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sábado, 15 de marzo de 2014

El factor Bergoglio.

A UN AÑO DE LA ASUNCIÓN PAPAL



(AW) El papa Francisco I se ha demostrado heterodoxo en lo pastoral y conservador en los fundamentos: flexibilidad táctica e intransigencia estratégica. En el pasaje completo de la “Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel”: “La miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo.” El 'aggiornamiento' que quiere desarrollar Bergoglio, ahora convertido en Francisco, pretende devolverle a la Iglesia la capacidad moral y política para desarrollar su función: ser garante del orden, un factor pacificador que colabore en la “gobernanza” de los pobres y la contención del movimiento obrero, a casi seis años de crisis mundial que no encuentra salida en el horizonte. Más allá de los gestos “transgresores”, los objetivos estratégicos son claros. Identificarlos, poner el alerta y sacarlos a la luz para combatirlos es una obligación de quienes apostamos a la rebelión y no al “suspiro” de los oprimidos, para terminar con la miseria real y en consecuencia con la miseria religiosa.
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 Por Fernando Rosso 
El restaurador: crisis orgánica en la Iglesia
La elección de Jorge Mario Bergoglio como jefe de la Iglesia Católica, el pasado 13 de marzo, tuvo más que ver con la crisis orgánica interna de la institución, que con problemas políticos nacionales o internacionales. El escándalo de la pedofilia generalizada, imposible de seguir encubriendo, los negocios del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como la “banca vaticana”, a través del cual se blanquearon miles dólares o euros provenientes del lavado. Y una institución en extremo elitizada en el marco de una crisis mundial, empujaron a la escisión con sus “representados” y a la pérdida de fieles en todo el mundo.
En cierta medida, para la casta que venía al frente de la curia vaticana, Bergoglio era un 'outsider'. El primer latinoamericano, el primer jesuita y proveniente del “fin del mundo”. Estaba ubicado en los márgenes de los centros de poder de Roma y paradójicamente esa condición le dio la posibilidad del éxito.
La experiencias de los gobiernos latinoamericanos de la última década, incluido el kirchnerismo, como procesos de “desvío”, contención e institucionalización pasivizante de movilizaciones y rebeliones populares, fueron útiles para la tarea política de Bergoglio frente a la crisis de la Iglesia. No faltaron quienes compararon los gestos simbólicos de ruptura del protocolo y acercamiento “a la gente”, con los del kirchnerismo de los orígenes, los de Néstor Kirchner. Y hasta llamaron al renunciante Ratzinger, “el Duhalde” [presidente argentino responsable de las masacres de 2002] de Bergoglio.
El equilibrista: de Medellín 1968 a Aparecida 2007
El enfrentamiento de clases condicionó también la historia y los avatares de la Iglesia. El Concilio Vaticano II y su traducción más radical en Latinoamérica, con la Teología de la Liberación (TL) o los curas tercermundistas, reflejó un momento de crisis y radicalización política. Ningún aparato, ni siquiera la Iglesia, es más fuerte que las leyes de la historia. Y la crisis y agudización de la lucha de clases, tuvo su manifestación distorsionada en la lucha de tendencias dentro de la misma.
