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sábado, 8 de marzo de 2014

Vengo a proponer una pesadilla.

NO A LA POLICIA COMUNAL.
Se imaginan a los VARONES DEL CONOURBANO con policia propia q responda a ellos. Donde quedarian los derechos de los opositores y de los ciudaddanos q no avalen la gestion local?.
No es una solución la POLICA COMUNAL en una provincia tan corrompida como la que tenemos. ABRAMOS LOS OJOS no hagamos lugar al arreglo Massa -Scioli! Queremos JUSTICIA y POLICIA FEDERAL entrenada y con recursos q responda a un proyecto Nacional de seguridad, no a los proyectos locales de poder. LO q se neceista es q los intendentes creen los FOROS DE SEGURIDAD MUNICIPALES,-q es ley- desde la epoca de Arslanian; donde estarian representadas todas las fuerzas vivas(policias, funcionarios, seguridad privada, fiscalias distritales) y entidas publicas (directoras de escuelas de la zona) y privadas (Colegios, ONG, Clubs de Campo, cooperativas, asociaciones comenrciales etc, Iglesias), y donde se analizaria el mapa del delito local y la manera de dar respuestas al delito en los distintos lugares de cada distrito.
No es casual q los varones del conourbano la reclamen y q muchos se hayan pasado con Massa.
PREVENGAMOS instalemos el tema antes de que sea tarde
Fui concejal en Pilar 4 años y jamas logre q el Intendete Zuccaro, hoy con Massa creara el Foro Municipal q manda la ley, esa es la herramienta y no seguir gastando y dispersando recursos en policias mal capacitadas y equipadas q respondan a un interes local y no regional. OJO y faltan mas traidores e impresentables en la foto 
 Carlos Busto

jueves, 12 de diciembre de 2013

La antipatria de joda.

La Patria en llamas...
  


