Hijos y nietos de presos políticos denunciando la violación de la ley y los derechos humanos en los juicios de Lesa Humanidad en los tribunales federales de córdoba el día martes 22 de abril de 2014.
Hijos y Nietos de Presos Políticos hacen conocer la injusta detención de sus familiares.
TRIBUNALES FEDERALES DE LA CIUDAD DE CORDOBA, 22 DE ABRIL DE 2014.
Palabras de Anibal Guevara
Una vez más nos encontramos, una vez más parados en una tarima inimaginable hasta hace no mucho.
Una vez más en la tarima que no hubiésemos elegido.
Una vez más de pie junto a nuestra familia, pero no por el sólo hecho de que sea nuestra familia, sino porque el Estado una vez más, viola sistemáticamente los Derechos Humanos y vuelve a abusar del poder.
Porque nuestros viejos están presos no porque hayan podido probarles responsabilidad objetiva en algún delito, sino porque son usados como símbolo.
Los usan como símbolo del autoritarismo, parándose supuestamente en la vereda opuesta, pero no hay peor autoritarismo que abusar del Estado en democracia, porque cuando el Poder Judicial cede ante las presiones del poder Político y se vuelve funcional, nos deja a todos en riesgo.
Porque si el Poder Judicial acepta la intromisión del poder político, no podemos esperar que juzgue la corrupción o frene los negocios del poder como el narcotráfico, pero sobre todo, porque quedamos en libertad condicional hasta que nuestra prisión les sirva para algo mejor que nuestra libertad
Acá estamos delante de un edificio que debería representar a la justicia, aunque esa palabra le quede demasiado grande a cualquier poder judicial del mundo. Sobre todo cuando hablamos de la pérdida de un ser querido porque no hay reparación que pueda hacer el Estado para equiparar esa ausencia.
Entonces, ¿para qué estamos acá?
Acá estamos porque lo más cerca que puede estar el hombre de la justicia es la Legalidad, el respeto irrestricto del Estado de Derecho, de la Constitución y los Derechos Humanos, y hoy, en el 2014, en nuestro país esto está ausente.
Las causas de Lesa Humanidad son solamente un recurso político, un plan en el cual se condena sistemáticamente a los imputados sin importar el rol o la forma de actuar durante los 70, para poder usar sus condenas como supuestos éxitos, como cortina de humo o como blindaje a las críticas.
Acá estamos reclamando Legalidad. Que nadie escuche en nuestras palabras un pedido de impunidad o la defensa de lo indefendible.
Sobre nuestros padres, así como sobre el actual jefe del ejercito Cesar Milani, pesan denuncias que, como toda denuncia, deben ser investigadas con estricto recelo del respeto a la legalidad y el debido proceso, ya que como se juzga a los militares de haber subvertido el orden institucional, haber reprimido ilegalmente y haber violado los derechos humanos, todo proceso originado en denuncias de este tipo tiene que ser intachable para ser coherente. Pero aquí la coherencia también está ausente.
Así, el Poder Judicial argentino está cometiendo diversos y gravísimos delitos. Desde el prevaricato que significa el dictado de sentencias arbitrarias y sin pruebas a sabiendas de que dichas resoluciones violan la ley, hasta inclusive el homicidio culposo en el que los jueces incurren cuando abandonan a nuestros viejos o les niegan la atención médica necesaria. Ya contamos 232 muertos y este es un número que aumenta cada año.
Acá estamos para que eso no continúe pasando. Porque este tipo de violaciones a los Derechos Humanos son peores aun en plena democracia. Que la tragedia del pasado no habilite la tolerancia a estas nuevas violaciones. ¿En quién nos convertimos si las aceptamos? ¿No quedaríamos demasiado cerca de lo que supuestamente estamos condenando?
¿De qué sirve todo esto? ¿Qué han aportado a la verdad estos procesos si nadie habla porque digan lo que digan sus condenas están puestas de antemano?
¿Qué verdad esperamos?
No nos gusta hablar de verdad, porque en definitiva es inexistente o cuanto menos inalcanzable. Dos personas pueden ver el mismo hecho desde perspectivas culturales absolutamente distintas y contarlas con toda sinceridad. Van a ser dos cuentos distintos del mismo hecho, pero ambos van a ser verdad. El análisis sincero de la historia debe contemplar las múltiples verdades sin prejuicios para llegar lo más cerca posible de la forma en la que fueron los hechos. Estamos perdiendo otra oportunidad histórica de acercarnos a la verdad, encerrados en los prejuicios, y en nuestra percepción, pequeña, incompleta, asumiendo que las cosas son blancas o negras, cuando el mundo es en realidad una escala de grises.
Nuestra sociedad tiene cosas irresueltas, una violencia marcada a fuego en nuestra idiosincrasia. Como bien escribe el Doctor en Filosofía y Ciencias Políticas, además de antiguo guerrillero Héctor Leis, cualquier observador neutral puede comprobar fácilmente dos cosas: la primera, que la distinción de amigo-enemigo atraviesa prácticamente cada nanomilímetro de la vida pública y privada; la segunda, que los actores orientan su acción enfatizando mucho más el lado “enemigo” que el “amigo”. Nuestra percepción actual del conflicto de los años 70 muestra de forma dramática la ausencia de tolerancia. Desde una perspectiva social, lo peor de la historia argentina de las últimas décadas no fue la catástrofe de los años 70 sino el hecho de que la amplia mayoría de los ciudadanos pasó por ella sin comprender su sentido profundo.
La generación de nuestros padres sigue como un tiki-taka, atada a la arandela de la historia que prácticamente los esclaviza a chocar eternamente, nosotros no queremos eso. No queremos que la arbitrariedad e ilegalidad a las que nos someten nos llenen de resentimiento. No queremos seguir atados a una historia sin aprender nada. Queremos el dialogo, el encuentro, el respeto y el entendimiento necesario para crecer. Es difícil, constantemente recibimos ataques directos contra nuestros padres e incluso contra nuestras familias y nosotros mismos. Pero no hay que perder de vista que es un odio que no nos pertenece. Que pertenece a una historia dolorosísima que hay que superar aprendiendo de una buena vez del pasado y creciendo como sociedad.
A los familiares de los desaparecidos les pedimos que no interpreten nuestra defensa a los derechos básicos de nuestra familia como una reivindicación de la situación que terminó por generarles un dolor tan grande, no es nuestra intención confrontar con ustedes ni lo va a ser, pero como ustedes, tampoco vamos a dejar de pelear por nuestros derechos, por el respeto irrestricto de la Constitución y el Debido Proceso, por los mismos Derechos Humanos.
Nosotros somos los Hijos y Nietos de Presos Políticos. Venimos de Mendoza, de Tucumán, Rosario y Buenos Aires a encontrarnos con los Hijos y Nietos cordobeses. Estamos juntos y nos juntamos cada vez más porque no vamos a permitir que nos victimicen. Vinimos porque estamos de pie para pelear por nuestros derechos. Sepan señores funcionarios judiciales que los responsabilizamos a ustedes por los delitos que están cometiendo, que algún día serán ustedes los que deban responder a la justicia, aunque esa palabra, solo contando los años que ya perdimos, siga quedando grande.
Lean nuestras banderas, recuerden nuestro logo y nuestras caras.
Acá estamos, y vamos a seguir estando.
A continuación una petición dirigida a la Corte Suprema de Justicia Argentina para que concedan la prisión domiciliaria a los militares que superan los 70 años, y a los menores de esa edad con graves enfermedades
Símbolos de la "democracia y justicia" para "todos y todas"
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