El Concilio Vaticano II, desarrollado entre 1962 y 1965, una especie de reforma constitucional de la Iglesia, llevada adelante por el papa Juan XXIII, fue un movimiento preventivo en un momento preparatorio de crisis y con una institución que se estaba volviendo anacrónica. Un movimiento de “apertura” de los contornos más retrógrados de la doctrina. En Medellín (Colombia), en 1968, tuvo lugar la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), que dio nacimiento a la Teología de la Liberación.
Desde aquel momento, Bergoglio viene desarrollando un debate doctrinario a dos puntas: tanto contra los sectores más conservadores (como el Opus Dei), como contra los más radicalizados, la TL o el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Su referencia fue la Teología Popular, una traducción más moderada del Concilio Vaticano II, que impulsaba la “opción por los pobres” y la “religiosidad popular”, pero rechazaba conceptos como “clase oprimida” que hacían al coqueteo ideológico de la TL con el marxismo. Se delimitaba de los contornos más de “acción” de la TL, y la opción era por el “tutelaje” de los pobres.
Si en convulsivos años 60 y 70 del siglo pasado su eje estuvo en el combate a los sectores más radicalizados, una vez derrotados los movimientos revolucionarios y el asentamiento de la restauración (muy bien representado por Juan Pablo II), hoy su epicentro está en convencer a las clases dominantes de la necesidad de la contención de los pobres.
En la quinta conferencia de la CELAM, desarrollada en Aparecida (Brasil) en el año 2007, cuyo documento final fue redactado por Bergoglio, dejó asentada sus concepciones: un discurso progresista, bajo fundamentos conservadores (cualquier parecido con el peronismo en general y el kirchnerismo en particular, no es pura coincidencia).
Heterodoxo en lo pastoral y conservador en los fundamentos: flexibilidad táctica e intransigencia estratégica. Esto llevó a combinar un relato a favor de los pobres y excluidos con las cruzadas contra el matrimonio igualitario y la “madre de todas las batallas”: contra el aborto.
Frente a su propia crisis, la Iglesia parece alinearse bajo el arbitraje de un nuevo “centro”, tanto los referentes que quedan de la Teología de la Liberación, como recientemente representantes del Opus Dei, manifestaron su conformidad con la orientación de Francisco I.
El colaborador: Bergoglio y la dictadura
El rol de Bergoglio bajo la dictadura, cuando era delegado, “Provincial” [gobernador], de la Orden jesuita en la Argentina, sigue generando polémica. Los casos más resonantes de esta relación fueron los de los curas jesuitas Yorio y Jalics, detenidos y torturados en la ESMA y el rol jugado por Bergoglio para facilitar su detención. El relato que hace Marcelo Larraquy en su reciente biografía sobre Francisco, deja en evidencia que Bergoglio dejó [aban]“donados” a los curas, ante la persecución de sus captores.
La discusión planteada en los términos de si “actuó mal” en los casos de Yorio y Jalics o “actuó bien” en otros, no tiene síntesis posible, si no se dimensiona la estrategia de conjunto de un miembro jerárquico de la iglesia católica, máximo gobernante de una de sus órdenes (la Compañía de Jesús), frente al genocidio que se estaba llevando adelante con la complicidad directa de muchos miembros de su iglesia.
No existen testimonios que afirmen que Bergoglio fue un colaborador de los [sacerdotes] que bendecían los instrumentos de tortura y ayudaban a arrancar las confesiones a los detenidos. Pero sin embargo, conocía la masacre que se estaba llevando adelante, mientras ocupaba un puesto de mando en una institución colaboracionista. Ayudó a personas en casos específicos y dejó a la intemperie a otros que estaban en situaciones más expuestas (como Yorio y Jalics); y sobre todo, guardó silencio político ante el genocidio.
