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lunes, 23 de noviembre de 2015

Cecilia Pando, la yegua y la carta.

Acabo de leer esta carta que publicó mi hijo en su facebook y la quiero compartir con ustedes. Siempre trato de sacar lo positivo de las cosas. A pesar de toda la persecución sufrida, los Kirchner lograron unirnos más como familia !!!
Cecilia Pando.
Mi Carta a la Yegua
Te acordás Yegua? Cuando tu difunto marido arrestó a un joven Oficial del Ejército Argentino por una carta de lectores que su esposa escribió en la Nación?
Te acordás Yegua? Cuando tu marido ordenó el Retiro Obligatorio de ese joven Oficial del Ejército Argentino simplemente por defenderse públicamente de los ataques que vos y los tuyos propiciaron por todos lados.
Te acordás Yegua? Que a vos y los tuyos no les importó si ese joven oficial tenía que alimentar una familia. Si no les importó esto, menos les importó destruir la prometedora carrera de un sobresaliente soldado, que eligió serlo por su irrenunciable vocación de defender la Patria y entregar su vida por ella, que eligió serlo sabiendo que tendría que vivir con el dinero justo todos los meses y sin los millones de dólares y propiedades que vos tenés e hiciste a costa de los Argentinos. Cómo lo vas a entender, Yegua? Si te metiste en política para servirte de ella, si te metiste en política para satisfacer tu ambición de dinero y poder?. Si te metiste en política para hablar de pobreza al mismo tiempo que lucías carteras carísimas, joyas y todo lo que vimos estos años? Cómo vas a entender la vocación de un joven soldado?.
Te acordás Yegua? Cuando tu marido fue interrumpido en un discurso en el Congreso, en el día Internacional de la Mujer, mientras chamuyaba acerca de los derechos humanos y la libertad de expresión, por la esposa de este joven oficial que le recordó que a su esposo lo habían dejado sin trabajo por un par de malditas cartas publicadas por ella, en La Nación. Te acordás de esto? Te acordás que ni vos ni los tuyos se comunicaron para ver cómo estaba esa familia? Si llegaban a fin de mes, si el joven oficial había podido conseguir trabajo? Si necesitaban algo?, te acordás Yegua?.
Te acordás Yegua? Que pasado el tiempo vos y los tuyos continuaron persiguiendo a ese joven oficial echándolo de distintos trabajos, cerrando oportunidades laborales, difamando públicamente a su familia y a su esposa? Te acordás?.
Yo me acuerdo perfecto, nunca lo voy a olvidar. Utilizaste el poder que Dios y el Pueblo te concedió para perseguir y ensañarte con esa familia que te incomodaba, que tenía una mujer en su seno que te decía las cosas de frente y no se acobardaba nunca a pesar que por cada cosa que decía, le sacabas una fuente de pan para comer todos los días. Además la destruiste públicamente. Ella te dió un ejemplo de resistencia, una resistencia que ni vos ni tu marido supieron tener en los 70, que acobardados por las muertes de “sus compañeros” se dedicaban a hacer dinero. Y 30 años después querés hacernos creer que fuiste protagonista de esa historia, cobarde!.
Por todo esto, y muchas cosas más no te elijo. Porque en los valores que me enseñaron, la libertad, por la cual muchos héroes de la patria dieron su vida, ocupa el primer lugar, una libertad que vos, los tuyos y todos los que cobijas bajo esa denominación futbolera “Frente para la Victoria” destruyen todos los días.
Vos, Yegua, sos lo mismo que Néstor, pero un poco más estúpida como animal político. Daniel vos sos lo mismo que Néstor y la Yegua. Igual de cagón, igual de chorro, igual de chapucero y mentiroso. Pero un poco más cagón y sumiso. Jamás voy a elegir un cagón como capitán.
Hoy voto distinto. Por la salud de la república es necesario un cambio.

martes, 14 de enero de 2014

Hebe de Bonafini defendió a Milani y pidió que sea el Ejército el que "urbanice las villas".

ARGENTINA

LA VERGÜENZA DE HABER SIDO

La titular de las Madres de Plaza de Mayo, cargándose años de su propia lucha, defendió al jefe militar por las denuncias que hay contra él por su participación en la última dictadura. "Él no está en la Conadep", dijo.  

La titular de la organización Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, defendió al jefe del Ejército, César Milani, y aseguró que debe ser esa fuerza la que lleve adelante la urbanización de las villas.

