lunes, 23 de julio de 2012

Ni sectarios ni excluyentes:Somos todos peronistas.


Por Jose Luis Ponsico


  Pudo ser en 1972 cuando a Juan Perón en Madrid le preguntaron por el escenario político en la Argentina. "Hace unos 30 años que el radicalismo tiene entre el 20 y 25% del electorado, algo menos los socialistas y sectores cercanos a la izquierda y derecha algo menos", habría dicho. El interrogante que siguió era inevitable:
"¿ Y el peronismo ?". "¡ Ah... peronistas son todos !" puntualizó el ex Presidente de la Nación que más tarde volvería al país y sería votado por tercera vez. Hoy, 40 años más tarde se puede repetir la escena y hasta la respuesta del General, si la versión es correcta. Peronistas son todos: Cristina Fernández de Kirchner, Hugo Moyano y Daniel Scioli.
   Lo que está claro es que los proyectos no son los mismos y dentro de la amplia gama de un peronismo abierto al cielo, tampoco expresan cosas parecidas. Una curiosidad: hasta hace un año y antesala electoral compartían el barco llamado Modelo. Moyano y Scioli aludían "al restablecimiento de la justicia social en la Argentina", se lee.
   Ciclo que empezó en la transición traumática de Eduardo Alberto Duhalde con el regreso de Roberto Lavagna en la primavera´02 y continuó con Néstor Kirchner a partir del 25 de mayo´03.Continuado por Cristina (07/2011) permitió una reelección 54% de los votos.
    Lo que tiene un sólo antecedente en cifras: noviembre del´51 el propio General Perón resultó reelecto con incorporación del voto femenino. Entre 1989/95 Carlos Menem alcanzó la reelección. El domingo 14/5/95 obtuvo el 49%. En todos los casos las bases, dos senderos, resultaron obvios.
    El voto peronista se instaló -primera generación- con los miles de trabajadores y obreros, los sectores populares. Y el voto de los bonaerenses en su mayoría, lo que propiciaron una reacción en masa. Acompañaron la jornada del 17 de octubre del´45.
    La cultura política y el sentimiento político hizo el resto durante seis décadas. Trabajadores bonaerenses inmersos en el kirchnerismo -desde hace casi una década- reflejan el proyecto compartido por la CGT. de Moyano y el gobierno de Daniel Scioli. Una observación: Moyano era opositor a Menem en los´90.
    La coparticipación a las provincias en medio de la primera crisis financiera, antes el reclamo cegetista de fines del año pasado cuando el líder de la central obrera desde la cancha de Huracán hizo sentir su "disconformidad", hace 8 meses por "no ser tenidos en cuenta a la hora de representar al Modelo en el Congreso", cambió curso y acción.
    "Moyano se empezó a distanciar cuando Cristina optó por "La Cámpora", antes que los representantes de los trabajadores", dijeron cerca del camionero ya en junio del año pasado. No pocos intelectuales aluden al fenómeno de los jóvenes, cuando toman compromiso militante, como el sujeto transformador en la Política.
     Si cualquier observador analiza al gobierno de Cristina desde las jornadas por "la 125", la protesta del Campo que se extendió a media sociedad, marzo/julio ´08, un tsunami se llevó puesto al propio vicepresidente de la Nación, Julio Cobos; al jefe de gabinete, Alberto Fernández y más tarde a la misma Comisión de Enlace que lideraba el conflicto (Buzzi, Biolcatti, De Angelis) con resultados evidentes.
     En política nada es gratis. Hoy, el saldo visto desde la oposición es que se cohesionó la fuerza en los Medios y a partir de una nueva confrontación el gobierno instaló la ley antimonopólica. La de Medios Audiovisuales que elaboró el grupo de Gabriel Mariotto, ahora vicegobernador.
     El entredicho por los fondos del Banco Central quedó en el olvido, lo mismo que la pugna por la compra de dólares en medio del control (la soberanía monetaria) a cargo de Guillermo Moreno, cuasi ministro de Economía desde su cargo en la Secretaría de Comercio Exterior.
