viernes, 16 de noviembre de 2012

La movilización del 8-N va a influir en el 7-D? Sí. Pero no para desactivarlo, sino para reforzarlo. Más que nunca el gobierno se va a afirmar en sus conceptos estratégicos. Pero ¿en qué condiciones se llegó al 8-N y que representa el 7-D?


8N: cifras elocuentes sobre la opinión pública. ¿El 7D se descalcifica?

 Carlos Fara

  • 62% creía que el 13-S había sido muy o bastante fuerte.
  • 58% estaba de acuerdo con los motivos del cacerolazo del 13-S.
  • 57% no cree que estas manifestaciones buscan desestabilizar al gobierno.
  • 24% decía que iba a participar del 8-N.
  • Los principales motivos de reclamo son seguridad, desempleo, orden en el gobierno, estabilidad económica y libertad.
  • 58% piensa que los cacerolazos se producen porque no hay una oposición política que los represente.
Como se ve, el gobierno pierde la batalla comunicacional por los cacerolazos y los motivos son simples: son los problemas que más preocupan a la sociedad hace mucho tiempo. Mensaje de los que protestan: CFK no se ocupa de ellos.
Con estos datos a la vista, era claro que la movilización iba a ser mayor que la de septiembre por 3 razones: 1) para la parte de la sociedad molesta con el gobierno, la situación no cambió, e incluso empeoró; 2) el tamaño del 13-S fue un tanto inesperado, por lo tanto el 8-N se iba a animar más gente; 3) había mucha más movilización organizada por sectores políticos y sociales.
En este marco ¿cómo está recibiendo la sociedad al 7-D?
  • El 45% está en desacuerdo con la ley de medios, y el 36% la aprueba: en julio del año pasado el 55% estaba a favor.
  • El 44% dice saber qué significa el 7-D.
  • La gran mayoría de ese 44% da una respuesta acertada sobre ese deadline.
  • Sin embargo, explicitado qué significa el 7-D a todos los encuestados, la mitad no sabe qué va a suceder, y un tercio estima que nada pasará.
  • El 61% no está de acuerdo con los que dicen que ese día se terminará la libertad de expresión.
  • En 60 días la imagen del grupo Clarín ha mejorado, y si hubiese un “choque de trenes”, el gobierno viene debilitándose en la puja con “la corpo”.
¿Qué significa todo esto? Que el oficialismo se encuentra en un círculo vicioso: baja en imagen, pierde batallas comunicacionales, eso refuerza la caída, y así sucesivamente.
El año pasado CFK estaba claramente en un círculo virtuoso: todo enriquecía su posicionamiento. Hoy sucede lo contrario.
Las cartas vienen mal barajadas para el gobierno, pero su problema no es que no pueda llevar a cabo sus objetivos, ya que capacidad política le sobra. Su problema son los costos invisibles: ¿qué le devolverá la sociedad del 54% que le dio hace un año?
Carlos Fara

miércoles, 14 de noviembre de 2012

8N: “La Nueva Argentina”.