Bonafini rechazó las denuncias que tiene Milani sobre su actuación en la última dictadura militar. "Él no está en la Conadep, en el Nunca Más ni en nuestros archivos, que es muy grande. Hace muchos años que vengo hablando con los militares, hace tres años", comentó la dirigente de derechos humanos en el programa ultraoficialista 678, por la pantalla de laTV Pública.

"En un proyecto nacional y popular como éste, hay que trabajar. El Ejército tiene todo, los hombres, el material, las máquinas, y lo tienen que poner al servicio del pueblo. A mí me parece bien", enfatizó.

Asimismo, aseguró que "hay que urbanizar las villas". "Hay que hacerlo en una villa que no sea muy grande, para que se vea cuál es la idea, que es la de urbanización. La gente, cuando vos urbanizas y ponés todo lo que necesita, a su casita la quiere hacer mejor", señaló.

Al respecto, advirtió que "la igualdad no está en que todos votamos, la igualdad es que todos podamos acceder a la vida bien, a casas como la gente, a cloacas, a agua, a luz", y aseguró que "por eso perdimos en los barrios", en relación a las elecciones legislativas de octubre.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y miembro de la agrupación oficialista Carta Abierta, se expresó hoy en contra de la designación de César Milani como jefe del Ejército, aprobada en el Congreso Nacional esta semana.

  Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y miembro de Carta Abierta, se expresó en contra del ascenso de Milani.

"Si están bien encaminadas estas reflexiones, nos apoyamos en ellas para manifestar nuestra disconformidad con el nombramiento del nuevo jefe del Ejército". Así concluye una nota de opinión firmada por González y publicada en la edición impresa de Página 12 de hoy.
La columna, titulada "La culpa", versa sobre la culpa y el perdón. "El perdón es un acto de gran majestad. Lo pedimos o lo damos, pero va en él una dosis de costumbrismo muy grande, pues la esencia del perdón es algo de lo que nunca tendremos entera garantía: ¿dejaré de ser el que era cuando fui culpable? ¿Algo me garantiza la imposibilidad de que se reitere el mal? Ante las dudas filosóficas que origina el perdón, que ni da enteras garantías el transe espiritual que implica reclamarlo ni hasta la convulsión corporal que pueda acompañarlo, el perdón suele transformarse en un acto político, en actos consensuales, en amnistías de Estado. La justicia corriente, siempre necesaria, poco tiene que hacer aquí", planteó.
Inmediatamente se preguntó: "(...) ¿qué es saber? ¿Alguien estaba dentro de la maquinaria y no sabía? ¿La conciencia tiene tantos planos sigilosos y signos de autoexculpación que logra convertir en no-saber lo que se sospecha saber? ¿En verdad se puede vivir en estado continuo de pretexto? ¿Haciendo excepciones a nuestro favor? No son estos asuntos de Estado, sino del estado de las conciencias, con sus repliegues que pueden ir anulándose en cascada a cada acto que concebimos infausto.
"A pesar de eso, todo puede comprenderse en medio de la tensión última del conocimiento, la que nos lleva a acercarnos a lo que es una época, sus condiciones políticas, sus urgentes inmediatismos y el llamado siempre silencioso de las grandes arquitecturas que a lo largo de los tiempos adquiere el sujeto culposo, forma interna, a veces complementaria, a veces contradiciente del Estado. Si están bien encaminadas estas reflexiones, nos apoyamos en ellas para manifestar nuestra disconformidad con el nombramiento del nuevo jefe del Ejército", admite.
El texto completo, aquí: pagina12.com.ar.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Texto leído por Jorge Fernández Zicavo durante la clausura de su Seminario Guerra Revolucionaria Argentina 1969-1979, llevada a cabo en Madrid el 10 de junio de 2013.

Guerra Revolucionaria Argentina: la gran "desaparecida" de la Historia

Hércules C-130 derribado por el Ejército Montonero en 1975




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Antes que nada, quiero agradecer a las personas que en su día me propusieron impartir este Seminario y que esta tarde nos alientan con su presencia.

A modo de resumen diré que durante este segundo Seminario 2012-2013 hemos identificado las tres ideas-fuerza sobre las que la izquierda argentina inició una Guerra Revolucionaria para apoderarse del poder e implantar un régimen socialista totalitario con dictadura de partido único. Una guerra civil, en definitiva, cuya existencia en la Argentina actual sólo es conocida por ciudadanos sexagenarios y septuagenarios porque la izquierda ha logrado borrarla de la Historia.