    Nada es una línea recta. Menos en el fútbol. Boca llevaba tres puntos y quedaban nueve en disputa. En el camino faltaban Bánfield (último, ocho derrotas consecutivas), Arsenal en La Bombonera (un solo triunfo en 9 años) y All Boys. Era favorito en el Clausura.
     La Copa Libertadores de América con segunda final en Brasil era más complicada. Hoy, el club vive una crisis política. La frustración en el torneo de AFA. y la derrota en San Pablo con Corinthians -lo cuál no es una deshonra; sí lo es para un segmento político que Boca siga siendo conducido por el macrismo- se agravó con la renuncia de Juan Román Riquelme.
    Los ídolos son sagrados. El estratega de Boca no tuvo buenas actuaciones en cuatro partidos decisivo. En 48 horas hubo más de veinte marchas de protesta en todo el país pidiendo por su retorno -estribillos contra el presidente Daniel Angelici y el técnico, Julio Falcioni- reviviendo jornadas de confrontación política.
    River creía haber recuperado estabilidad emocional con el triunfo, complicado, ante, Almirante Brown (San Justo) que significó el ascenso a Primera. Patronato (Paraná) en Santa Fe dejó al universo riverplatense cerca del diván -Argentina está al frente en los países con mayor cantidad de psicólogos en toda latinoamérica- pero la alegría no duró
    En cuestión de días el binomio Passarella/Almeyda puso fin al ciclo de otro binomio (Cavenaghi-Domínguez) y ardió Troya. Así como la masa xeneize tuvo su banderazo por el ídolo (Riquelme) la riverplatense produjo el suyo pidiendo la renuncia de Passarella. Nada es sencillo desde lo institucional cuando afuera hay gritos.
Daniel Angelici -empresario ligado al juego- no es Mauricio Macri. Y todo indica que Passarella no es William Kent, escribano público al que decían "Papa bueno" en el´69. Cuando Chacarita le hizo cuatro a River, cancha de Racing, final Metropolitano.
El Kaiser que levantó la Copa, Mundial´78 está más cerca de Antonio Liberti. Vienen los del barro. Don Antonio empezó como distribuidor de soda. El padre de Daniel, camionero, transportista en Chacabuco. El poeta Leónidas Lamborghini dedicó un poema, "Eva Perón en la hoguera", aludiendo a las distintas miserias humanas.
    Un detalle: Lamborghini era "cuervo" y peronista. El 13 de noviembre´09 sus cenizas volaron sobre uno de los arcos de la cancha de San Lorenzo. La política, el fútbol, la condición humana y los poetas que no eluden la redonda.

Guerra civil en Argentina.


GUERRA CIVIL

Guerra Civil en Argentina Y hay más de dos bandos que preparan una confrontación civil armada, con escalas de gran intensidad en el transcurso de los próximos meses. Saquémonos la careta, estamos en guerra. La población ha sido invadida, ocuparon nuestras ciudades, tomaron las calles, se apropiaron de armas, municiones, vehículos y lugares fortificados. La LEY civil no ordena ni protege a los habitantes, no hay respeto a las personas desarmadas, mujeres, ancianos o niños. Se mata indiscriminadamente a la población, que solo puede refugiarse en sus casas y rezar para no ser elegidos como objetivo de los cobardes agresores. ¿Que mas necesitamos para asumir que el monopolio de la fuerza ha sido perdido por el Estado Nacional en todas sus expresiones?. Diría, además, que este estado de persecución y aniquilamiento, a la CLASE MEDIA ARGENTINA, forma parte del accionar organizado y estimulado desde la periferia del poder político de nuestro país. No hay LEY, no hay transporte, no hay moneda, no hay combustible, no hay tecnología, no hay escuela pública, NO HAY TRABAJO. Pueblos del interior tomados por el narcoterrorismo. HAY CAOS Y DESTRUCCION, AUTOS QUEMADOS, ZONAS DE MUERTE, SIN FRONTERAS, REINA LA ANOMIA. ¿Que más necesitamos para darnos cuenta que estamos mirando para otro lado?. Cuando todo esto termine, solo quedará de pie un grupo de seres humanos, aquellos capaces de defenderse y luchar. Que DIOS nos proteja y fortalezca nuestra PATRIA, bendiga nuestras familias, Y EMPECEMOS A VER LA REALIDAD, EN UNION para defender nuestros DERECHOS, LUCHANDO, y SIN TEMORES.