Hoy comienzo una serie de posteos titulados “La Nueva Argentina”, que tratará sobre lo cambios sociales y políticos que estamos viendo hoy día en nuestro país. Será específicamente sobre mi visión (subjetiva) de lo que creo que ocurre, ideas variadas sobre el presente y el futuro, y mi interpretación de lo que sucede detrás de la aparente realidad que nos toca. Por supuesto, aunque haya mucha realidad, los escritos serán subjetivos, y como no soy dueño de la razón, puedo estar completamente equivocado al respecto. Ya tengo la idea de la realización de 3 posteos, pero puede que se vayan agregando más con el tiempo. Los que realice sobre política común o ideas generalizadas sociales que nada tienen que ver con el movimiento popular de estos días, seguirán siendo publicados por separado como hasta ahora.
Considero que hay cuatro pilares básicos en la historia de la queja en tiempos modernos, siendo uno más representativo que el otro, cada uno con más presión social que el anterior. En el 2001, con una masividad pequeña (muy atomizada y con grupos de izquierda violentos), se reclamó el famoso “que se vayan todos” (haciendo que se vaya uno solo y que el resto se prenda como garrapata al poder). En el 2008, se reclamó de forma dual (por un lado, los ruralistas afectados por la 125, y por el otro, gente común que vio un ataque severo en el discurso presidencial de Cristina Fernández), también con una movilización pequeña en Plaza de Mayo, y mucha atomización de repudio dentro de cada casa.
En el 13 de Septiembre del 2012 es cuando empezaron a cambiar, casi súbitamente, varios aspectos que marcarían la siguiente movilización. Por un lado, la convocatoria, si bien fue consensuada (yo sabía de la marcha casi una semana antes de hacerse), tuvo un aspecto mixto de preparación y espontaneidad. Por otro, la convocatoria se dio casi exclusivamente por las redes sociales (Twitter y Facebook, las más importantes), evitando los “canales tradicionales 1.0”. El motivo también fue disperso, pero uno entendía que era “contra el kirchnerismo”, que sobrados motivos nos había dado en cada una de sus áreas de acción; era una línea trazada en la arena con un simple “basta”. Se pidió también el no llevar banderas políticas de ningún tipo: el que convocaba era el Pueblo, y el Pueblo no tiene partido. Confieso que aunque le dí difusión a esa marcha, no sabía que tendría tanta convocatoria (ya se habían dado dos intentos anteriores con magros participantes), y hasta a mí me sorprendió el resultado. Ya desde el inicio se sumaron varias decenas de miles en todo el país, pero la televisación de partes pequeñas por un solo canal (justamente el archienemigo TN), enfervorizó al resto que también terminó sumándose por la afinidad de la protesta masiva. Eran muchos, no había banderas ni grupos violentos, no había mucho orden, todos en contra de las medidas kirchneristas. El cacerolazo fue un éxito. La reacción del Gobierno fue de sorpresa y falta de respuestas (Cristina canceló sus famosas cadenas nacionales y no se la vio por una semana), y no tuvo el reflejo suficiente como para reaccionar en tiempo y forma, demostrando no sólo la falta de preparación política, sino también el verdadero baldazo helado que le llegó de forma inesperada.
El pre-cacerolazo del 8 de Noviembre fue todavía mejor que el anterior. Se consensuó de la misma forma (por internet), pero se propagó hacia afuera, contagiando a gente que no suele manejarse en ese medio, y el boca a boca por fuera potenció el efecto. Viendo que el kirchnerismo se hacía el desentendido, se habló de llevar carteles con consignas bastante puntuales con los pedidos directos a realizar, y los cánticos agresivos que se dieron en la anterior, debían cesar o se dejarían al mínimo. Los medios y hasta la misma oposición política se encargó de mostrar su adhesión, y continuó con la cadena propagandística de esa marcha. Se lanzaron ideas sobre cómo tratar con los violentos o los que intentaran ensuciar el reclamo (muchas, consignas tomadas de las marchas españolas), y no se tuvo miedo de organizar y consensuar, cosa que en ninguna de las anteriores quejas se había dado. Se pidieron también contribuciones económicas para distintas cosas (por ejemplo, para globos aerostáticos o banderas grandes) entre usuarios de las redes, cosa no sólo vista por primera vez, sino también muy bien recibida. También por vez primera, se sabía que no se iba a cambiar nada en el país o la forma de trato del gobierno de forma basal, pero que el cacerolazo tendría un éxito rotundo. Y eso era todo lo que importaba.
El kirchnerismo, sabiendo de todo eso, pasó de sordo a agresivo. Comenzó a atacar las consignas, puso en tela de juicio a los “intereses detrás de ese movimiento de ultraderecha”, se insultó el cacerolazo por no tener líderes visibles, se trató de imbéciles a cada uno de los asistentes por “ser malos con un gobierno benefactor o permitirse manejar por terribles grupos económicos/políticos”, se acusó al movimiento constitucional de ser un golpe de Estado encubierto. Se puso a todo el aparato mediático, propagandístico, y de empleados y militantes funcionales, a trabajar para quitar asistentes a como dé lugar, pero siempre con violencia y agresividad para con el Pueblo. Se contrató a una empresa de márketing para llevar adelante un “yo no voy” y dar de baja usuarios y páginas en redes que anunciaran la marcha. El 8N estaba en boca de todos, a favor o en contra, y cada vez que un “en contra” hablaba, se sumaban más adherentes por el “a favor” (cosa que debemos reconocerle al kirchnerismo). Se inundaron las ciudades con pintadas y carteles K, desde los que recordaban a un Néstor Kirchner “insoportablemete vivo”, hasta los amarillos una semana antes de la congregación, que pedían “no al golpe de Magnetto, Macri y Moyano”, intentando alertar sobre un golpe de Estado anticonstitucional que se daría en días nomás. Se enviaron mensajes alertando sobre grupos violentos que se apropiarían de las plazas y del Obelisco, tratando de desalentar la asistencia de familias completas. Parecieron recordar también derechos (como el de tránsito) que se violarían en ésta marcha (pero no en las varias miles que se dan por año y ellos aceptan). Se apuntó no sólo a los políticos opositores de turno, sino también a cada integrante del Pueblo a congregarse: es que al no tener líderes, no había blancos, y decidieron, así, llevar a cabo el ataque con todo aquel que no estuviese con ELLA. Hubo un momento de mareo táctico presidencial, que se dio 2 semanas antes del cacerolazo, en el que la bajada de línea pareció ser “todo es amor y podemos convencer al resto de nuestra paz con el universo”, pero fue tan rara y tan solapadamente falsa para quienes conocemos a Cristina Fernández y su equipo, que apenas 4 días después se retomaría el ataque ciego hacia cualquiera que se cruzara enfrente.
