ley del Déficit Cero, respondió: “Al igual que con otras decisiones de ese año, la ley de déficit cero fue en vano, porque en ese momento había un enorme déficit fiscal y no se puede borrarlo de la economía simplemente escribiendo una ley.”
Para entender por qué esta opinión me parece sumamente injusta y peligrosa para el futuro, hay que recordar que el gasto público, excluido intereses de la deuda nacional y provincial, había bajado 2 mil millones de dólares anuales en el año 2000 y estaba bajando otros 3 mil millones de dólares anuales en el año 2001, en base a grandes esfuerzos que se hicieron con transparencia y previa discusión en el Congreso Nacional. Justamente, la ley del déficit cero, aprobada con apoyo de las provincias, permitía al Poder Ejecutivo Nacional y a los gobiernos provinciales, disponer reducciones en todo tipo de gastos, incluidos los salarios públicos y las jubilaciones.
Tal como se aplicó la Ley desde agosto hasta diciembre de 2001, la reducción aplicada a salarios públicos y jubilaciones superiores a los 500 dólares mensuales fue de un 13 %. Abandonar la aplicación de esta ley y recurrir a la pesificación y devaluación de enero de 2002, significó bajar el gasto público de una manera brutal, disponiendo engañosamente, a través de la inflación, recortes de prácticamente el 30 % del poder adquisitivo de los salarios públicos y las jubilaciones, especialmente las menores a 500 dólares, que son las que más sufrieron el impresionante aumento de precio de los alimentos que siguió a la devaluación post-convertibilidad.
Con la reducción sincera y legal del 13 % de los salarios y las jubilaciones de más de 500 dólares, se iba a alcanzar el déficit cero en 2002, porque el resto de los ahorros necesarios vendrían por recortes significativos en la factura de intereses. Este es un tema crucial que Alfonso Pratt Gay omite mencionar en sus análisis de la crisis del 2001.
Como la factura de intereses de la deuda nacional y provincial ascendía a 12 mil millones de dólares en 2001 (cifra que había aumentado mucho a causa de los altos intereses que estaban pagando a la banca local las provincias), con la re-estructuración ordenada de la deuda se estaba reduciendo esa factura a 5 mil millones año.
Ya al 30 de noviembre, con el cierre de la primera etapa en la que se habían logrado transformar en un Préstamo Garantizado más de 55 mil millones de dólares de capital, se había logrado una economía de intereses de 4 mil millones año. Esta primera etapa de la re-estructuración nos daba además los votos para imponer “cláusulas de salida consentida”, con lo que estábamos listos para lanzar el 15 de enero de 2002 la segunda etapa, en la que esperábamos obtener una reducción adicional de 3 mil millones de dólares sobre los 45 mil millones de capital que no se habían convertido en Préstamo Garantizado. Hubieran participado el 100% de los bonos en circulación, porque las “cláusulas de salida consentida” tenían el efecto de dificultar la recolección posterior de los bonos que no se presentaran, dado que se podía cambiar, incluso, la jurisdicción en la que debían plantearse los eventuales reclamos judiciales.
Con la reducción de los gastos antes de intereses de 5 mil millones de dólares anuales más una reducción de 7 mil millones de dólares de la factura de intereses, el déficit cero no era una quimera sino que se hubiese alcanzado en 2002 sin haber tenido que recortar salvajemente el gasto público en términos reales como lamentablemente se lo hizo con la pesificación y la gran devaluación que fue su consecuencia.
Tanto para la Grecia del presente como para la Argentina que le va a tocar gobernar a quien gane las elecciones de Octubre de 2015, es fundamental que se entienda que es mucho menos costoso, tanto desde el punto de vista económico como social, producir los ajustes fiscales en forma legal y transparente, que recurriendo al engaño de la explosión inflacionaria. El resignarse a creer que es imposible eliminar el déficit fiscal a través de autorizaciones del Congreso para reducir gastos que subieron demasiado y re-estructuraciones ordenadas de deudas que se han tornado impagables, lleva a la triste recomendación de abandonar el objetivo de la estabilidad monetaria y provocar una explosión inflacionaria por emisión descontrolada de una moneda con la que, según un mentiroso eslogan político, se logra recuperar la “soberanía monetaria”.

viernes, 12 de abril de 2013

El ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, manifestó hoy que "la reforma judicial tendrá impacto en la economía" y agregó que "esto pasa porque el que dicta la política económica es alguien que llama a la 6 de la mañana.