domingo, 15 de julio de 2012

Los degenerados me discriminan por ser normal.


Red Patriotica Argentina 



A PESAR DE ESTO LA MONEDA VA A SEGUIR CAYENDO...
Logra la honradez quien elige lo bueno y se aferra a ello con firmeza.
Para este logro los requisitos son: un extenso estudio, una
investigación precisa, una cuidadosa reflexión,
una clara discriminación
y una seria práctica de lo que es bueno.
Confucio
Como respuesta a una población planetaria en constante aumento, a algunos no se les ocurrió mejor idea que impulsar lo que se terminó conociendo como el "control de la natalidad"; expresión en la que, en realidad, deberíamos suplantar la palabra "control" por la de "restricción" y en algunos casos hasta por la de "eliminación".  Como eso no funcionó demasiado bien – y como tampoco se pudo establecer con demasiada confiabilidad quienes habrían de ser "controlados" y quienes no – se buscaron alternativas por otros medios.
A lo largo de esa búsqueda, parece ser que ciertos psicólogos y sociólogos descubrieron que la sociedad tiende a rechazar prácticas, costumbres y conductas que atentan contra su propia supervivencia. Un descubrimiento que cualquier manual de biología o etología les hubiera revelado ya en los primeros capítulos. Pero los sociólogos, y sobre todo los psicólogos, no estudian a Thomas Hunt Morgan [1] y a Konrad Lorenz [2] lo tienen directamente prohibido. Ni hablemos de los desarrollos posteriores en biología poblacional, o en áreas como la sistemática genética y la etología humana. De modo que, dejando tanto a la biología como a la etología olímpicamente de lado y echando mano al "discurso", estos buenos intelectuales construyeron un "relato" según el cual el rechazo de lo anormal no respondería a un impulso natural y propio de cualquier persona sana sino que se debería a un "mandato cultural" que exige "discriminar" a cualquier "alteridad" diferente. Con ello se planteó que, tratándose de un "mandato cultural", el rechazo debería ser reversible. Todo lo que se necesitaba, en teoría, era destruir el "mandato" responsable de la discriminación o bien, dado el caso, demoler incluso a la cultura misma que lo había generado.
La cuestión es que los especialistas en ingeniería social compraron la teoría y actualmente se gastan enormes sumas en lograr una población imposibilitada de reproducirse y, por lo tanto, incapaz de sobrevivir. Basta con repasar algunos presupuestos para constatar que se invierte mucho dinero en esto. En realidad, el costo de estas campañas no debería llamar demasiado la atención ya que semejante proyecto es, por fuerza, algo muy caro. No es fácil promocionar la estulticia. Hay que invertir mucha plata para lograr que millones de personas se opongan consciente y deliberadamente a leyes naturales vigentes desde que existe el planeta tierra — es decir: desde hace por lo menos trece mil setecientos millones de años. El disparate tiene una demanda sensiblemente escasa. Por lo tanto hay que crearla. Y eso no puede ser barato.