Tales ideas-fuerza, fueron:

- El marxismo-leninismo como plataforma ideológica.

- La exitosa revolución cubana -con su guerra de guerrillas a partir de un pequeño foco inicial de combatientes- como opción militar estratégica.

Estas dos ideas-fuerza fueron comunes a todas las bandas terroristas de América Latina que operaron durante las décadas '60 y '70 del siglo XX: una verdadera pandemia de pequeños grupos subversivos alentados y apoyados por la Cuba castrista.

Pero las izquierdas argentinas añadieron una tercera, que les convertiría en un caso singular entre las “organizaciones hermanas” que en agosto de 1967 acordaron en la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), celebrada en La Habana bajo los auspicios del presidente Osvaldo Dorticós que inauguró la Conferencia, y del jefe del Estado Fidel Castro que la clausuró, desencadenar la lucha armada en toda América Latina.

- Esa tercera idea-fuerza fue la teoría y praxis china y vietnamita de la Guerra Revolucionaria, cuyo plan de operaciones consiste en crear, después de una primera etapa guerrillera, un Ejercito Guerrillero regular que permita pasar del hostigamiento táctico a la aniquilación del Ejército enemigo (nacional o imperialista) atacándoles con brigadas y divisiones.

La famosa batalla de Dien Bien Phu, en la que el Ejército Popular de Vietnam comandado por el general Nguyen Vo Giap arrasó la guarnición fortificada del Ejército expedicionario francés, había confirmado que la doctrina de guerra revolucionaria o guerra popular, aplicada a la peculiaridades históricas y sociales de esos países, era acertada.
Además, esa doctrina político-militar que derrotó al Kuomintang en China y al colonialismo francés en Vietnam, Laos y Camboya, ya había conseguido grandes éxitos antes de Dien Bien Phu con las guerrillas del Viet-Minh que años después, con el nombre de Viet-Cong y nuevamente bajo el mando de Giap, derrotarían al Ejército de los Estados Unidos.

En realidad, la guerra revolucionaria, que no debemos confundir con la “guerra de guerrillas” porque apunta a un desarrollo militar y objetivos superiores, no sólo fue asumida por la izquierda argentina, sino también, y mucho antes, por las FARC del Partido Comunista de Colombia que fundó un Ejército Guerrillero regular en una amplia “zona liberada” que todavía sigue bajo su control.
Pero el caso de las FARC no encaja en la estrategia castrista que estamos comentando (OLAS, 1967), porque venían operando desde varios años antes de la Revolución Cubana y, además, por divergencias con Fidel Castro no acudieron a la mencionada Conferencia.

Esta idea-fuerza de Guerra Revolucionaria fue asumida al pie de la letra por la “más militar” de las organizaciones terroristas nacionales: el Ejército Revolucionario del Pueblo, brazo armado del trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores integrado en la IV Internacional.

En cuanto a la otra gran organización terrorista, Montoneros (marxistas que por oportunismo se camuflaron como peronistas), dedicada exclusivamente a secuestros extorsivos y al asesinato de adversarios políticos, también acabaría fundando su Ejército, y Milicias, aunque demasiado tarde y con una concepción estratégica distinta a la del ERP.

Durante el Seminario hemos visto que el 80% de los pistoleros terroristas argentinos, orgánica y operativamente similares a ETA, Brigadas Rojas, IRA o Baader Meinhoff, se reciclaron en guerrilleros urbanos entrenados militarmente en Cuba y consiguieron formar tres Compañías de infantería ligera (ERP); atacaron nueve cuarteles y guarniciones del Ejército Argentino (siete el ERP) logrando copar y saquear los arsenales de seis de ellos; dinamitaron una fragata de la Armada, derribaron un gigantesco avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea cuando despegaba lleno de tropas antiguerrilleras, y a punto estuvieron de dinamitar seis cazabombarderos Mirage en una base aérea. Asimismo, tanto el ERP como Montoneros emboscaron convoyes militares que transportaban armamento, y asesinaron en atentados o dieron muerte en combate a 157 militares (varios generales, almirantes y coroneles entre ellos), 400 policías y 205 civiles. Estos datos ilustran la dimensión paramilitar alcanzada por las organizaciones revolucionarias.
Obviamente, esas Compañías se formaban pocas horas antes de lanzar un ataque, y una vez finalizado, los combatientes se reincorporaban a su "doble vida" social.