Pese a todas las maniobras oficialistas (con nuestro propio dinero), llegó el 8N. Entre 500.000 y 700.000 asistentes en el Obelisco y Plaza de Mayo, entre 1.500.000 y 2.000.000 argentinos estimados en todo el país, enormes convocados en puntos “no consensuados” previamente (por ejemplo, a 10 cuadras de Acoyte y Rivadavia, en Carabobo, había otro corte de calles con 1/3 de los convocados en el punto “consensuado”, que no fue contabilizado por nadie), incontables personas caceroleando en las puertas de sus casas, incesantes bocinazos, incontables fotos y videos que llegaban de todas las ciudades del interior del país, y miles que se reunían en el exterior del país frente a las embajadas argentinas para apoyar el reclamo que también les incumbía. Pese a la violencia armada por la prensa oficialista, a enviar noteros militantes recriminadores en vivo esperando algún golpe (de puño o de Estado, daba igual), a ladrones con armas blancas carcelarias (muy bien por Vatayón Militante y sus facas), y un equipo especial de funcionales que pareció hacer violentar a un reconocido grupo de derecha, la marcha (mal que les pese) se desarrolló en total paz y armonía. Más allá del reclamo, fue una fiesta en la que todos teníamos los mismos fines y empatía con el otro. Todos fuimos sin micros, todos llegamos y nos fuimos por nuestros propios medios, nadie nos pagó para asistir, nadie nos contabilizó para ver de qué facción militante éramos, ninguno nos dio argumentos para la asistencia, nadie se fijó si el de al lado era de derecha o de izquierda. Por segunda vez, fuimos todos argentinos hermanados, reclamando por un país ni siquiera de primera línea, sino uno donde, sencillamente, nuestros hijos y nietos puedan vivir. Un Pueblo unido por las fibras más básicas, contra el mal que amenaza con romperlas de un momento a otro.
Por supuesto, hubo grupos políticos opositores que intentaron capitalizar ese movimiento popular (en serio), aunque de formas disímiles. Ya de movida, el sólo dar difusión de una marcha popular o apoyarla, es colgarse de la masividad del cacerolazo. Recordemos que no fue como en el 13S: aquí, ya se sabía que el éxito estaba asegurado. Entonces, el intento de capitalizar “algo” de esa movida, está patente, aunque resta definir cuánto es lo que quita y cuánto le suma al movimiento ciudadano. En ese mismo sentido, hubo otros (como el PRO de Macri) que hasta gastaron recursos partidistas para apoyar la movida (con pintadas callejeras realizadas por militantes); y si bien es algo loable como medio propagandístico, es claro que también busca un rédito (y aunque a muchos les haya salido gratis, convengamos en que esas erogaciones se hacen de impuestos cobrados a todos en CABA). Todo el arco opositor completo intentó reflotarse partidariamente a través de esas medidas o con meros actos discursivos (como Pino Solanas. Binner, o Altamira, por ejemplo), intentando utilizar esa masividad popular con fines propios. Clarín también fue parte de ese uso político, al armar un spot especial diciendo que eran los únicos que habían pasado “eso que muchos podían pintar como cualquier cosa, pero que fue una queja contra el Gobierno”, tratando de formar alguna clase de defensa ante el 7 de Diciembre (7D), fecha en la que el kirchnerismo amenazó con quitarle casi todo. Pero creo que la que más usó (o intentó usar) al Pueblo, fue Patricia Bullrich con su “Unión Por Todos”, que repartía banderitas argentinas impresas con consignas y el nombre de su partido. ¿Qué parte de “apolítica” no entendió esta abusadora?
Como nota especial, creo que esas son las cosas que habría que discutir para la próxima marcha. ¿Qué sería abuso político o empresarial? ¿Cuáles serían los límites tolerables de inserción política en la marcha? ¿Es necesario el aporte publicitario o económico partidista, aunque sea del sector opositor y nos representen de alguna forma? ¿Si la marcha es congregada por algún partido o empresa, o en favor de algún sector político o empresario, habría que sumarse de todas formas, aunque tenga algo de representatividad? Si me preguntan a mí, diría que hay que conservar lo mismo que nos unió y nos fue sumando hasta ahora: sólo gente, congregada consensuadamente, sólo Pueblo asistente. No tenemos la opción de bloquear que publiciten los cacerolazos, pero sí de quitarle toda entidad a la política paralela, y el no tomar banderitas o carteles con consignas de partido alguno. Hay que ser claros al respecto.
El Gobierno, por supuesto, redobló la apuesta. La Policía Federal (esos mismos que hace un tiempito pedían por los sueldos, sindicatos, y denunciaban que estaban siendo maltratados por el gobierno; los mismos también que abrían el tránsito el 13S con gente todavía en las calles) contó apenas 125.000 personas en CABA; pero el funcional Luis D´Elía (el mismo que golpeaba a manifestantes en el 2008) dijo que no llegaron ni a 40.000 y que era una verguenza (así y todo, superaría con creces los 3.500 militantes que hace semanas fueron a la conmemoración de la muerte de Néstor Kirchner). Los ataques se multiplicaron, y variaron desde “intento de golpe fallido”, pasando por “son un grupo de violenta ultraderecha”, por“no se entendió lo que se pedía”, hasta el “no nos vamos a dejar atemorizar por el odio”. La misma Presidente salió un día después, diciendo que había que recordar el 8N como “un día importantísimo para China”, en claro antiguiño hacia los caceroleros, y anunciando públicamente su desestimación de millón y medio de manifestantes a los que debe responderles. Tal como se había previsto, Cristina nada cambiaría. Sólo sirvió para demostrar que al Frente Para la Victoria lo enfada la gente que reclama por derechos inalienables para tal cantidad de argentinos, que pueden aglutinar integrantes de distintas ideologías, clases, partidos y vertientes en una misma marcha (cosa que ellos no pueden lograr… ni pagando).
Puede haber varias lecturas sobre la marcha, el después, las capitalizaciones, y lo que se busca más allá de lo visible (algunas serán tratadas en próximos posteos), pero cabe destacar que la marcha en sí fue un éxito rotundo. Se dice que la única movilización que convocó tanta cantidad de gente, fue la vuelta de Perón con 3.000.000 de personas. Pero yo disiento: esa vez fue por el exilio y la inmensa mayoría eran peronistas. Un Pueblo lleno de Pueblo en estas cantidades, me parece algo inédito para nuestra historia. Y se ha logrado. Luego pueden tratar de desmitificar y decir que somos 44 millones, que 12 millones votaron a Cristina y demás, pero no pueden dejar de olvidar que el argentino es un Pueblo que no suele moverse de sus sillones. Y menos si no hay dirigentes, dinero, o amenazas de por medio. La última movilización multitudinaria kirchnerista (en aquellos tiempos, con Moyano de su lado) no llegó a los 200.000 entre un estadio y las calles; gente que es partidista, paga, o que “tiene que ir sino los rajan”. Entre choripaneros, militantes de ley, personas a las que les gusta el partido o la Presidente porque sí, organizaciones afines y demás, nunca se movilizaron más de 400.000, ni siquiera con música y comida gratis en el lugar de reunión. El 8N, como mínimo, triplicamos esa cifra, sin beneficios colaterales o adicionales por la asistencia, con los ataques de todo un aparato gubernamental que tiene medios y recursos de sobra (que nos quitan a nosotros mismos, fíjense la ironía), con los intentos de atemorización y violencia kirchnerista, con un arco opositor que buscaba resquicios por doquier para sumar para su quintita, y con una congregación tan disímil como el arco iris. Y con el apoyo de mucha gente más gente que no pudo ir, o temió asistir, o no reclama de esa forma. ¿Si ese no es el Pueblo, el Pueblo dónde está?
Fue un éxito, fue en paz, fue representativa, fue demostrativa, fue apolítica. Fuera de lo que pase a futuro, el presente es inmaculado, y la protesta tomó los mejores caminos evolutivos que se han podido ver en mucho tiempo. Pase lo que pase en el futuro, hoy, estoy muy orgulloso de todos y cada uno de ustedes. Hoy, como nunca, casi me siento parte representante de un País, con el pecho henchido por formar parte de los defensores de los valores y la historia del país, y haber marcado un hito que merece ser contado a la posteridad. Nadie fue más peón que el otro, ninguno fue más empresario que el resto, no hubo clases sociales, no existieron diferencias raciales ni ideológicas, no hubo división alguna en ningún sentido: todos juntos, en hermandad patriótica, defendiendo la República de punta a punta, en todos los confines del país. Cosa que no se siente (ni pasa) ni siquiera en las mismísimas elecciones, ¿vió?
PLPLE