Efectivamente, es difícil encontrar a alguien dispuesto a pasarse el día tirando una moneda al aire para ver si alguna vez queda flotando en el espacio sin caer al piso. Nadie estaría dispuesto a hacer una cosa tan absolutamente inútil como ésa todos los días, y encima gratis. Para que lo haga habría que pagarle. Y pagarle bien. Nadie hace algo tan superfluo por nada. Es más: cualquier persona sana, común y corriente, con la posibilidad de realizar algún trabajo productivo, se negaría a hacer semejante tontería hasta por dinero. A menos, por supuesto, que se trate de mucho, mucho, dinero. Justamente por eso es que esta clase de campañas cuestan tanto. Solamente un tonto hace tonterías gratis. Pero las tonterías del tonto no convencen a nadie. Por lo tanto, para promocionar efectivamente una reverenda tontería hay que contratar a una persona inteligente y las personas inteligentes no hacen ni promueven tonterías. A menos que esas tonterías sean muy redituables. Y los inteligentes, además de inteligentes, sean también muy corruptos.
Por desgracia, sin embargo, los promotores de estupideces cuentan con otra fuente de recursos humanos que es prácticamente gratuita y casi inagotable: pueden recurrir a los ignorantes. Porque el ignorante, al desconocer supinamente las más elementales leyes que rigen el cosmos, puede llegar a cometer y promocionar estupideces hasta sin darse cuenta de la payasada que está protagonizando.
Y esto incluso admite gradaciones. Porque están los ignorantes lisos y llanos, que simplemente no saben – y no saben que no saben. Pero están también los ignorantes adoctrinados, que no saben – pero que se creen que saben. Son los que viven en el universo de las frases hechas, las ideologías predominantes, las consignas de moda, las teorías científicas indemostrables, las sensiblerías lacrimógenas, los postulados inverificables y las fantasías utópicas tan románticas como inviables.
Son los que creen que todo lo deseable tiene que ser posible; no importa el motivo por el cual se lo desea, ni las consecuencias de ese deseo, ni el precio a pagar por satisfacerlo. Y, si a pesar del más intenso de los deseos resulta que la cosa no es fácticamente posible – como por ejemplo lograr que la moneda quede flotando en el aire – los ignorantes adoctrinados creerán con fe imperturbable que, en algún futuro indeterminado, alguien ya le encontrará la vuelta al asunto para hacerlo posible. Por lo que propondrán muy sueltos de cuerpo que, mientras tanto, la solución del dilema está en comportarse como si ya fuese posible hoy mismo.
Así, la moneda caerá irremisiblemente al suelo porque le es imposible sustraerse a la ley de gravedad; pero el ignorante adoctrinado nos exigirá que nos comportemos "como si" estuviese todavía flotando en el aire porque así lo dicta una doctrina basada en expresiones de deseos, o una filosofía que "reinterpreta" la realidad para ajustarla a algún capricho intelectual. Con lo cual no haríamos más que suplantar un supuesto mandato cultural que no es tal por otro mandato cultural que sí lo es y que, encima, constituye un monumental disparate.
El hecho es que nuestra civilización ha quedado literalmente inundada por toda una marea de estos "como si". Por ejemplo, la observación más superficial y los datos científicos más básicos ya nos indican que los seres humanos son esencialmente diferentes. Sin embargo, el igualitarismo democrático exige con categórica impavidez que los regímenes sociopolíticos se constituyan "como si" fuesen iguales. En otras palabras: son desiguales pero hay que considerarlos iguales a pesar de lo objetivamente demostrado por  la realidad, porque quizás, de alguna manera, en algún momento – quizás dentro de un millón de años – alguien conseguirá hacerlos iguales.
Por ejemplo, por medio de la educación. Y si la realidad desmiente el mito liberal de la infinita educabilidad del ser humano y la actual educación no logra igualarnos a pesar de que los ahora llamados "trabajadores de la educación" se rompen el alma tratando de lograrlo, pues entonces se esgrime una buena excusa recurriendo al sencillo expediente de buscar la explicación en otra parte. Por ejemplo, en las diferencias socioeconómicas, en los diferentes medioambientes, en las subculturas localizadas, en los ya mencionados "mandatos culturales", en la alimentación durante la infancia . . . en el aire, en el agua, en los campos electromagnéticos o en las radiaciones cósmicas. En cualquier cosa menos en lo obvio: en las diferentes capacidades innatas, en la desigual distribución del talento, en las disímiles inclinaciones, percepciones, tendencias, idiosincrasias y predisposiciones naturales de las personas.