Tanto por su entrenamiento como por su armamento, la estructura de esas unidades insurgentes de combate eran propias de una infantería ligera especializada en operaciones de asalto o comando.

En resumidas cuentas, la originalidad del caso argentino en el contexto de la subversión latinoamericana dirigida ostensiblemente por el Estado cubano, consistió en pasar del nivel de bandas terroristas (que no persiguen tomar el poder sino desestabilizar gobiernos), a uno de fuerzas paramilitares lo suficientemente bien entrenadas y conducidas como para operar contra las Fuerzas Armadas de la Nación; y no digamos, contra las policiales y de seguridad.

Asimismo, la mercenaria izquierda argentina subordinada a la Cuba castrista, que a su vez era mercenaria de la Unión Soviética, aportó una segunda originalidad, ésta sí, única en el mundo: que su guerra revolucionaria fue la única urbana de la historia, ya que las guerras revolucionarias de China y Vietnam se libraron en selvas y montañas; entre otras razones, porque eran países feudales con poblaciones mayoritariamente campesinas a las que resultó fácil captar a cambio de concederles una parcela de tierra.

Aunque para cualquier estudioso de la guerra revolucionaria, una “urbana” y sin tropas extranjeras de ocupación como en China y Vietnam era una decisión disparatada y condenada al fracaso, los dogmáticos y fanáticos líderes del ERP la justificaron alegando que en Argentina el 75% de la población residía en ciudades, y que allí, argumentaban, las masas obreras serían la retaguardia política y militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de su Ejército. En cuanto a tropas extranjeras, en su delirio especulaban que si lograban asestar golpes demoledores al Ejército nacional, podría producirse una intervención militar estadounidense. Demás está decir, que ni el ERP ni las demás organizaciones terroristas obtuvieron el apoyo de la clase obrera; entre otras razones, porque la doctrina peronista les había inculcado un radical anticomunismo.

Este proceso evolutivo del terrorismo a lo paramilitar, ha sido el eje a partir del cual hemos analizado en el Seminario las principales acciones llevadas a cabo por las izquierdas argentinas en aquellos años, sus estructuras orgánicas, su logística y finanzas, sus aparatos de Inteligencia y seguridad, sus organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles más o menos legales o de “superficie” como las tapaderas etarras controladas por Batasuna, etc.

También hemos estudiado la respuesta política y militar de un gobierno constitucional, apoyado por todos los partidos políticos, a una situación propia de una guerra civil: que las Fuerzas Armadas aniquilaran la subversión en todo el territorio nacional.

Curiosamente, la guerra contrarrevolucionaria librada por las Fuerzas Armadas y policiales también sería muy singular en la historia latinoamericana y mundial, no por su doctrina, que años antes se la habían impartido en Buenos Aires oficiales del Ejército colonial francés que operaron contra el terrorismo en Indochina y Argelia, sino porque, a diferencia de sus maestros, que fueron derrotados, ellas aniquilaron a las fuerzas insurgentes o sediciosas, tanto en su variante terrorista como paramilitar. Dada la experiencia adquirida por las Fuerzas Armadas argentinas en la materia, especialmente en el terreno de la Inteligencia, que resultó decisiva, es de suponer que la izquierda nacional jamás volverá a desencadenar otra guerra civil revolucionaria ni cualquier otra variante de subversión armada. A no ser, claro está, que quieran suicidarse. Este será, en términos históricos, el saldo positivo de aquella tragedia.

Para terminar, quiero agradecer a los asistentes al Seminario su participación interactiva que tanto me ha aportado. Muchas gracias a todos. Ha sido un placer conoceros.

jueves, 31 de enero de 2013

“Reclamo de vosotros y en nombre de vuestros principios, la libertad que os niego en nombre de los que me son propios”