Por: Mario Caponnetto 
 
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
 fueron un tiempo Itálica famosa.
(Rodrigo CaroCanción a las ruinas de Itálica).
Las agitadas postrimerías del año que fenece encuentran a la Argentina sumida en un verdadero marasmo espiritual, político, social y económico. La generalizada sublevación de las fuerzas policiales con el concomitante saldo de saqueos, pillaje, devastación y muerte en casi toda la geografía de la Patria, es tan sólo el colofón de un largo proceso de incontenible caída. La sociedad argentina está enferma, fracturada, convulsionada, confundida, corrompida y desamparada. Todo parece ir, en un permanente vaivén, de la tiranía a la anarquía. Quienes se dicen gobernantes en nada se distinguen de una banda de salteadores y criminales (que lo son de hecho, al menos en sus cabezas principales). Quienes fungen de opositores son —salvo alguna excepción— un conjunto de mentecatos cuya vacuidad intelectual y moral no conoce límite.
En medio de este panorama sombrío todo el stablishment —político, empresarial, intelectual y hasta eclesiástico, duele decirlo— se dispone a festejar los treinta años del advenimiento de la democracia. Estamos asistiendo a la puesta en escena de un gran fasto nacional, bastante menguado, ciertamente, por el humo de los incendios y el fragor de los saqueos. Un auténtico paisaje onírico… pero de pesadilla. No hemos querido, pues, dejar pasar estas circunstancias sin esbozar un balance, siquiera somero, de estos treinta años de espanto y de impostura.
La primera pregunta que cabe plantear es esta: ¿qué pasó, realmente, en Argentina, aquel 10 de diciembre de 1983 cuando el gobierno de Alfonsin inauguró esto que la historia oficial llama “el retorno de la democracia”? En efecto, lo que advino fue la democracia en su peor versión, esto es, ese régimen ilegítimo y espurio que procede de la corrupción de la república. Y su advenimiento, lejos, muy lejos, de ser el fruto de las “luchas populares” —como pretende hacernos creer la épica barata impuesta por la propaganda— no fue otra cosa que la obligada salida de un gobierno militar que, acorralado por sus propios errores y contradicciones, se derrumbó tras el último cañonazo de los defensores de Puerto Argentino. Cuando el cañón de Malvinas se llamó a silencio, el régimen militar iniciado en 1976 no tuvo otra posibilidad que convocar a la vieja partidocracia a la que, irresponsablemente y sin condiciones, entregó el poder. La misma partidocracia que, apenas siete años antes, inerme e impotente ante la subversión, cuando no directamente vinculada con ella, había generado el mayor caos y vacío de poder de que se tenga memoria.
No fue, pues, mérito de esa partidocracia la que la llevó al poder sino la vacancia de un gobierno militar que se disolvió como escarcha al sol tibio de la mañana. Es importante destacar este hecho que es la desmentida más expresa a la impostura que desde hace tres décadas se va imponiendo a las sucesivas generaciones de argentinos. Todo no pasó de un simple relevo: la autocracia militar cedió el poder a la partidocracia civil.
¿Y qué hizo esa partidocracia vuelta al poder? Lo primero, presa de una angurria voraz, se adueñó de todos los resortes del Estado al que saqueó prolijamente y convirtió en un botín de guerra. Pero, lo más grave, fue que esa partidocracia se hizo instrumento servil de una sistemática destrucción de la Argentina; una destrucción que no ha dejado nada fuera de su alcance deletéreo y que se realizó siguiendo, al menos, seis grandes líneas maestras que, a modo de hilos conductores, han permanecido inalterables, bien que con diversos grados de intensidad y con acentos distintos, a través de los sucesivos gobiernos democráticos.
La primera de esas líneas fue la imposición, a sangre y fuego, de una falsa mitología que entronizó en el centro de la vida argentina el ídolo de la Democracia y los Derechos Humanos. Esta idolatría totalitaria sustituyó a la Patria y se constituyó en una suerte de divinidad impoluta e intocable a cuyos pies se sacrificó todo. De la mano de esta idolatría se impuso una visión maniquea de nuestra historia, se sacralizó el dogma de una dictadura genocida —suma de todos los males— de la que por arte de magia vino a liberarnos la Democracia, se exaltó hasta el paroxismo la mentira de los treinta mil desaparecidos, se proclamó un nunca más que en los hechos no fue otra cosa que la reivindicación del terrorismo fratricida cuyos fautores fueron ascendidos al procerato mientras sus víctimas fueron sepultadas en el silencio y en el olvido.
La segunda línea maestra consistió en la destrucción, pensada y ejecutada hasta el detalle, de las fuerzas armadas, desmovilizadas moral y físicamente, perseguidas con saña digna de mejor causa, encarcelados sus antiguos combatientes en la guerra contra subversiva, insultadas, desprestigiadas y humilladas sin límite ni freno, reducidas a la impotencia y, con ellas, la nación toda reducida a la mayor indefensión de su historia.