Según la teoría de los promotores del igualitarismo, el día en que todos recibamos exactamente la misma educación y la misma alimentación, tengamos la misma condición social y el mismo nivel económico, vivamos exactamente en el mismo entorno, bajo las mismas condiciones ambientales, respondamos a los mismos "mandatos culturales", hablemos el mismo idioma, gocemos del mismo sistema de gobierno con las mismas leyes aplicadas con el mismo criterio jurídico, consumamos la misma información y sostengamos las mismas opiniones – ese día seremos realmente todos iguales.
Dejando de lado ahora la enorme presión coercitiva que habría que ejercer sobre los 7.000 millones de habitantes que poblamos el planeta para lograr una utopía parecida a ésa, ¿se imaginan  lo mortal e insoportablemente aburrido que sería vivir en un mundo así? Imaginen lo que sería vivir en un mundo tan lineal como el electrocardiograma de un cadáver, uniforme como un hato de ovejas, parejo como el Sahara, monótono como el croar de una rana. En un entorno como ése hasta se volvería imposible cualquier discusión sobre cuestiones vitales y esenciales porque precisamente en lo esencial y vital todos tendrían que opinar lo mismo. Forzadas a vivir en semejante tedio, las personas con tan solo dos dedos de frente terminarían replegándose sobre sí mismas. Huirían hacia su propio interior, tratando de encontrar en su propia, solitaria, intimidad algún incentivo para la reflexión y la creación.
Quizás eso es, precisamente, lo que se pretende.
Quizás la idea detrás de la teoría es que nos repleguemos sobre nuestro ser interior, que nos desentendamos de todo y que, hartos y cansados de una mediocridad ramplona, dejemos el gobierno y la conducción de la sociedad en manos de quienes no solo saben muy bien que la utopía es completamente inviable sino que, además, se creen Elegidos y con derecho a sojuzgar al resto de la humanidad con una autocracia impuesta sobre la gris uniformidad de un rebaño aquiescente que nunca cuestionará el poder y los injustificables privilegios de una minoría parásita cuyos objetivos reales no tienen nada de utópico.
De cualquier manera que sea, el mayor problema con los modelos orwellianos no es, como muchos afirman, que resultan inquisidores y dictatoriales. El mayor problema es que – además de inquisidores y dictatoriales  – resultan tan aburridos que solamente un absoluto pelmazo se allanaría a vivir en ellos sin sufrir la tentación de la rebelión o el suicidio.
Pero un mundo igualitario, aparte de ser autocrático e insufriblemente aburrido, también sería un mundo tremendamente caro. Fíjense solamente en lo que nos cuesta en la Argentina un aparato tan perfectamente inútil e inoperante como el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).  Cuando lo impusieron, allá por el 2005, bajo la gestión de Enrique Oteiza tenía 35 empleados y un presupuesto cercano a los 2 millones de pesos. [[3]] En septiembre del 2006, desembarcó en el instituto la abogada feminista María José Lubertino. Durante su gestión, el presupuesto del INADI se disparó a 19.7 millones de pesos y los empleados pasaron a ser unos 330.  Lubertino renunció en el 2009 para convertirse en legisladora de la Ciudad de Buenos Aires. La reemplazó Claudio Morgado y el presupuesto volvió a dispararse otra vez. Llegó a 49,2 millones de pesos con 550 empleados. [[4]] Pero después, Morgado se peleó (casi literalmente) a las trompadas con su vice, María Rachid, la actual titular de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales [[5]]. La trifulca obligó al gobierno a intervenir el Instituto y, desde entonces, al frente del mismo quedó Pedro Mouratian para administrar esos casi 50 millones de pesos y el más de medio millar de empleados.