 
Por Mauricio Ortín. En la sección Carta de Lectores de El Tribuno del 26/01/2013, Oscar Torres, Néstor González y demás firmantes me acusan de mentiroso y falaz por haber afirmado en este mismo diario (art.“Con Cuba: las cosas por su nombre”) que, durante la década del '70, en la Argentina, hubo una guerra. También, me invitan a debatir públicamente el tema. Al respecto, digo que acepto con todo gusto y que elijo esta columna y este prestigioso diario para contestar. Sostengo que “fue una guerra” por donde se la mire y que la negación que se hizo de ella es la mentira más grande jamás contada en la historia argentina. La incorrección argumentativa de los firmantes se revela en que pretenden corroborar la supuesta veracidad de que “no fue una guerra” sirviéndose de la “falacia de la autoridad” y no recurriendo a los hechos mismos. En consecuencia, afirman que, “No fue una guerra”, porque así lo sentenciaron los jueces fulano y mengano que son los que saben. Pero, también en lo que se conoce como “El juicio a las Juntas” durante la presidencia de Raúl Alfonsín, los jueces sentenciaron de que “fue una guerra revolucionaria”. ¿Por qué se debe tomar como palabra santa los fallos de “los Oyarbide y compañía” y no la de los ex jueces Torlasco, Gil Lavedra, Arslanian, Valega Aráoz, Ledesma y D'Alessio. Si mañana un juez repite mil veces que “Evo Morales es rubio”; luego, Evo ¿es rubio? Yo diría que no porque la realidad, tozuda como ella sola, termina por imponerse. Y como lo mejor es que hablen los hechos y no las interpretaciones, pasemos a éstos. a) A principios de la década del '70, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), por su lado, y la Organización peronista “Montoneros” crearon, con el objeto de tomar el poder a través del asalto por las armas e instaurar la dictadura del proletariado, el Ejército Revolucionario del Pueblo y el Ejército Montonero, respectivamente. Las declaraciones de guerra al gobierno constitucional, como así también el detalle de sus acciones bélicas, eran publicadas en sus revistas y en entrevistas que concedían a distintos medios. Con el encabezado de “Parte de Guerra”, se reivindicaban secuestros extorsivos, homicidios, ataque a cuarteles, toma de localidades, combates en el monte tucumano, “juicio” y ejecución de traidores, robos, cárceles del pueblo, etc. Poseían fábrica de armas, de explosivos y recibían apoyo de organizaciones armadas de izquierda de otros países (Tupamaros, el MIR chileno y la OLP de Yasser Arafat). El gobierno cubano de Fidel Castro les proveyó de apoyo logístico y entrenamiento militar. Ambas organizaciones, en forma expresa, anunciaron a los cuatro vientos que estaban en guerra y que dentro de ese contexto habría que explicar las decenas de miles de atentados a la vida y la propiedad que cometieron. Hasta ahí, los hechos. Ahora bien, si estos son tan contundentes cabe preguntarse: ¿Por qué se pretende negarlos con una interpretación “tirada de los pelos”? Si “no fue una guerra”, ¿qué fue, entonces? Los soldados que matan en la guerra no son juzgados como asesinos; luego, si “no fue una guerra” todos los que participaron (incluidos, las autoridades democráticas que dieron la orden de defender el gobierno constitucional), eran asesinos. Las FFAA afirman que “fue una guerra”. Otros, allegados a ERP y Montoneros, sostienen lo contrario. Ahora bien, si no estaban en guerra, entonces, ¿por qué mataban? Siguiendo esta interpretación, es necesario concluir que lo hacían porque eran delincuentes comunes. Es decir, miserables y degenerados asesinos seriales que se organizaron para matar, robar, secuestrar y aterrorizar por pura perversión. Conocí a algunos del ERP que murieron en manos del Ejército y puedo atestiguar que eran buenas personas aunque totalmente turbadas por el fundamentalismo marxista. Estoy absolutamente persuadido que no les hubiese gustado (porque, es injusto) que se los recuerde como a abyectos criminales. Los sobrevivientes del ERP y Montoneros se consideran ¿criminales comunes o combatientes de una guerra? ¿Por qué no le preguntan a ellos por qué mataban soldados, sindicalistas, empresarios, políticos, diplomáticos y ciudadanos de a pie? Por último, dicen (los que firman la carta) que “no fue una guerra” y que los que afirman lo contrario (en este caso, yo) cometen “apología del delito”. Si no se piensa como nosotros, entonces, ¬marche preso! ¬Linda y valiente forma de debatir! (aunque... un poquitín totalitaria). “Reclamo de vosotros y en nombre de vuestros principios, la libertad que os niego en nombre de los que me son propios”. Esta frase, atribuida a Luis Veuilliot, expresa a la perfección lo que la izquierda autoritaria ha venido realizando con los derechos humanos Mauricio Ortin Profesor de Filosofía - UNSa

domingo, 29 de abril de 2012

La crisis capitalista y sus repercusiones políticas (I)