lunes, 12 de noviembre de 2012

8N: Opiniones divididas.


 Distintas opiniones con respecto a la asistencia de manifestantes que estuvieron en la marcha del #8N.
Según la Policía Federal que dependen de Nilda Garré: Asistieron unas 70 mil personas.
Policía Metropolitana, que depende del Gobierno de la Ciudad: Unas 700 mil personas.
Fabián Perechodnik, director de Poliarquía Consultores: ‘La imagen de Cristina Kirchner podría resentirse aún más, pero es demasiado pronto para saber en qué medida. Importa  más en términos simbólicos que de cantidad de gente, y advirtió que el 8-N, sumado al antecedente del 13 de septiembre, marca una ruptura clave’.
‘Hay un claro avance de la ciudadanía sobre dos cuestiones muy caras al kirchnerismo, dos de sus dominios casi excluyentes: el manejo de la calle y de la agenda pública’.
‘El hecho de que la Presidenta haya excluido la marcha de protesta del jueves de la lista de hechos destacados de la última semana, en la que incluyó las elecciones de los Estados Unidos y el Congreso del Partido Comunista Chino. Marcar dos hitos internacionales de importancia, pero que no tuvieron relevancia para la Argentina, y dejar afuera el cacerolazo vuelve a demostrar que la realidad pasa por un lado y la mirada del Gobierno por otro. Es una burla’.
Manuel Mora y Araujo:  ‘El discurso de  Cristina Kirchner descalificó y minimizó la protesta. No podíamos esperar otra cosa. Como ya es habitual, la Presidenta niega que haya pasado algo importante’.
‘Respecto del impacto en la imagen presidencial, puede ser que aumente el rechazo entre quienes ya no tienen buena imagen, pero no veo tendencia a cambiar la percepción de personas ya definidas. Los que comulgan con el Gobierno no estaban en la marcha. La imagen [de la Presidenta] viene bajando gradualmente porque la gente no está satisfecha’.
Analía del Franco, directora de la consultora Analogías: ‘Quienes marcharon el jueves ya tenían una imagen crítica o negativa del Gobierno y pese a su magnitud, el cacerolazo pueda tener un efecto contagio’.
‘Ya quedó claro que no va a haber un cambio en las cuestiones estructurales, aunque sí tal vez de estilo, como pasó después del 13 de septiembre, cuando bajó la frecuencia de uso de la cadena nacional’.
El director Ignacio Ramirez de Ibarómetro, de Doris Capurro, cercana al kirchnerismo: ‘El 8-N fue básicamente una interpelación a la oposición. En la imagen de Cristina no va a haber cambios. El desafío que quedó planteado el jueves debe ser recogido principalmente por la oposición, que tiene que metabolizar el malestar’.
‘Las marchas no cambian rumbos, refuerzan antipatías y simpatías preexistentes sobre un gobierno’.
‘La Presidenta es en alguna medida destinataria de los reclamos, pero el deseo subyacente de la marcha es la consolidación de una alternativa política. El 8-N se movilizó para pedir una alternativa opositora, no un kirchnerismo mejorado’.
Ricardo Rouvier, también cercano al oficialismo: ‘Aunque no lo demuestre, el cacerolazo no le resulta indiferente al Gobierno, pero fiel a su estilo, Cristina Kirchner no va a mostrar ninguna debilidad ni cambiar sus políticas’.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La clase media colmó las calles y no hay quien se resista a quedar fuera del podio triunfal.