Casi cincuenta millones de pesos por año y 550 empleados para obligarnos a creer que la conducta de un grupo de personas que no llega a constituir ni el 5% de la población total de un país [[6]] debe ser aceptado como "normal".  O sea que, si en alguna parte llego a observar que alguien perteneciente al 95% trata de un modo diferente a otro que pertenece al 5%, mi deber es ir corriendo al INADI a hacer una denuncia. Para eso están el 0800, la dirección de email, la página web, los casi 50 millones de pesos y los 550 empleados.
Lo gracioso es que al revés la cosa no funciona. Si alguien del 5% discordante discrimina a alguien del 95% normal, no hay ningún Instituto especializado para recibir la denuncia. Nada de eso. Lo que hay que denunciar es el caso de la persona que ha observado una aberración y luego se comporta como alguien que se ha dado cuenta de la anormalidad. Porque – al menos según las normas impulsadas por nuestros sabios legisladores – está prohibido darse cuenta. Frente a una desviación del comportamiento humano hay que hacer "como si" no la vimos, incluso si esta anomalía cae por fuera de dos desviaciones estándar de la media estadística normal. Se supone que, al no verla, no existe. La vemos, por supuesto, y nos damos cuenta de que la vimos porque, desde las profundidades de nuestro ser, dos millones y medio de años de existencia de la especie nos gritan que lo observado se aparta de la media normal. Pero no hay nada que hacerle: se nos exige que reprimamos nuestra reacción natural, casi instintiva, y la suplantemos por lo normado en un código legal escrito en beneficio del 5% de anormales.
Más todavía: hay anormalidades de las cuales se supone que ni siquiera tendríamos que haberlas percibido como anormalidades. Si por casualidad vemos a dos hombres o a dos mujeres haciéndose arrumacos en plena vía pública, se supone que ni siquiera tendríamos que darnos cuenta de que hay algo fuera de foco en el cuadro. A un viejito medio sordo no habría que gritarle. No sea cosa que le hagamos sentir que nos dimos cuenta de que es medio sordo. Tendríamos que hablarle como si estuviésemos en el pasillo de un hospital. ¿Que el pobre anciano no nos entendería ni jota? Eso no importa. Lo que importa es que no lo discriminamos. Y, en todo caso, el viejito no es medio sordo; solamente tiene una "capacidad auditiva diferencial". Con lo cual, es diferente pero el término "diferencial" nos permite evitar eso de "medio sordo" y, con una pequeña acrobacia intelectual y lógica hasta podemos llegar a decir que es diferente pero con una diferencia perfectamente "normal".
Es un galimatías, ya lo sé. Pero ¿qué quieren que le haga? Para expresar en forma adecuada lo políticamente correcto existe toda una neolengua orwelliana, con su propia terminología, ortografía y sintaxis.
En todo caso, hay que seguir tirando la moneda al aire, a ver si el esfuerzo de los constructores del relato produce el milagro de vencer las leyes de la naturaleza y la monedita se queda flotando en el espacio. El día en que eso suceda es posible que alguien no se dé cuenta de que una persona es homosexual, bisexual o transexual y la trate como si no lo fuera. O no se dé cuenta de que un óvulo fecundado es un ser viviente y lo trate como si fuera una verruga que apareció por accidente. Aunque la vida, terca como es, siga buscando la forma de superarse y de optimizar sus respuestas en un tenaz y continuo esfuerzo por favorecer la supervivencia.