La tercera de esas líneas, quizás la más significativa y exitosa, fue la guerra cultural, promovida desde afuera por bien identificadas usinas ideológicas y financieras. Esa guerra cultural —que sucedió a la guerra revolucionaria de los años setenta, guerra a la que, sea dicho de paso, el gobierno militar no entendió nunca y a la que, finalmente, sucumbió— fue y es implacable: una a una, sin pausa, logró hacer caer todas las barreras y las defensas de una sociedad en la que aún sobrevivían los restos de su origen cristiano y algunos islotes del orden natural. Cayó, así, la familia empezando con el divorcio y culminado con la legalización de la contranatura, al tiempo que se debilitaron, hasta el punto de su ruptura, los vínculos parentales, sustrayendo a los hijos de la autoridad paterna e imponiendo “modelos de familia” contrarios al orden natural y a la ley de Dios. Tras esta ofensiva contra la institución familiar, halló su cauce la “cultura de la muerte” con el aborto, la eutanasia y la contranatura como políticas de Estado. Cayó la escuela convertida en el laboratorio de las más extravagantes experiencias “educativas” e instrumento eficaz de corrupción de nuestra niñez y juventud. Cayó lo poco que quedaba del orden cristiano y de la tradición hispanocatólica gracias a una ofensiva inédita contra las raíces fundacionales de la Patria. Un indigenismo absurdo y trasnochado logró imponer en la misma Constitución la noción de “multiculturalidad” y “multinacionalidad” a la vez que se derogaron los escasos vestigios que en el texto constitucional daban cierto respaldo jurídico a la unidad espiritual de la nación. Como consecuencia de todas estas caídas se produjo la más radical y profunda sustitución del ethos social: cada día se nos hace más difícil reconocer el rostro de la Argentina histórica cubierto por la máscara deforme de este esperpento en que nos hemos convertido. Si algo mide, con angustiante exactitud, el éxito de esta ofensiva cultural es que a lo largo de estos treinta años hemos visto como el gramscismo instrumentalizado por Alfonsin, que supo suscitar una fuerte oposición católica, culmina, ahora, en la corrupción de la juventud organizada y promovida por funcionarios que se proclaman católicos.
La cuarta línea de destrucción tuvo por blanco a la Justicia sometida al más impúdico manipuleo ideológico, puesta al servicio de la venganza para con los enemigos y de la obscena impunidad para los adictos; con ella el entero orden jurídico se derrumbó. Más aún: esa disolución del orden jurídico, unida al prevaricato de los jueces, empezando por la Corte Suprema, es la que ha posibilitado que más de un millar de hombres de las fuerzas armadas y de seguridad purguen en cárceles ignominiosas el haber defendido a la Nación de la agresión subversiva. La ideología “garantista” hizo el resto al desmontar la legislación represiva del delito y proteger y promover las formas más viles de la delincuencia.
La quinta línea apuntó a disolver el orden social merced al aliento sistemático, desde el poder, del caos y de la indisciplina y al azuzamiento de los conflictos hasta llegar a la actual situación de guerra social en pleno apogeo en estos días. Esta guerra, como la cultural en su momento, responde a usinas ideológicas manejadas desde afuera con la activa complicidad de los agentes nativos. De esta manera, el resultado no ha sido otro que la anomia.
La sexta y última línea de destrucción socavó los cimientos del orden económico pues todos los males que en ese terreno veníamos padeciendo se agravaron y multiplicaron al infinito con el sometimiento a la usura y al poder financiero, con sus secuelas de endeudamiento, miseria, subdesarrollo, marginalidad social y destrucción del aparato productivo. Los períodos de “bonanza” y de “crecimiento” no desmienten lo que decimos toda vez que la bonanza no pasó de ser un mero incremento del consumismo y el crecimiento no significó un desarrollo integral de la nación. Las sucesivas recetas económicas tuvieron siempre como resultado invariable la conculcación de los derechos de los ciudadanos honestos sometidos al despojo de los bienes, al latrocinio fiscal y la pauperización creciente.
En fin, largo sería enumerar todos los horrores y las ruinas que se han ido acumulando en estos treinta años de democracia. Sólo la estulticia o la complicidad pueden llevar a pensar que hay algo que festejar en la Argentina.
No, no hay nada que festejar y sí mucho para lamentar, deplorar y aún llorar. Porque esta democracia ha cubierto al país de miseria, de ignominia, de humillación, de dolor, de muerte, de luto y de llanto.
En estos treinta años se ha ofendido gravemente a la ley de Dios, a la realeza de Cristo, a la tradición de la Patria, al orden natural, a la razón, a la lógica y al buen sentido.
Es hora de hacer penitencia. No de festejar.
 