Exégesis del 8N
Por JUAN SALINAS BOHIL
Opinar en contrario es políticamente incorrecto, supuestamente, una necedad. Los caceroleros quieren que Cristina los escuche y que modifique alguna o muchas de sus políticas. Sin golpear las ollas exigían los mismo en 2005 cuando el kirchnerismo ganó las elecciones. Se les explicó entonces que es demencial realizar cualquier cambio cuando se gana y sino habría que preguntarle a entrenadores de fútbol como Pekerman o más recientemente a Almeyda.

Aunque pueda parecer una insensatez, por el momento y sólo por el momento, la protesta puede favorecer al gobierno porque canaliza las energías opositoras de la sociedad debido a que las del Congreso las tiene bien atornilladas porque de "opositores" como Juez, que por su histrionismo bien podría acompañar a MIDACHI y que luego de su vergonzoso papel en la estatización de la ex Chiccone ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar (radios y televisoras a toda hora) o de Solanas que hace 20 días dio comienzo a su campaña de reelección, estamos repletos. Y los otros, los que dicen serlo de verdad y a los que sinceramente deben creérseles, suelen apoyar las mismas cuestiones que el Ejecutivo. Piénsese en las estatizaciones de YPF, Aerolíneas o el voto joven, por citar sólo algunas y sus acciones como las de "abrazar" al Palacio de Justicia que es lo más progrey delicado que se pueda pedir.

El cacerolazo del jueves muestra a las claras lo endeble del sistema político argentino y si se continúa aceptando que "El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución"., la próxima manifestación (porque ya se está pensando en otra), si es que se realiza, debería efectuarse frente a los domicilios de los políticos "opositores" elegidos para  exigirles que cumplan su parte del contrato electoral -si es que alguno de ellos ha propuesto alguna cosa-. Llegará el día en que los electores se hagan responsables de lo que votan y a quiénes votan, en un largo camino que es preferible transitar pero que no resulta tan peligroso como el actual.

Si se asegura que a ciertos políticos "no les entran las balas", es posible que a la soberbia presidencial las protestas de la clase media no le hagan ni cosquillas. Tampoco los documentos que aglutinan firmas opositoras en apoyo a una justicia independiente del Ejecutivo o las diversas "sensaciones" de inseguridad, corrupción, inflación, desocupación, de reforma de la constitución o pérdida de libertad que sienten los manifestantes. Tiempo al tiempo. Ya se dará cuenta y comprobará que la equivocada es ella. La realidad, finalmente, hará trizas su sueño autoritario como el que erigió con su marido en su feudo de Santa Cruz.

De aquí a diciembre vendrán otras concentraciones opositoras como la sindical peronista de Moyano y Micheli que no tendrá apoyo de la clase media por la aversión que ésta mantiene con el primero y que el camionero no puede remontar. Sería conveniente que ambos sectores fluyan en ese encuentro pero es muy fuerte en el recuerdo de los caceroleros los servicios que prestó Moyano a los Kirchner en sus primeros años de mandato como para aceptarlo ahora de socio en la protesta.

El país sigue deteriorándose. La libertad está anclada y embargada. Las clases bajas aún no lo perciben pero se inundan igual que las medias. El ministro de la Luz dijo que alguien "bajó la palanca" y por eso se produjo el corte masivo de energía. Si era sólo una palanca no se explica por qué tardó tantos días en subirla. A continuación hizo una denuncia penal y el sorteo del juzgado cayó nuevamente en el que administra el juez Oyarbide, dueño de todas las pelotillas que se encuentran dentro del bolillero. ¿No habrá llegado la hora de solicitar veedores internacionales a la ONU cada vez que se realice esa clase de sorteos?

En un juego de ajedrez incompleto con una reina sin rey, el próximo paso en las hostilidades le corresponde a la Casa Rosada. Sus cuadros dicen estar "Unidos y organizados". Del otro lado también.

“En 2001 la consigna fue `que se vayan todos´. Ahora parece ser `que aparezca alguien´”.


Telegramas para Todos


“En 2001 la consigna fue `que se vayan todos´. Ahora parece ser `que aparezca alguien´”. Carlos Pagni


Ya pasó una de las fechas más gravitantes para el futuro de la Argentina (http://www.youtube.com/watch?v=xH9u4smQ8EYy es hora de sacar algunas conclusiones sobre qué fue lo que realmente dijo el 8N, así como de imaginar cómo reaccionarán los destinatarios de esos dichos. Las multitudes que coparon calles, plazas y avenidas del país enviaron claros telegramas para todos los que, en unas filas o en otras, hoy se destacan en el pobrísimo escenario político.

Los primeros en recibirlos –y rechazarlos- fueron, obviamente, Anímal Fernández, Cafre D´Elía, HijitusAbal Medina, Chimango Larroque y hasta Sir Laclau, quienes se agotaron tratando de desacreditar y ningunear una protesta entonces futura. Doña Cristina recibió varios, todos ellos reclamando República e instituciones, sobre todo Justicia; al recorrer toda la concentración, pude ver y hablar con muchos manifestantes y encontré en ellos ese común denominador. Lamentablemente, el mismo viernes demostró que se había negado a recibirlos.