El estratega: tutelar la pobreza y unificar a la burocracia sindical
Dos movimientos sociales se destacan entre los apadrinados por Bergoglio [en Argentina]: la Fundación La Alameda y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). El MTE, dirigido por Juan Grabois, hijo de uno de los dirigentes la organización peronista [ultraderechista] de los años '70 Guardia de Hierro, agrupa a trabajadores cartoneros.
Lo interesante es la concepción desde la que se orienta esta “opción por los pobres”: “La alianza con estas organizaciones sociales tiene el eje en señalar a los pobres como víctimas y proponer una política de “rescate” (…) invisibilizando los momentos de auto organización y participación en luchas colectivas no tuteladas. La impronta colonial de las organizaciones salvíficas organiza todo un discurso de rescate y tutela que se siente “defraudado” cuando los supuestos salvados (...) rechazan y/o critican la misión de fundar cooperativas según la normativa de estas organizaciones” (Revista Crisis Nro. 17, Diciembre 2013).
El rescate tutelado y paternalista de los pobres y la contención del movimiento obrero por un sindicalismo que mantiene un sistema semi-totalitario de control de las organizaciones, son los objetivos estratégicos de Bergoglio, para garantizar el orden y la propiedad (además de la familia).
Las relaciones de Bergoglio con dirigentes de las fuerzas políticas de Argentina [abarcan, por ejemplo] al Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, identificado con el Opus Dei, “hombre de fe”, o Julio Bárbaro y Guillermo Moreno, relacionados desde la época de su acercamiento a [la ultraderechista] Guardia de Hierro, organización a la que otorgó la dirección de la Universidad del Salvador, cuando la Compañía decidió desprenderse de ella por problemas políticos y financieros.
Últimamente se “reconciliaron” Cristina Fernández y el “ex jefe espiritual de la oposición”, cuyo primer obsequio hacia la presidenta, para marcar la agenda, fue el “programa” de Aparecida [el ya mencionado y conservador documento final, redactado por Bergoglio, de la reunión de la CELAM en 2007].
El pacificador: “suspiro” o rebelión de los oprimidos
En la mundialmente conocida obra teatral “Marx en el Soho” (de la que también existe una adaptación argentina, dirigida por al actor Manuel Callau), el guionista [Howard Zinn] hace protestar al Marx ficcional, porque a lo largo de la historia se repitió infinidad de veces la sentencia en la que afirma que “la religión es el opio del pueblo”, pero nunca se la comprendió profundamente. Este Marx relee el pasaje completo de la “Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel”: “La miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo.”
El 'aggiornamiento' que quiere desarrollar Bergoglio, ahora convertido en Francisco, pretende devolverle a la Iglesia la capacidad moral y política para desarrollar su función: ser garante del orden, un factor pacificador que colabore en la “gobernanza” de los pobres y la contención del movimiento obrero, a casi seis años de crisis mundial que no encuentra salida en el horizonte. Más allá de los gestos “transgresores”, los objetivos estratégicos son claros. Identificarlos, poner el alerta y sacarlos a la luz para combatirlos es una obligación de quienes apostamos a la rebelión y no al “suspiro” de los oprimidos, para terminar con la miseria real y en consecuencia con la miseria religiosa.
Alfil. Extractado por La Haine