Fte: El Blog de Cabildo
...LA ANTIPATRIA DE JODA

sábado, 6 de abril de 2013

Los vecinos de Buenos Aires y La Plata aún están padeciendo las trágicas consecuencias del temporal que se desató esta semana. Miguel Bonasso reflexiona acerca de la ausencia del Estado en la planificación urbana y la total incapacidad de los funcionarios para hacer frente a las catástrofes cuando se presentan.

BONASSO: TRAGEDIA CLIMÁTICA Y FARSA POLÍTICA


"Juegan al Gran Bonete, repartiéndose las culpas"

(AW) A continuación, su artículo completo.

INUNDACION


Por Miguel Bonasso
La furia popular trasciende las internas del oficialismo y las broncas con gobernantes opositores: en La Plata los inundados putearon ecuménicamente a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a su cuñada, la ministra Alicia Kirchner y al gobernador bonaerense Daniel Scioli. En la ciudad de Buenos Aires, el viajero Mauricio Macri y sus aláteres del PRO también cosecharon el odio de los vecinos. Odio popular contra la clase política más que justificado: seis muertos en la CABA, dos en el Gran Buenos Aires y 51 en La Plata. (Aunque algunas fuentes sostienen que hubo más de 100 víctimas fatales que se estarían escamoteando porque entre ellas habría niños y aún bebés).
Incluso si fueran 51 (curiosamente la misma cifra que la masacre de Once) ya sería una de las peores tragedias "naturales" sufridas por los platenses. Pero ¿es natural? ¿Es meramente climática, como dijo Mauricio Macri mientras defendía su derecho a vacacionar en Brasil?
Sólo alguien con muy mala fe podría negar la incidencia en estos eventos -cada vez más frecuentes y catastróficos- del cambio climático, que al cabo no es "natural" sino "ambiental", es decir producto de un sistema que se llama capitalismo. El desplome de 400 milímetros de agua en apenas cuatro horas, (que bate todos los récords históricos), parece inscribirse claramente en esta aterradora fenomenología que supimos conseguir.
Pero los políticos aludidos y otros aún más cínicos o cobardes, como el alcalde de La Plata Pablo Bruera, no fueron interpelados por una situación meteorológica global, sino por su negligencia criminal ante los desafíos concretos del territorio que deben administrar y su insensibilidad mineral ante el sufrimiento de sus conciudadanos.
Sus dichos los desnudan: "Hay algunos que no son vecinos sino agitadores y violentos que no quieren ayuda", dijo Alicia Kirchner con el lenguaje policial que se le pegó de sus tiempos como funcionaria de la dictadura militar.
"La lluvia no es radical ni peronista, es lluvia", sermoneó su cuñada la Presidenta a los vecinos de Tolosa (su barrio natal en La Plata) cuando se quejaban porque nadie los había ayudado en las horas del terror, cuando eran arrastrados por la correntada o morían ahogados dentro de sus coches y sus casas.
Mientras los ciudadanos enterraban a sus muertos y se despedían de lo que tanto les había costado, los dirigentes políticos jugaban al Gran Bonete, repartiéndose las culpas. Según Macri, las obras en los arroyos Vega y Medrano no se han ejecutado todavía porque la administración nacional no le otorgó al gobierno metropolitano los avales necesarios para obtener financiación externa; según los voceros oficialistas porque el alcalde porteño es un vago y priorizó otras obras como el Metrobus. Una polémica estéril, entre ellos, que no les va a servir para ocultar ante la sociedad civil lo que desnudaron estas inundaciones: la ausencia total del estado y el desastre como consecuencia inevitable de la falta de planificación. Tanto Buenos Aires como La Plata son ciudades que se desarrollaron a partir de las fuerzas ciegas del mercado, con la renta inmobiliaria como patrón para la ocupación del espacio urbano, con el cemento suprimiendo espacios verdes que filtraban el agua. La codicia inmobiliaria alza sus torres gigantescas, sin importarle que sus enormes cimientos opongan barreras subterráneas al drenaje.
La miseria, la marginalidad, los negocios sucios, convierten la ciudad capital en un basurero que recuerda las páginas más sórdidas de Víctor Hugo, con esas bolsas negras "de consorcio" que taponan las coladeras y flotan después, junto a los autos, en esos rápidos temibles en que se han convertido aquellas calles que Borges prefería enternecidas de sombra.
Y esto ha ocurrido y sigue ocurriendo a pesar de las advertencias de expertos y académicos.
El intendente de La Plata, Pablo Bruera, no sólo es culpable de haber mentido en el tweet diciendo que estaba junto a los inundados, cuando se asoleaba en Brasil (de donde regresó recién el miércoles 3 de abril por la mañana), sino también de haberse pasado por la entrepierna un informe del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata que, en 2007, cuando el alcalde asumía sus funciones, le advirtió que había problemas de desagüe en la cuenca del arroyo El Gato. Precisamente el arroyo que atraviesa San Carlos, Ringuelet y Tolosa, los barrios más castigados por la última inundación.
Según un imprescindible trabajo del Centro Cultural Alejandro Olmos, "en los últimos diez años la construcción creció como nunca antes en La Plata" (...) Los números que maneja el Colegio de Arquitectos de La Plata son elocuentes: tras la parálisis de 2001, entre 2003 y 2008 se construyeron 800 mil metros cuadrados. Y esa misma cifra se levantó en los últimos dos años".
A la ausencia del estado en la planificación urbana hay que sumarle la total incapacidad para prever catástrofes y hacerles frente cuando se presentan. La queja generalizada de los ciudadanos -tanto en Buenos Aires como en La Plata- fue la inexistencia de una verdadera Defensa Civil que evacuara a los vecinos en peligro o los auxiliara de manera rápida y eficaz cuando todas las previsiones resultaron desbordadas.
"Nos dejaron solos" fue la queja más escuchada. Un grito de terror en la noche del miércoles, que sólo fue percibido muchas horas después, cuando algunos funcionarios se acercaron a las víctimas y se sorprendieron por las puteadas.
Los dirigentes políticos argentinos son -salvo escasas y honrosas excepciones- tan soberbios como ignorantes. Por esa razón, es poco probable que reflexionen sobre el efecto profundo y deletéreo que suelen tener las calamidades "naturales" sobre los procesos sociales y políticos. Es poco probable que sepan, por ejemplo, que el terremoto de Nicaragua en 1972, acrecentó de manera decisiva la furia popular en contra de la dictadura de Anastasio Somoza, favoreciendo el triunfo sandinista, que ocurrió apenas siete años después.
Tampoco deben haber meditado sobre el revulsivo que significó el gran temblor de 1985 en la sociedad mexicana. La ausencia del estado, la participación siniestra de los propios efectivos policiales en actos de saqueo (en los barrios más pobres) y la consecuente organización solidaria de los propios vecinos, llevó -en apenas tres años- a la derrota electoral del PRI (Partido Revolucionario Institucional) el partido único que gobernaba desde 1929. Esa derrota fue ocultada con una supuesta "caída del sistema" electoral y ascendió al poder de forma espuria Carlos Salinas de Gortari. Pero el pueblo mexicano sabía la verdad: en realidad había ganado un nuevo líder popular, Cuauhtemoc Cárdenas, hijo del legendario presidente Lázaro Cárdenas.
A pesar del fraude, la hegemonía priista estaba resquebrajada y en el 2000 tuvieron que dejar la Presidencia que habían ocupado durante setenta años.
Es verdad que se trata de distintas realidades nacionales, de distintas culturas políticas y de diferencias enormes entre catástrofe y catástrofe, ya que el sismo mexicano del 85 produjo miles de muertos, pero no cabe duda que la inoperancia estatal frente a la trágica inundación ha colocado a la clase política argentina en la mira de la sociedad civil.
Seguramente la inmensa mayoría de los ciudadanos ignora que en la década 2003-2013, los esposos Néstor y Cristina Kirchner, dispusieron de una caja gigantesca de 500 mil millones de dólares, que hubieran podido servir para reindustrializar el país y reconstruir y ampliar una infraestructura decimonónica y prefirieron -en cambio- alimentar una política asistencialista. Visible, como las remeras de La Cámpora, pero superficial y de corto plazo.
Muchos no conocen la contundencia de las cifras, pero intuyen que los recursos fueron despilfarrados. Y en algún momento harán notar -de eso estoy seguro- que ese dinero no pertenece a una facción sino al conjunto del pueblo argentino.