Nuestra egregia Presidente, con formas chocantemente chabacanas y ordinarias, literalmente desconoció el hecho mismo; prefirió mencionar como lo más relevante sucedido el jueves las elecciones en el Partido Comunista chino. Evidentemente, la señora hace gala de su desprecio por la ciudadanía y, sobre todo, de esa parte importante de ella que reventó las calles con respeto y alegría.

El viernes el propio Juez Griesa le envió otro telegrama; harto de los dichos presidenciales, intimó a la Argentina a presentar un plan de pago a los holdoutsantes del 16N, so pena de imponerlo el 2D y enviar al país a un nuevo default; además, le hizo una severa advertencia acerca de la pretensión de desconocer los fallos de los tribunales norteamericanos, elegidos por don Néstor (q.e.p.d.) para dirimir las cuestiones “bonísticas”, informándole que se tomarían severas medidas económicas en nuestra contra. Espero que no rechace el envío mientras se pregunta: “¿qué le hace una mancha más al tigre?”, básicamente porque ya Argentina no es siquiera un gato en el mundo. También anhelo que no declare la guerra a Ghana por la ubicación de la fragata “Libertad”; los novecientos metros que separan un lugar del otro son, por cierto, un tema más que menor dentro de un panorama especialmente complicado.

Los miembros de la oposición, que han demostrado tener una concepción tan infantil de la política y, como consecuencia de ello, actúan por turno como idiotas útiles, no deberían negarse a recibir los telegramas que les enviara la multitud; la frase que encabeza esta nota fue, seguramente, parte del texto.  La rabia y la desilusión de la ciudadanía, que viene de muy larga data, no permitieron corregir la dirección de la protesta, pese a las buenas noticias que significaron, en las dos últimas semanas, los compromisos firmados por senadores y diputados que invalidan cualquier tentativa de modificar la Constitución, al menos hasta las elecciones de 2013, tan lejanas.

Hoy, con todos los peligros que ello implica, lo real es que la Argentina, sobre todo sus clases medias, está buscando desesperadamente el nacimiento de un nuevo liderazgo en el cual confiar y, a la vez, al que pueda controlar. En la situación actual de magma que vive nuestra sociedad –del cual sólo se exceptúa el núcleo duro del cristinismo, formado por gente convencida pero, también, por delincuentes que temen perder libertad y patrimonio- cualquier ciudadano que pueda exhibir un curriculum, y no un prontuario, puede convertirse en la expresión genuina de esa voluntad de retornar a la Constitución, al federalismo, a la Justicia y del hartazgo de la inseguridad, de la inflación, de la mentira, del permanente recorte a las libertades individuales, de la arbitrariedad, del despotismo y, en general, del desmadre en que el Gobierno ha sumido al país.

A partir del jueves pasado, se abren nuevos interrogantes en la demencial batalla que lleva adelante la Casa Rosada contra Clarín porque, como dije en alguna nota anterior, la masividad de la protesta puede derivar en una defensa cívica al derecho a elegir que esta guerra, que a nadie interesa, pretende conculcar. No necesito repetir que no tengo por ese grupo mediático simpatía alguna, ya que fue cómplice del poder hasta la crisis del campo, pero exijo se respete mi derecho a elegir, y estoy dispuesto a pelear para que nadie me lo quite.

Si el Gobierno pretende ignorar, una vez más, el reclamo ciudadano en tal sentido, pondrá definitivamente en juego la escasa paz social que su vocación divisoria aún permite. Los argentinos que nacimos hasta 1960 tenemos perfectamente en claro a qué nos están llevando, y cuánta sangre correrá entonces, porque tenemos fresca esa memoria, a contramano de la reescritura de la historia que ha llevado adelante desde mayo de 2003.

Para concluir, también fueron destinatarios de sendos telegramas los jueces, en especial los ministros de la Corte Suprema. En estos días, apareció una solicitada firmada por grandes personalidades, muchas de ellas amigos míos. No la suscribí porque tengo enormes reparos contra los miembros de nuestro Poder Judicial. El Tribunal supremo, sin que ninguno de sus otros miembros se sienta obligado a renunciar por ello, mantiene en su seno a un Juez dueño de prostíbulos y evasor de impuestos, y ha reelegido como Presidente a alguien que, a despecho del progreso de la humanidad en la materia, se ha puesto de acuerdo públicamente con los Kirchner para terminar con todos los principios de derecho que hacen posible la convivencia en las sociedades: el de inocencia, el de legalidad, el de juez natural, el de irretroactividad de la ley penal, el de no juzgar dos veces por el mismo delito, el de igualdad ante la ley. Mi rechazo moral también se vincula con la notoria complicidad de la Corte con las aberraciones que, diariamente, cometen la Presidente, sus ministros y sus funcionarios, que ignoran las sentencias que no condicen con sus deseos, que persiguen impunemente a los jueces probos y alquilan la voluntad de los corruptos, y que han terminado con la republicana división de poderes.

Contra toda esperanza, esperé que la Presidente entendiera el mensaje de la calle: “Cristina, dejá el micrófono y ponete los auriculares”. Tristemente no lo hizo y, otra vez, la tragedia se cernirá sobre la Argentina, y el juicio de la Historia, al que dice ser afecta, resultará inapelable.