domingo, 25 de noviembre de 2012

Sobre la presunta procedencia hebrea de Milton Friedman.

Red Patriotica Argentina 





http://www.enlacejudio.com/2012/07/31/en-el-centenario-de-milton-friedman/
http://www.lapalabraisraelita.cl/3%20junio%2005/Joyce.htm

Las relaciones entre la ideología "friedmanita" y la ascendencia familiar y religiosa judía de Friedman, caso de existir, se estudiarán en otra entrada de esta bitácora. Ahora sólo nos interesa la naturaleza y consecuencias de las producciones teóricas de Friedman, cuya influencia en la expansión de aquello que se denomina "neoliberalismo" a escala mundial está fuera de toda duda.
 Friedman es una de las personas que más daño han hecho a los pueblos del mundo (!rechacemos ya de plano la palabra "humanidad"!), sin embargo, casi nadie pretendería que este profesor de la Universidad de Chicago sea un asesino. Al contrario, fue un respetable "ciudadano judeo-norteamericano" adornado con la totalidad de los gloriosos emblemas antifascistas que legitimaran -y siguen legitimando- las masacres realizadas por occidente: democracia, libertad, derechos humanos, progreso... No en vano se le concedió a este auténtico psicópata y canalla un Premio Nobel, como a Obama. Si hubiera perecido en el atentado islamista a las Torres Gemelas (11-S), Friedman habría sido considerado una "víctima"; Estados Unidos e Israel están repletos de este tipo de potenciales "víctimas", cuya "ejecución selectiva" deberíamos, al parecer, lamentar y condenar political correctness como un acto de terrorismo. En realidad, Friedman ha sido un destacado teórico -pero no el único- de los criminales que nos gobiernan, los mayores genocidas de la historia. Friedman diseñó desde 1953 los programas económicos con que la oligarquía transnacional lleva décadas destrozando la vida de la gente en diversos países. Las ideas criminógenas de Friedman son las que llenan la cabeza nuestros políticos "democráticos", de ahí que éstos sean, necesariamente, enemigos objetivos de la comunidad nacional, auténticos testaferros que -consciente o inconscientemente- trabajan para una potencia extranjera y una secta bíblico-talmúdica de tarados apocalípticos con las manos manchadas de sangre. La doctrina de Friedman representa, bien es cierto, sólo la dimensión económica de un imaginario ideológico mucho más vasto que, articulado entorno al antifascismo, constituye la superestructura discursiva del sistema oligárquico occidental. Antes de continuar adelante, recomendamos que se visione el siguiente youtube, basado en una conferencia de Naomi Klein donde la propia autora resume el contenido de su obra capital La doctrina del shock (2007):
 Para situarnos un poco en el tema -los que no nos tenemos por expertos en economía- quizá convenga, a la hora de entender qué es "realmente" el neoliberalismo friedmanita, trazar en gruesos perfiles aquello que ha sido considerado habitualmente como su negación, a saber, el Estado proteccionista y las políticas económicas keynesianas. Las sorpresas pueden resultar aquí mayúsculas, siendo así que, al parecer, la primera experiencia histórica de un Estado que ampara a su pueblo de los peores abusos del sistema capitalista es la Alemania imperial de Bismarck:
 El estado del bienestar nació en la Alemania del conde Otto von Bismarck (1815-1898). / Durante el decenio de 1880 el desenvolvimiento de la sociedad alemana no se vio perturbado por las restricciones ricardianas y clásicas del papel del Estado. Los economistas alemanes se ocupaban de la historia, y de sus obras no solían desprenderse graves advertencias con respecto a las intromisiones del gobierno, Conforme a la tradición prusiana y alemana, el Estado era competente, benéfico y sumamente prestigioso. Lo que se consideraba como principal peligro de la época era la activa militancia de la clase obrera industrial en rápido crecimiento, con su ostensible proclividad a las ideas revolucionarias, y en particular, a las que provenían de su compatriota recientemente fallecido, Karl Marx. Proporcionando el más claro ejemplo de temor a la revolución como incentivo para la reforma, Bismarck urgió a que se mitigaran las más flagrantes crueldades del capitalismo. En 1884 y en 1887, después de apasionadas polémicas, el Reichtag adoptó un conjunto de leyes que otorgaban una protección elemental bajo la forma de seguros en previsión de accidentes, enfermedades, ancianidad e invalidez. Aunque fragmentariamente, se adoptaron luego disposiciones similares en Austria (Galbraith, J. K., Historia de la economía, Barcelona, Ariel, 1993, pp. 229-230).