domingo, 24 de marzo de 2013

24 de Marzo de 1976: Faltaban 262 días.

Por Hugo Lastra*

Faltaban 262 días. Apenas ocho meses para las elecciones convocadas para el 12 de diciembre. Ese día el pueblo argentino podría elegir nuevo Presidente de la Nación. La difícil situación del país, y la gran presión que orquestaron los partidos opositores y medios de difusión metropolitanos interesados en el quiebre del orden institucional precipitaron el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Principalmente para los dirigentes y afiliados a todos los partidos políticos que, salvo honrosas excepciones, silenciosamente aprobaron la usurpación del poder soberano del pueblo por parte de los militares, pero también para millones de argentinos que aplaudieron esperanzados la llegada del general Jorge Rafael Videla al Gobierno nacional. El 24 de marzo se cumplen 37 años del derrocamiento del GOBIERNO CONSTITUCIONAL. Ese día se iniciaba la mayor tragedia de la historia institucional argentina. Repitiéndose, contra el peronismo, un suceso similar al vivido en septiembre de 1955, cuando otra alianza cívico-militar desalojó del poder a otro Presidente Constitucional, Juan Domingo Perón. Vacío de poder, abultada deuda externa que para esa época era de 7.500 millones de dólares y cesación de pago de los compromisos internacionales eran los fundamentos de los golpistas y la prensa metropolitana. En cada aniversario del último golpe militar, políticos, periodistas y distintos sectores de la comunidad, hacen referencia en sus discursos y análisis a la asunción del dictador Jorge Rafael Videla, describen el genocidio perpetrado y recuerdan a los desaparecidos del proceso militar.Nadie asume ni quiere compartir responsabilidades. Se hacen los distraídos, soslayan y olvidan posiciones. No recuerdan actitudes indiferentes y desestabilizantes que alentaron el derrocamiento del Gobierno Constitucional y posibilitaron la llegada de los militares al poder. Es lamentable recordarlo, pero el 25 de marzo de 1976 había alegría en los rostros de los opositores al Gobierno Justicialista. Pero también, es doloroso rememorarlo, que el mismo sentimiento de algarabía era vivamente expresado por muchos dirigentes y afiliados peronistas. Gran parte del pueblo argentino daba la bienvenida al hombre fuerte del ejército argentino, Jorge Rafael Videla y su tropa de iluminados, sin imaginar el drama que se avecinaba para vergüenza ante el mundo y sufrimiento de todo el pueblo argentino.Por eso el 24 de marzo de 1976 debe tener como eje central de recordación, el derrocamiento de un Gobierno Constitucional y la injusta prisión que padeció por cinco años la Presidente de la Nación, María Estela Martínez de Perón.El 24 de marzo de 1976, era destituida y encarcelada la primera mujer presidenta de una Nación en Latinoamérica. Fue recluida en la residencia “El Mesidor”, Neuquén, donde permaneció detenida injustamente casi cinco años.Es preciso recordar que ese día también era derrocado Mario José Franco, que fue el primer Gobernador Constitucional de Río Negro. El 11 de marzo de 1973 había ganado las primeras elecciones libres, transparentes y sin proscripciones realizadas en la provincia patagónica. .A la distancia, uno se pregunta si los gobiernos democráticos a partir de 1983, fueron mucho mejor que el ejercido por María Estela Martínez de Perón. Por eso a 37 años de esos desgraciados sucesos en esta Argentina olvidadiza de su historia parece que los únicos responsables de la dictadura genocida fueron Videla y sus secuaces de las Fuerzas Armadas. Es cierto que ningún sector de la vida nacional recomendó poner en marcha una estrategia o un régimen de horror y muerte. Pero también es innegable que los militares no habrían usurpado el poder si el pueblo argentino, los partidos políticos y los medios de difusión en forma conjunta hubiesen rechazado en forma monolítica y unánime el quiebre del orden institucional.Sería bueno preguntarse si los 20 meses de gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, con todos sus errores y defectos, fueron mejores o peores que los trágicos siete años y dos meses que gobernaron autoritariamente los militares imponiendo un régimen de terror y ejecutando un inhumano genocidio en la república argentina. LOS PUEBLOS QUE NO TIENEN MEMORIA SUELEN REPETIR LOS MISMOS ERRORES
*Secretario General del Partido Justicialista de Río Negro