Bs.As., 11 Nov 12


8N: RECLAMO POPULAR INORGÁNICO Y SISTÉMICO.

Red Patriotica Argentina 






La respuesta resultó ser  anterior al reclamo, por boca de Cristina se supo  unas horas antes del acto que "Él me transmitió a mí no aflojar nunca. No aflojar jamás. Ni en los peores momentos. Porque en los peores momentos es cuando se conoce a los verdaderos dirigentes de un país" Ya sabemos quién es El, se trata del sumo ladrón muerto y enterrado en Santa Cruz. Desconfiamos de que esa frase se la haya dicho su marido, es posible que la haya inventado Ella, para la circunstancia La inorgánica manifestación de ayer tampoco la hizo  cambiar de actitud.

Caos sospechoso y masividad
Precedida el día anterior por un sospechoso caos nunca visto en el centro de Buenos Aires con cortes de luz, agua, embotellamiento de transito y un bombardeo de mails amenazantes por Internet tendientes a disminuir la cantidad de manifestantes, la velada cacerolera se llevó a cabo de forma multitudinaria
Si bien posiblemente más masiva que la anterior, adoleció de los mismos defectos y aun podría decirse que mucho más marcados que la de setiembre. Eso sí, los decibeles destituyentes fueron bajados en gran medida por la prensa que se dedicó a destacar que se trataba de un reclamo de la ciudadanía contra la inseguridad, la corrupción, el manoseo de la Constitución y la reelección indefinida que se pretende sancionar.
Una convocatoria por la Democracia, la Constitución y la Libertad, afirmaron los periodistas y locutores  de la TV,  o sea como diríamos antaño jocosamente por el sistema métrico decimal
Algo tan indefinido tendrá como respuesta de seguro la que esbozó la Presidenta en forma general:  por ejemplo, la Ley 24.660 que permite, entre otras bellezas, todas y cada una de las liberaciones de los peores delincuentes o violadores que reinciden sistemáticamente, no será modificada en lo más mínimo (De hecho no está ni pensado cambiar su contenido y espíritu progresista), que los ladrones del erario público sigan robando como si tal cosa y que pasado el chubasco del cacerolazo, las fiestas y el veraneo, ya todo enfriado por el  sempiterno olvido público, se siga adelante con el proyecto reeleccionista pues en definitiva tanto el kirchnerismo como la oposición están iguales, no tienen nada para ofertar, nadie  a quien exhibir  como candidatos en el 2015. Para los primeros es Cristina o comprar el odiado Clarín para ver los clasificados.

Más sistémico que nunca
Resulta más que sorprendente esta última manifestación si la vemos a la luz de las anteriores y especialmente de las del 2001, suerte de madre de todas las demás subsiguientes. Si en la del 2001 se protestaba contra los políticos en general y se instaba a que se fueran todos cuestionándose indubitablemente el Sistema, en esta solo se pedía que  los que gobiernan lo hicieran bien y los opositores los controlaran. Nos preguntamos aquí si los políticos se han bañado en las aguas del Jordán de la decencia desde aquel lejano diciembre  y en la actualidad solo exhiben algunas leves manchas que se pueden limpiar con un  trapo húmedo. Acertaremos si decimos  que no es así, seguimos gobernados por la misma corrupción de siempre o en peor grado, la ineptitud es más patente que nunca y la entrega mejor ni hablar. Modificaciones ha habido desde aquella época pero para empeorar el panorama. Las mejoras económicas son meros parches al capitalismo con el que el gobierno está más amigado de lo que muchos trasnochados creen, pues paga puntualmente la libra de carne  a la usura mundial en dólares que saca de donde sea.
 La situación no amerita protestas liquidas y con consignas lavadas, sino actitudes mucho más radicales y orgánicas. No podemos más que reafirmar que esta manifestación fue la más sistémica de todas las que se han hecho, cosa que se había anticipado en otras notas de este periódico.

La reacción del gobierno
Ya los capitostes del oficialismo se rieron o ironizaron el tema. Los mafiosos que gobiernan están organizados y disponen del dinero del Estado. Dinero que nosotros les facilitamos. Tienen una plantificación y ejercen el poder. En algunos carteles aparecidos en las redes sociales han comparado la multitudinaria movilización como una nube de humo y no dejan de tener razón.
 Les parece ridículo que la gente se movilice en base a la mitología democrática que ellos mismos invocan para legalizar sus tropelías e invocaron para llegar al poder  al solo efecto de cometerlas.  Mitología  en la que no creen ni ahí. Son el cinismo criminal dominando el Estado. Después de 30 años de padecer “esto” también nos parece increíble tener que volverlo a decir y que nadie se haya dado por enterado siguiendo consignas que son solo humo como dice el enemigo.
La presidenta ninguneó el acto, hablando de China y otras idioteces a que nos tiene acostumbrados, los “intelectuales K” trataron de manifestar que esta cacerolada era promovida por la “oligarquía” y que no tenía la afluencia del “pueblo”. Indudablemente debe haber millones y millones de oligarcas en Argentina. Lógicamente para estos hombres tan sensibles, “pueblo” son solamente los sumergidos y marginales, los que reciben subsidios y los beneficiados por los “nuevos derechos” y las leyes penales progresistas (maricas, lesbianas, travestidos, ladrones y violadores). A los que salieron a la calle, estos genios del absurdo,  y su gobierno kirchnerista, parafraseando a Zinoviev, “no  tienen nada que decirles” (*). El mismo Delia con su verba  de semi analfabeto infatuado dijo que el acto era para sostener a Clarín y que había sido un fracaso de concurrencia. A la hora de la movilización debió estar mirando Bonanza en el canal TCM.