Existía, por tanto, una vía "alemana" frente al liberalismo occidental anglosajón de los economistas clásicos. Hitler, en su política económica, se limitó a tirar del hilo de esta tradición, a fin de constituir, desde pilares económico-sociales, un nacional-socialismo que -bajo el punto de vista estrictamente económico y sólo ése, por supuesto- es el antecedente más remoto del keynesianismo y, por ende, del "modelo europeo" erigido frente al salvajismo neoliberal de procedencia norteamericana. El denominado "keynesianismo", opuesto simétrico del neoliberalismo (veremos que las cosas son más complicadas) tiene, en efecto, su antecedente en Adolf Hitler:
 (...) hubo keynesianos antes de Keynes. Uno de ellos fue Adolf Hitler, quien, libre de las cadenas de una teoría económica, emprendió un gran programa de obras públicas al tomar el poder en 1933, entre las cuales el ejemplo más visible fueron las Autobahnen. En verdad, empezó invirtiendo en obras de ingeniería civil, antes de emprender los gastos armamentistas. Los nazis tampoco hacían ningún caso de las limitaciones de los ingresos públicos, pues recurrían sin escrúpulos a la financiación a través del déficit. De esta forma la economía alemana pudo recuperarse de la caída devastadora sufrida anteriormente. Hacia 1936, el desempleo, que había ejercido una influencia tan considerable en el acceso de Hitler al poder, había sido eliminado en gran medida (Galbraith, J. K., op. cit., pp. 242-243).
En consecuencia, la actual política de Ángela Merkel, que se quiere vincular a la ética protestante del ahorro y del ascetismo, nada tiene que ver con esa supuesta tradición en tanto que "tradición económica alemana". La tradición económica alemana podrá ser ascética, luterana, productivista y lo que se quiera, pero no monetarista en el sentido friedmanita. Friedman es la versión oligárquica de las sociedades de consumo post-calvinistas. Ya aclararemos más abajo en qué consiste aquí la clave axiológica del asunto. Por el momento limitémonos a constatar que el paradigma europeo de economías mixtas se inspira en Alemania y en el fascismo. Hemos cruzado los datos con otra obra de reconocido prestigio a fin de que no se pueda pretender alegremente que ésta es sólo una opinión de Galbraith: se trata de un hecho admitido y consensuado entre los especialistas, aunque cuidadosamente ocultado a los ciudadanos, quienes no deben saber que cuando se habla de "Keynes el benefactor" en realidad debería hablarse de una política social "alemana", anticipada por los regímenes fascistas a fin de frenar el avance del genocidio comunista sin renunciar al dinamismo económico del mercado:
  Un segundo problema se refiere al nombre que deberíamos dar a la economía política más allá de Keynes. Para quienes se encuentran en la tradición marxista, el capitalismo dejará paso al socialismo. Acontecimientos tales como la planificación, los controles de salarios y precios y otros pueden interpretarse como extensiones del socialismo, en especial si se refuerzan con una mayor propiedad pública y el incremento de la democracia industrial tal como preconiza Stuart Holland (véase cap. 9). Por el contrario, Winkler razona que se comprenden mejor como "el corporativismo venidero", un sistema de control estatal sobre una economía privatizada: un modelo evidentemente derivado del fascismo (Skidelsky, Robert, El fin de la era keynesiana, Barcelona, Laia, 1982, p. 12).
En consecuencia, el régimen chino, cuyos vertiginosos crecimientos económicos todos conocemos, sería, por lo que a la economía respecta, un ejemplo de "ecónomo fascismo"; pero también lo habrían sido las benefactoras administraciones socialdemócratas de los países nórdicos europeos durante los años sesenta del siglo pasado.
El dogma neoliberal
La economía friedmanita o "neoliberal" puede definirse como la negación, punto por punto, de todo aquello que ha venido caracterizándose de forma harto simplificada como "keynesianismo", aunque en realidad esta última etiqueta encubra un transfondo mucho más profundo y "perturbador" que la doctrina económica de Keynes. Así lo hemos sugerido mediante unos pocos ejemplos escogidos de "información chocante" que apuntan, todos ellos sin excepción, al "misterio del fascismo". Para los no expertos en economía, la síntesis del neoliberalismo friedmanita puede resumirse en una sola frase: aquello que universalmente se ha aplicado en el mundo occidental cuando se apelaba a Friedman es la política monetarista. En teoría, se trataría de evitar la inflación inherente al "keynesianismo" restringiendo la emisión de moneda, de suerte que fueran la competencia y el mercado los factores que regularan los precios sin la "artificial" intervención del Estado. No obstante, a pesar de que las medidas neoliberales apenas afectaron a la inflación, sí perjudicaron, en cambio, a la economía productiva, pero aquellas se siguiéron aplicando como máxima expresión de una "ortodoxia" de procedencia poco menos que religiosa. ¿Cuáles fueron las consecuencias reales del neoliberalismo más allá de las declaraciones retóricas entorno a la libertad, la competencia y el mercado? O en otros términos: cui prodest el monetarismo. Galbraith responde.