viernes, 15 de junio de 2012

La planificada destrucción de la clase media.


Un plan comunicacional perfecto
Por JUAN SALINAS BOHIL
Cuando cacerolas y caceroleros de clase media llegaron la semana pasada por la tardecita a Plaza de Mayo, hacía días que la Presidente estaba enterada de dos cosas: que su candidato a Procurador no iba a obtener en el Senado los votos suficientes para su nombramiento y que, merced a la cantidad de decenas de miles de correos electrónicos y teléfonos intervenidos por organismos estatales y paragubernamentales, pese al frío reinante, la cantidad de movilizados frente a la Casa Rosada , la Quinta presidencial de Olivos y otros puntos importantes de esta ciudad capital iba a ser considerable.

Ante esta situación que le complicaba el alud de buenas noticias con que tiene acostumbrada a la población, el Gobierno consideró conveniente lanzar antes, durante y después de los acontecimientos, bengalas de distracción que pudiesen engañar a esos dos misiles hostiles que buscaban impactar en el "modelo nacional y popular con inclusión social".

 

Así, el verborrágico y amenazador ex jefe de Gabinete y actual senador nacional, convertido en adalid de las causas perdidas salió a decir entre otras disparates que el lunes 4 el dólar triste cotizaría a $ 5,10; el ministerio de la Inseguridad lanzó un nuevo plan de "Seguridad" para villas de Capital y su conurbano mientras la titular de esa cartera publicitaba su cariño hacia los más pobres al ser fotografiada regalando juguetes a niños de una de ellas; por decreto presidencial de Necesidad, mínima urgencia y máxima improvisación, fue creado el nuevo ministerio de Interior y Transporte, es decir se mezcló yerba con jugo de tomates; se inició en el Congreso el debate para despenalizar el consumo personal de estupefacientes como si en realidad no estuviese despenalizado de hecho desde hace tiempo; y el ministro del recientemente creado ministerio de Transporte llamó a los gobernadores de la provincia de Buenos Aires y de esta ciudad, ambos autoproclamados candidatos a Presidente en el 2015, que raudos concurrieron a debatir los primeros pasos para la creación de una agencia de Transporte Metropolitano que como se infiere, poco y nada solucionará aunque es probable que a través de ella puedan surgir múltiples emprendimientos faraónicos como la construcción de la avenida 9 de julio subterránea que intenta hacerle sombra a la construcción del aletargado tren bala. Además, el vocero presidencial leyó en forma pública cuatro cartas que se asegura fueron escritas por "el Procurador que no fue" dirigidas a la Presidente , al vice, al jefe de la bancada kirchnerista en el Senado y al jefe del bloque de senadores radicales, el día del cacerolazo, casi a la medianoche, justificando lo injustificable y acusando a Clarín, La Nación y al CEO de Clarín de haberlo hecho caer en desgracia. El lunes se publicitó a gran escala una dolencia menor del hijo de la Presidente que bien pudo haber sido tratada en el feudo familiar de Santa Cruz y el martes, ayer, ante un auditorio de 1500 aplaudidores, otra vez la titular de la Casa Rosada anunció como en el 2009 un nuevo plan de construcción y compra de viviendas para "los que menos tienen".