ESPECIAL

Angel Guerra Cabrera

La honda crisis de la economía capitalista mundial no da tregua y amenaza con adentrarse en la temida depresión, aunque hay autores que ya la ven en esa fase. En todo caso, estamos ante mucho más que una crisis estructural del capitalismo. Se trata de una crisis civilizatoria que exige transformar raigalmente los patrones culturales y el sistema de producción y consumo como única forma de preservar la vida de nuestra especie. Ya el capitalismo amenazó arrasar con la civilización en los terribles años de guerra general entre 1914 y 1945, agravados por la Gran Depresión de 1929 y culminados con el genocidio de Hiroshima y Nagasaky. Quién sabe en qué tragedia mayor habría concluido aquel drama si no es por la derrota infligida al nazismo por el Ejército Rojo.

El trastorno actual se inició en 1973, cuando el presidente Richard Nixon atajó el deslizamiento de la economía estadunidense hacia el abismo, provocado por los gastos de la guerra de Vietnam, el aumento de los precios del petróleo y el declive en la tasa de ganancia. Unilateral y dictatorialmente desligó el dólar ?moneda de cambio internacional- del patrón oro y lo puso a ?flotar?. Vulneraba así, en provecho de los capitales yanquis y en detrimento de los demás países ?sobre todo los pobres-, los acuerdos de Bretton Woods, que pautaron las reglas de la economía internacional bajo la batuta de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

A partir de entonces, Washington emprendió una demencial vorágine de impresión de dólares e instrumentos de deuda sin respaldo productivo, con los que inundó los circuitos financieros globales de moneda devaluada y ha llevado a cabo la estafa más grande de la historia de la humanidad. La especulación financiera pasó a ocupar un lugar mucho más relevante que la producción y el comercio en la circulación monetaria y reforzó las políticas neoliberales, experimentadas en Chile bajo la dictadura de Pinochet(1973-1990), elevadas a la categoría de dogma de fe mundial por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher(1979-1990).

Son esas políticas generalizadas de achicamiento del Estado, contención salarial, desmantelamiento de las conquistas de los trabajadores, circulación libre de de capitales pero no de fuerza de trabajo, privatización del patrimonio público, socialización de las pérdidas de las corporaciones, especulación hasta con los alimentos, inclemente degradación ambiental e inicio de un nuevo ciclo de guerras coloniales(Afganistán, Irak, Libia), las que han conducido a la debacle económica manifestada abiertamente a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en Wall Street(2008).

Citada por pocos autores, otra causa fundamental, en el orden geopolítico, de la descomunal ofensiva internacional del capital contra los trabajadores y pueblos oprimidos, fue el derrumbe de la Unión Soviética y demás países del experimento socialista del este de Europa, empujado sí, por gravísimos errores y desviaciones de sus partidos dirigentes, pero portador de valiosas experiencias en la liberación humana y factor de equilibrio hasta ese momento en la balanza internacional de poder. La arremetida capitalista fue favorecida por los traumas subjetivos que provocó la inesperada catástrofe, ahondados por una vulgar campaña antisocialista que dura hasta hoy y la deserción hacia las filas del liberalismo económico ?apenas sin excepción- de las cúpulas socialdemócratas europeas y partidos asociados en otras latitudes, así como de muchos intelectuales. Mientras, un número considerable de los partidos y grupos de orientación marxista y socialista han tardado en sobreponerse a la conmoción y dar una correcta lectura a la nueva realidad.

En 2010 irrumpió en Europa la llamada crisis de la deuda soberana con graves consecuencias sociales, acentuadas por el ultraliberalismo de la señora Merkel. España ha entrado de nuevo en recesión y se vaticina la rápida caída de la importancia, el tamaño de su economía y su quiebra no lejana dadas la fragilidad de sus bancos y las extremas medidas de ajuste ordenadas por Berlín, cumplidas al pie de la letra por el hidalgo Rajoy. De ser así arrastrará consigo a la Unión Europea, le pegará a Estados Unidos, que padece esencialmente los mismos problemas, solapados por la suicida inyección de liquidez, y es, en fin de cuentas, el mayor responsable de la crisis. Pero impactará mundialmente, aunque hay luz al final del túnel.