    Para algunos, la política monetarista tenía (y sigue teniendo) otro atractivo, aún mayor, que en forma curiosa y hasta imperdonable ha pasado inadvertido para los economistas: el de no ser socialmente neutral. Obra contra la inflación elevando los tipos de interés, con lo cual, sucesivamente, inhibe las operaciones de crédito de los bancos y la resultante creación de depósitos, es decir, de dinero. Los altos tipos de interés son sumamente gratos e instituciones que disponen de dinero para prestar, las cuales poseen normalmente más recursos que quienes carecen de fondos con ese objeto, o bien, salvo muchas excepciones, que quienes toman el dinero prestado. Se trata de una verdad tan evidente como impropia. Al favorecer de este modo a los individuos e instituciones opulentos, una política monetaria restrictiva viene a ser todo lo contrario de una política fiscal restrictiva, la cual, al fundarse efectivamente en un incremento de las contribuciones de los particulares y de las empresas, afecta negativamente a los ricos (Galbraith, J. K., op. cit., p. 2999).
Y añade:
 Los nutridos aplausos que los conservadores ricos tributan al profesor Friedman están muy lejos de ser inmerecidos (op. cit., ibidem). 
En suma, el monetarismo convierte el dinero en un bien escaso, que aumenta así su precio, y tiende a favorecer al capitalismo financiero en perjuicio de la economía productiva, los consumidores, los trabajadores y el conjunto de la sociedad. Galbraith escribió el fragmento citado en 1989 y, desde luego, no pretendemos explicar la actual crisis económica a partir de dicho planteamiento. Sin embargo, una característica innegable de la situación a la altura del año 2012 si la comparamos con las fechas en que se publicó la obra de Galbraith es el incremento desmesurado del poder del capitalismo financiero, el cual controla ya directamente los gobiernos sin necesidad de unos tipos de interés altos. El asalto al Estado por parte de la alta finanza tiene su punto de apoyo en la denominada deuda soberana y en los intereses de la misma, cada vez más elevados. Este proceso comenzó en los años 70 y 80 del siglo pasado:
A principios del decenio de 1980, los tipos de interés se elevaron a niveles sin precedentes en Estados Unidos, hasta el punto que a la inflación de dos dígitos se opusieron tipos de interés de esta misma magnitud. Estos últimos redujeron la demanda de nuevos edificios, de automóviles y de otras adquisiciones financiadas con créditos. Y durante 1982 y 1983 acarrearon también una brusca restricción de los gastos de inversión de las empresas. Esto, a su vez, produjo un gran incremento del paro, que ascendió al 10,7 por ciento de la fuerza de trabajo a fines de 1982. Se llegó también a la más elevada cantidad de quiebras de pequeñas empresas desde el decenio de 1930, y a un serio deterioro de los precios agrícolas. Además, los elevados tipos de interés produjeron un gran flujo de divisas, las cuales reforzaron el valor del dólar, redujeron las exportaciones estadounidenses y favorecieron sobremanera las importaciones, especialmente del Japón. El resultado de todo esto fue el advenimiento de la peor crisis económica desde la Gran Depresión (op. cit., pp. 300-301).
    