 

De sólo contar la cantidad de "hechos" publicitados por el Gobierno en la última semana, el espectador más distraído puede quedar atónito. Aunque se incomoden muchos integrantes del ganador 54% de octubre pasado que se creen con mayor lucidez que el resto, la palabrería de Chávez no queda tan lejos, como tampoco su inflación, el valor del dólar paralelo, la fuga de capitales, la maxicorrupción, las estatizaciones disfrazadas de falsos sesgos nacionalistas, la persecución a disidentes (por ahora atenuada), el sostenimiento de grupos de choque encubiertas con el ropaje de "organizaciones sociales", la creación bajo el paraguas político de una nueva y infecta burguesía empresarial, la dominación de los tribunales, la planificada destrucción de la clase media y esos grandes pedestales desde donde se habla al pueblo asegurando lo mucho que se ha hecho por ellos y todo lo que aún resta hacer, por lo que, "espontáneamente", un día no muy lejano confluirán en Buenos Aires cientos de columnas integradas por personas traídas desde los puntos más alejados del país (cruzando la General Paz ) que pedirán al unísono: "Re-re-elección, re-re-elección".

 

En tanto, los políticos "opositores", bailando al son del "Arroz con leche" y tomados de la mano como buenos y obedientes colegiales que son, realizarán nuevos abrazos simbólicos al Palacio de Tribunales y al Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires; AC-DC grabará y ubicará en el Five Ten el tema "Queremos preguntar, queremos preguntar"; Elisa Carrió, convertida en la pitonisa mayor de la República , atenderá consultas gratuitas en su domicilio particular, y los caceroleros seguirán batiendo ollas desde Punta del Este y Miami mientras leen en diario Las Américas. Visto así, el panorama se presenta desolador, pero al menos suena divertido.



viernes, 8 de junio de 2012

No hay remedio si no se reduce la burocracia estatal, la inflación y el gasto.


Nota de opinión por Elena Valero Narváez
(Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere 2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