Lavagna: "La reforma judicial impactará en la economía"


economía

El mundo no funciona así y hay otros lugares para invertir, esto es una mancha más."

Asimismo, indicó que "el congelamiento de precios de combustible es una más, se entró en un sistema de intervención permanente. El programa está desequilibrado desde el punto de vista económico. El espejo de Venezuela sirve mucho". En declaraciones a radio Mitre, Lavagna señaló que "el Gobierno siempre tiene la habilidad de distraer y matar dos pájaros de un tiro, quiere imponer la domesticación de la Justicia para responder a los deseos del Ejecutivo, pero también quiere distraer los problemas de fondo como la catástrofe de La Plata".

En ese sentido, sostuvo que "no hay inversión en algunos rubros y hay una inversión mal hecha en otros. Se pone mucho dinero en Atucha y nunca produjo nada, inversiones mal hechas en Yaciretá. Hay mucha plata mal usada, que le interesa sólo a amigos del Gobierno". "La economía va a llegar tirando a las elecciones, en este momento la economía es mediocre, con un deterioro lento" advirtió el ex Ministro y añadió que "cuando hay una devaluación es porque fracasó algo, ahora si encima que la realidad se impone no se la reconoce, la situación se complica".

martes, 7 de agosto de 2012

En Argentina el denominado marginalismo es el otro yo del Sistema.