Estos fueron los resultados de la política monetarista en Estados Unidos según Galbraith. Hasta el punto que el propio Friedman, ante la evidencia del desastre, se desmarcó de su propia criatura con la siguiente frase: "Si la política que aplica la Reserva Federal es monetarista, entonces yo no lo soy" (op. cit., p. 300, n. 5). Sin embargo, como sabemos, la crisis actual, que empieza en 2007, no proviene de la restricción del crédito y de los tipos de interés altos en Estados Unidos, sino todo lo contrario, a saber, del exceso de crédito y de la total ausencia de control o regulación de los flujos financieros en ese mismo país (la madre del cordero, por decirlo así). Se supone que dicha política le resultaba provechosa a la alta finanza, la cual, a pesar de desencadenar el crack, ha salido beneficiada del mismo con enormes ganancias a título personal (directivos), ha tapado los agujeros de los bancos privados con dinero público y ahora se apresura a conceder créditos al propio Estado acreedor pero con elevadísimos tipos de interés, que fijan las agencias de rating en función de "criterios de riesgo" (!como si el riesgo por excelencia no lo encarnaran, precisamente, los propios usureros!). En suma, no parece que el concepto de monetarismo permita explicar el poder del capitalismo financiero, pues éste domina la política tanto a través de estrategias restrictivas de la emisión de moneda, cuanto a través de los tipos de interés bajos y la generación perversa de una deuda soberana que en realidad entraña la liquidación del poder ciudadano y la sumisión del Estado. No otra era la previsión de Hitler y, nos guste o no escuchar esto, dicha previsión se ha cumplido hasta extremos estupefacientes. Quizá la clave del asunto se encuentre en la dirección de una discreta observación de Galbraith:
 Empero, la receta de Friedman presentaba una dificultad más grave todavía, a la cual ya nos hemos referido, o sea, que en la economía moderna nadie sabe con certeza lo que es el dinero. Lo son, sin duda, el dinero en efectivo y los depósitos a la vista. Pero, ¿qué diremos de los depósitos de ahorro permanentemente disponibles para retirar fondos, y de los que pueden convertirse fácilmente en cuentas corrientes? ¿Cómo puede definirse la capacidad adquisitiva que proporcionan las targetas de crédito, o las líneas de crédito que todavía no han sido utilizadas? Y además, estos agregados monetarios, por más arbitraria que sea su designación como dinero, ¿pueden en verdad ser objeto de regulación? (op. cit., 298).
Observemos que en el año 1989 está señalando Galbraith el meollo de la crisis del 2007, a saber, la escandalosa ausencia de regulación de los flujos financieros. La economía neoliberal no se define únicamente a partir del texto escrito, de la letra de Friedman, sino por las contradicciones e insuficiencias del enfoque monetarista, que debería incluir en su mismo concepto el papel hegemónico del capitalismo financiero en los Estados Unidos (y, desde ahí, en el resto del hemisferio oeste y el planeta Tierra en su totalidad). La noción ampliada de monetarismo nos conduce a un escenario en el que los poseedores del dinero controlan el conjunto de la economía productiva y la someten a sus intereses elitistas, de signo religioso y racial. Dicho control representa, empero, sólo el trampolín de la conquista del poder político, a la que estamos asistiendo en tiempo real en Europa con los nombramientos a dedo de técnócratas oligárquicos para cargos de gobierno. Estos caballeros aparecen entre las sombras y de repente se ponen a "gestionar" un país. La secta los envía. Se trata de golpes de Estado silenciosos, perpetrados por esa misma oligarquía al objeto de asfixiar cualquier forma efectiva y real de procemiento democrático o fiscalización ciudadana de los poderes públicos. Cataluña, la finca privada de la mafia catalanista, es un ejemplo harto cognoscible, por su inmediatez, del tipo de sociedad ensordecida, narcotizada y amordazada que el futuro nos depara.
Pero, ¿cuáles y quiénes son los grupos que en estos momentos están empuñando a la descarada, ya sin rubor, las palancas gubernamentales de los maltrechos estados nacionales para erigir una articulación nueva, autoritaria, del mismo estamento oligárquico que ya existía, pero oculto tras la fachada pseudo democrática, tras el oscuro "poder de posguerra" (1946-2007)? Nuestra respuesta: los ideólogos y gestores sionistas, de Wall Street a Tel Aviv. Para acreditar esta afirmación nos remitiremos a los análisis de James Petras, un autor de izquierda radical poco sospechoso de "hitlerismo".

JAUME FERRERONS
Blog Nacional-Revolucionario

lunes, 11 de junio de 2012

“No les crean a los mercaderes de la muerte, si quieren drogas que las tomen ellos”, dijo Bergoglio, y el vocero cloacal del narcokirchnerismo se enojó.


Mercaderes de Bergoglio
Diario Página 12 – Sección Sociedad – 10.06

El cardenal Jorge Bergoglio criticó ayer el proyecto de ley para despenalizar la tenencia de estupefacientes para consumo personal, que apoyan sectores del Gobierno y de la oposición, con destacados juristas. “No les crean a los mercaderes de la muerte, si quieren drogas que las tomen ellos”, dijo Bergoglio en un mensaje en las proximidades del Congreso de la Nación ante participantes de la marcha juvenil que anticipó la fiesta religiosa de Corpus Christi. En una crítica directa a los legisladores, Bergoglio los llamó “los señores de la razonabilidad” para los cuales, según él, “Jesús es el señor de la locura”.