Después de la Segunda Guerra Mundial la política estatista terminó con la grandeza de una Argentina reconocida en el mundo entero. Las estatizaciones, llevadas adelante por Perón, perjudicaron el crecimiento y los argentinos comenzamos con los problemas en el transporte ferroviario, la energía eléctrica, el abastecimiento de petróleo, los teléfonos, etc.
Las empresas comenzaron a descapitalizarse y el Estado se tornó enorme e ineficiente. Nos alejamos del mundo, en nombre de un falso nacionalismo identificando absurdamente la soberanía nacional con las empresas estatales y nos convertimos en un país atrasado, pobre y antidemocrático.
Por inercia cultural, esta mentalidad nacionalista perdura, aún hoy. La mayoría de periodistas, diputados, senadores y políticos en general, siguen fieles a las estatizaciones y a la extensión del Estado sobre las actividades económicas. Así, como antes defendieron la jubilación estatal y exacción de los ahorros de los particulares, en detrimento de la jubilación privada, ahora, aceptan la expropiación de las acciones de Repsol y su sustitución por el Estado argentino, quedando, por tener la mayoría, patrón en las decisiones.
Se escuchó, en contra, solamente, la débil voz de Macri, quien expresó que sus diputados no acompañarían la medida pero, contradictoriamente después, aseguró que si es presidente mantendría lo hecho por el Gobierno…
Todos, varios historiadores de fuste incluidos, aceptan la intervención del Estado. Dejan en el tintero que las mismas políticas llevaron a la Argentina a declararse insolvente en 1988.
Se dicen liberales en política, defienden las garantías institucionales, pero siguen siendo socialistas en economía, al revés de los políticos de China, Corea del Sur, Colombia, México, Chile, y otros países que han progresado adoptando la economía de mercado.
Se habrán preguntado ¿cuanto costaron y cuestan las empresas estatales o mixtas, a los ciudadanos que pagamos los impuestos? También, ¿cuanta corrupción e ineficiencia generan?
¿Recordarán los radicales que apoyan en gran medida al gobierno en esta aventura, que durante la presidencia del presidente Frondizi, cuando se invito a participar al capital privado, nacional y extranjero, se consiguió rápidamente el autoabastecimiento petrolero, o prefieren acordarse de la política xenófoba del Presidente Illia que anulo los contratos petroleros, medida que costo mucho a los argentinos y que condujo, nuevamente, al desabastecimiento?
¿Recordaran los peronistas que la política energética del presidente Menem, con las privatizaciones de las empresas estatales, la desregulación del sector, y la equiparación del tratamiento del capital extranjero al capital nacional, apoyada, entusiastamente, en su momento, por el hoy llamado kirchnerismo, trajo como consecuencia el mayor flujo de inversiones privadas que se recuerde para la producción de petróleo y gas, lográndose, no solamente, el autoabastecimiento energético, sino transformando al país en un exportador de hidrocarburos con sus consecuentes beneficios para la población del país?
Lo contrario se está haciendo en la actualidad: este gobierno y parte de la oposición nos quieren llevar otra vez al mundo de las cavernas. La expropiación y estatización de parte de la principal empresa del país, rompiendo, flagrantemente, acuerdos internacionales, nos desprestigia ante los países serios y respetuosos de las normas pactadas y nos aísla del mundo. Con seguridad habremos de afrontar consecuencias económicas y también políticas en el orden internacional.
El objetivo declarado de aumentar la producción de petróleo y gas no se conseguirá por la vía del estatismo .Por el contrario, se acentuara la caída de la producción y el egreso de divisas para importar combustibles.
Se defiende una política que ha producido el debilitamiento de la sociedad civil: la gente apenas protesta ante los constantes atropellos a su buena voluntad. La falta de vigor no permite la fiscalización de la sociedad a las acciones cada vez mas alocadas del gobierno.
La intervención y el fracaso lo lleva a tener déficit y a debilitar la economía nacional, por lo cual apunta, lo estamos viendo desde hace años- a exprimir al sector privado. Es así, como vamos hacia un empobrecimiento general, salvo los burócratas del gobierno.
En el Congreso no se admite que las privatizaciones y la desregulación consolidan la propiedad privada y que por ello bajan los grados de corrupción al reducir la arbitrariedad que provoca la concentración del poder en el Estado.
El Gobierno no se hace responsable del desabastecimiento y la compra de petróleo y gas a precios altísimos. Sin embargo, los opositores lo ayudan a cumplir con su propósito. Skanska y Aerolineas no parece advertirles de lo que vendrá.
El gobierno continúa con su política de empobrecer a las empresas privatizadas para luego estatizarlas o venderlas a sus amigos a precios irrisorios.
Ni siquiera cumple con los controles: al expandirse, el Estado, diluye su función de supervisor y árbitro para que se cumpla la ley y se respeten los derechos que defiende la Constitución. Pierde la función capital de hacer respetar las normas que regulan las interacciones sociales y se aleja de la Constitución de 1853 que nos acerca cuando nos guía, a un refinamiento ético: la división de poderes y respeto por los derechos civiles.
Son muy pocos los que entienden que la política basada en ideas populistas y socialistas llevan a decisiones aclimatadas en el estatismo y el dirigismo. Así, sin remedio, llegamos al Estado de Bienestar que siempre ha perjudicado al país que lo adopta.
Acerquémonos a los ejemplos de los países socialistas: la actividad estatal resultó, siempre, mucho menos eficiente que la actividad privada, cuando ésta no estuvo obstruida por las acciones de un gobierno autoritario. Cuando una empresa privada quiebra solo se perjudican unos pocos, en cambio, como bien se puede observar en la Argentina, las estatales no quiebran y las sigue manteniendo el Estado: nos perjudicamos todos.
Revivir el pasado nos condena: La política de intervencionismo estatal lleva a una economía monopólica, cuyo corazón son las empresas estatales y algunas otras, que viven bajo su ala gracias a privilegios no merecidos como ocurrió con YPF y las empresas de transportes, entre otras.. Degenera en el desacato a la ley y al atropello al consumidor decayendo a niveles peligrosos la producción y la productividad, como también la arbitrariedad en las acciones del gobierno.
Debemos decidir a través del Congreso, si queremos volver al pasado dirigista: deterioro de los servicios públicos, crisis energética, pérdidas en las empresas del Estado y en las privadas que viven de las prebendas y subvenciones.
Nos acercamos al borde del precipicio: desempleo, desinversión, inflación, déficit y fuga de capitales, entre otros flagelos, sin olvidar, el desprestigio internacional.
La pregunta del millón: le quitarán a las demás empresas petroleras áreas de explotación para dárselas a YPF y así “recuperar la soberanía”?
El Estado debe abocarse a sus funciones y dejar de ocuparse de administrar empresas ni ayudar a las privadas con subsidios. Ellas deben ocuparse de crecer y desarrollarse para poder reinvertir y darle al Cesar lo que es del Cesar. Se tienen que lograr tasas de interés lo suficientemente razonables para fomentar la producción. No hay remedio si no se reduce la burocracia estatal, la inflación y el gasto.