EL BATALLÓN ABERRANTE
Por: Guillermo Rojas

Ya en infinidad de ocasiones hemos tratado la temática de la marginalidad y su relación con los gobiernos tributarios del Sistema de Dominación. Al menos aquí en Argentina el denominado marginalismo es el otro yo del Sistema que por vía de la ideología de los derechos humanos y especialmente durante este periodo del kirchnerismo ha llegado a ser uno de los pilares de la ruptura o abolición del sentido común, o sea la marginalidad especialmente moral ha sacado bajo el mismo, libreta de ciudadanía y bill de indemnidad. Resulta algo que no puede ser cuestionado, criticado o su eclosión disparatada y grotesca, no puede ser descalificada de ninguna manera, so capa de ser objeto de la persecución primeramente mediática e  incluso penal. Se la promueve desde el Estado ocupado por gente absolutamente corrompida en las ideas y conductas. Se trata de la creación de un nuevo “sentido  común”, que viene gestándose desde la llegada al poder del alfonsinismo hace tres décadas y hoy ya es aceptado como lo normal y hasta deseable por una enorme masa de personas.
Hace poco el mismo ministro de Educación, que debería ser la salvaguarda de la disciplina escolar avaló, como un triunfo de la democracia la toma de colegios secundarios, en los que hoy nos enteramos, se realizaron todo tipo de desmanes y delitos contra la propiedad. Concretamente el robo de elementos de los establecimientos educativos. Nos anoticiamos por los diarios que pese a los disparatados dichos del mencionado ministro, los alumnos que llevaran adelante esas tomas recibirán 24 amonestaciones, lo que marca la magnitud del dislate y que parece hecho a propósito pues ello reciclará las protestas y los desmanes.
Desde el mismo estado se avala a los aberrosexuales que adoptan criaturas: hoy pudimos ver en dulce montón posando en una foto, kirchneristas y macristas  junto a dos flamantes padres “igualitarios” que adoptaran un bebe. Solo aquellas parejas que han tratado de adoptar un niño saben el calvario de trámites que han tenido que hacer. Lógicamente los invertidos en la “nueva Argentina” son los únicos privilegiados
Digamos que estas son las perlas del Sistema que a diario nos van acostumbrando al reinado desafiante de los degenerados, los delincuentes y a las diversas justificaciones que suelen esgrimir sus promotores gobernantes. Sinceramente hemos llegado a pensar que la perversidad ya había logrado sus máximas expresiones. Pero nos equivocamos.
En efecto hay más. Pocos días atrás saltó a la popularidad un denominado” Vatayon Militante” integrante de la estructura del kirchnerismo cuya noble actividad era promover actos culturales con los presos comunes como protagonistas, lo cual no estaría mal siempre que se hicieran dentro de las cárceles donde esa gente tiene que estar por imperativo de la ley. Pero ya sabemos cualquier cosa vinculada al kirchnerismo es una suerte de ameba viscosa y repugnante cuya finalidad no es otra que la destrucción de la moral, el derecho, la lógica y finalmente, como ya hemos dicho, el sentido común.
Así como estos amorfos nos han acostumbrado a la delincuencia desbocada apodada inseguridad, también nos quieren acostumbrar a que esa delincuencia no debe recibir castigo alguno por que es víctima de la sociedad. Primero lo han verbalizado desde hace añares con personajes como  el ex terrorista Verbitzky o el intragable gordo Arslanian como primeras espadas y hoy gracias a los militantes de La Campora lo llevan a la práctica organizando actos político partidistas disfrazados de culturales donde interviene gente tan connotada como el baterista de Callejeros que quemara viva a su mujer y que se encuentra condenado o el “barra” de River que matara a un rival en un sonado hecho de los tantos protagonizados por esas bandas de desalmados.
 Es la constante en la degradada ideología de los Derechos Humanos: todos los derechos para el marginal, en este caso el delincuente, mientras la víctima no cuenta y la justicia tampoco. Hay que acostumbrar al vulgo de que vivimos en la anarquía, en el mundo del revés. Es el anarco-progresismo
Lo más increíble, lo más indignante, es el aval y la disculpa justificadora de la delincuencia, que por ejemplo la verborragica que habita la Casa Rosada hiciera de la “noble actividad” de los señores barras bravas diciendo en elogio de ellos   
En la cancha colgado de la paraavalancha y con la bandera, nunca mirando el partido, porque (los barras) no miran el partido. Arengan y arengan y arengan, la verdad mi respeto para todos ellos. Porque la verdad que sentir pasión por algo, sentir pasión por un club, es también, ¿sabés qué?, estar vivo”. Lógicamente que las víctimas de estos delincuentes no deben opinar lo mismo, los que estén vivos se entiende.
Y para culminar: La violencia en el fútbol no debe circunscribirse a un grupito, además las cosas más graves no pasan dentro de la cancha, sino afuera”. Deplorable. Ni El Abuelo o Diceo lo hubieran hecho mejor.
Si el sentido común es lo que la gente piensa en  general sobre un tema en particular. Si es un acuerdo natural de las personas sobre que  algo es razonable que se haga. O una creencia que la gente considera prudente sobre un tema o situación, sin necesidad de que esa información esté comprobada científicamente o que sea parte de un conocimiento esotérico; lo único importante es que la gente lo tenga en común, el sistema lo está trastocando desde hace como mínimo tres décadas. Si es razonable que los delincuentes purguen una condena por sus crímenes, si es lo lógico que un niño tenga un padre y una madre y no dos padres o dos madres, si es lo necesario que en la sociedad haya quienes manden y quienes obedezcan, si lo normal es que se proteja a la víctima y se castigue al victimario, este Régimen opresivo, hoy con la conducción del kirchnerismo (podría ser de cualquier otro grupo porque todos son lo mismo) no lo cree así y milita con su Batallón Aberrante  en favor de la destrucción de ese andamiaje que se suele denominar normalidad.
Para eso se ha descargado sobre la sociedad una gigantesca montaña de excrementos, en la cima de la misma está el kirchnerismo con sus banderas desplegadas a los cuatro vientos como los andinistas  orgullosos de haber hecho cumbre