Conclusión
Creemos que estas movilizaciones inorgánicas, sin dirigentes determinados y con consignas caóticas no conducen a nada, más que no sea retroalimentar al Sistema, un sistema que es la madre de todas y cada una de las deficiencias contra las que, irónicamente, la gente protestó.
Demos un ejemplo: Una de las consignas más escuchadas y lógicas fue la referente a la inseguridad y a las leyes y los jueces que dejan en libertad a delincuentes y perversos de todo tipo aun penados con el máximo castigo. Habría que decirle a los protestatarios que esas leyes se sancionan desde la cúpula del Estado, donde es política de Estado (valga la redundancia) la ideología de los Derechos Humanos y que la clase política que ocupa dicho Estado es elegida por ellos cada dos y cuatro años y que es la que sanciona esas leyes y elige a esos jueces que en muchos casos no tienen más remedio que cumplir con dichas leyes. Este es un ejemplo que marca el hecho de no saber contra que se protesta o sea  solo protestar contra la consecuencia ignorando cuales son las causas y donde habría que meter el bisturí para extirparlas. Este tema (Inseguridad) como muchos otros, dentro de la maraña de este Sistema no tiene solución o no puede ser llevado a niveles relativamente normales. Hace mucho que humildemente lo decimos.
Saludamos que la movilización no haya sido motivo de desgracias personales y a pesar de que se nos acusó de histéricos ,cobardes, traidores y funcionales al marxismo kirchnerista, preferimos no concurrir ni ilusionarnos con algo que era vía muerta desde el vamos. No actuamos por impulsos ni somos como los zurdos que se emocionan con las movilizaciones y nunca se dan cuenta que las cosas se resuelven en otros lados. No es la nuestra la desorganización sino que predicamos lo orgánico, no es nuestro deseo predicar el reformismo de este sistema irreformable queremos que muera para que la Argentina viva. Por eso seguiremos diciendo la verdad le duela a propios y a extraños.
 Guillermo Rojas

(*) Esa era la frase con que este asesino comunista definía a quienes serian exterminados  Véase "Sobre la naturaleza genocida del marxismo" Ferrerons Jaumé - http://redpatrioticargentina.blogspot.com.ar/search?q=la+frase+de+zinoviev.

RESPUESTA K: CARTEL KIRCHNERISTA APARECIDO EN EL FACEBOOK

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los mensajes del 8N.

Carta Politica 



Hugo Martini
CARTA
El primer mensaje es que la naturaleza de la movilización fue positiva. Es una actitud intelectualmente muy primitiva pensar que la protesta se agotó en sí misma y no propuso nada. Al contrario, propuso todo: (1) a la protesta contra la mentira propone gobernar sin mentir, (2) contra la inseguridad propone vivir físicamente seguros(3) contra lainflación propone, no mentir con el INDEC y vivir sin inflación y (4) contra la re re propone no reformar la Constitución Nacional.
¿Qué dicen los analistas –del gobierno y la oposición- cuando el mismo ocho a la noche sostenían que faltaban propuestas? ¿Se pretende que cada uno de los centenares de miles que salieron a la calle debió llevar una carpeta, con una propuesta escrita, explicando lo obvio?
El segundo mensaje dice: la gente pidió cosas, simplemente cosas: basta de mentiras, inflación, inseguridad y re reelección. Pero la Argentina es un país de personas –no de cosas ni de instituciones- y la mayoría de la dirigencia sigue alimentando, entusiasmada, esta distorsión.
Un ejemplo exagerado, permite ser más claro: si mañana se produjera una catástrofe natural desproporcionada algunos líderes –envueltos en la tarea de rescate- dirían: “Con Cristina no y con Macri tampoco, ni con Scioli, Alfonsín o Moyano”. A la afirmación: “pero todo se hunde” la respuesta sería: “no importa, ese es mi límite”. Es probable que la inmensa marea humana que se movió anoche no esté pidiendo un líder que la salve sino, simplemente, una dirigencia que se ocupe de las cosas.
Es probable que los párrafos anteriores sean muy simples. Ocurre que lo de anoche fue, realmente, muy simple: gente que caminaba mientras protestaba y proponía, sin buscar un palco que no estaba, sin esperar discursos porque no los habría, concentrándose y desconcentrándose en paz, sin cantos ni banderas partidarias. Había que verlos, para saber que venían de todas partes y que nadie los había traído. Para ser claro, no eran “indignados” que negaban, estaban buscando otro país.
El sistema democrático ha sido desde siempre una planta exótica en la Argentina. Se ha tratado, sin éxito, primero dedistorsionarlo o negarlo y después, imponerlo desde arriba. Sin que lo adviertan, ni siquiera los manifestantes, es probable que por primera vez esté naciendo, sea impulsado desde abajo. Tardará tiempo, una variable que se usa poco y no sabe de urgencias electorales.
Es probable que haya otros 8N, hasta que sus mensajes se introduzcan en el sistema político y la gente no tenga que movilizarse para defenderlos.