Pero no me tomen demasiado en serio. Reconozco abiertamente que, (también) en materia de discriminación, soy un caso perdido. Porque discrimino. En la verdulería no elijo las manzanas podridas sino las sanas. En la ferretería me quedo con las herramientas bien diseñadas y descarto las inadecuadas. En la librería busco los libros bien escritos y desecho los plagios, las chabacanerías y los extravíos. No me entusiasman las historias feas. Tampoco las personas feas; y no me refiero al aspecto exterior porque la verdadera fealdad viene de adentro. Y no es que odie a esas feas personas, o a esas cosas defectuosamente constituidas. Para nada. De hecho – y lo digo con total sinceridad – creo que el odio es un sentimiento que no conozco en absoluto. Por más que haga memoria, no recuerdo haberlo sentido jamás. Cuando me hablan de odio, la pura verdad es que no sé de qué me están hablando. Hubo en mi vida, y hay, cosas que me producen rechazo; hubo, y hay, cosas que me hacen enojar por un rato; hubo, y hay, cosas y actitudes que desapruebo. Pero ¿odio? No podría definirlo haciendo referencia a una experiencia propia. Si me obligaran a precisar el concepto tendría que salir del paso recurriendo a lo que dice el diccionario de la RAE.
Me apena y me subleva tan solo ver que un mundo, que podría ser mucho mejor de lo que es, se está yendo literalmente al demonio por la destrucción que causan montones de estupideces aceptadas como grandes logros de una supuesta filosofía supuestamente humanista que, objetivamente y en los hechos, nos lleva de cabeza a la decadencia. Porque la decadencia es, por necesidad, destructiva. Y además, se vuelve especialmente violenta cuando, para lograr la declinación, se ve forzada a destruir valores. Es que solamente por medio de la violencia se le puede hacer tragar lo anormal a la casi totalidad de la humanidad normal.
Me dirán que tampoco nadie tiene derecho a despreciar y a hacer sufrir a personas que no tienen la culpa de ser lo que son, o de ser como son. Y estoy completamente de acuerdo. Pontificar anatemas, condenas, castigos y desprecios desde las encumbradas alturas de un juez que se cree inapelable es propio solo de quienes desconocen por completo las complejas profundidades de nuestra naturaleza humana. Pero me he salteado todo el aspecto ético y moral de la cuestión – y lo he hecho a propósito – porque, si bien ese aspecto es relevante (de hecho, muy relevante), aquí no estoy hablando de eso. De lo que estoy hablando es de la aceptación forzada de anormalidades que atentan contra la vida misma. Porque, en todo caso, una cosa es no hacer sufrir injustamente ni aplastar como a un insecto a alguien cuyas tendencias o conductas van de cabeza contra el más básico instinto de supervivencia de la especie, y otra cosa muy distinta es proclamar alegremente que esa desviación debe ser aceptada como algo normal y, sobre todo, inocuo.
Porque, entendámoslo de una vez por todas: la distinción entre lo normal y lo anormal no es una cuestión de opiniones. Es una cuestión simplemente estadística que hasta puede ser demostrada con números. La coerción de la ley que impone una mera opinión contraria a esa estadística objetiva, no por ser legal deja de ser coerción; es decir: violencia.
Y ya sería hora de ponerle un límite.
Cuando nos quieren imponer por la fuerza una reverenda estupidez, deberíamos rebelarnos. Las estupideces no dejan de serlo por el hecho que sean famosos quienes las dicen y muchos quienes las repiten. La cordura – y mucho menos la Verdad – no se establecen por voto democrático. Tampoco las dicta el Poder Legislativo.
Para empezar, no deberíamos comprar el relato. Hay que discriminar. Es más: no podemos dejar de hacerlo. Por de pronto, discriminamos a los corruptos de los honrados; a los vagos de los trabajadores;  a los mentirosos de los veraces; a los hipócritas de los sinceros; a los indignos de los dignos. Pero, si discriminamos negativamente, para equilibrar la balanza también deberemos discriminar en sentido positivo: reconociendo, respetando y ayudando a los talentosos, a los voluntariosos, a los geniales, a los ingeniosos, a los santos y a los héroes. Son los que más pueden aportar a la construcción de un futuro mejor.
Para no comprarnos el relato, lo primero que tenemos que hacer es no aceptar su terminología. No tenemos por qué caer de rodillas ante las expresiones supuestamente académicas de intelectuales que el aparato mediático convierte en famosos. Muchas de esas expresiones son simples gansadas y no tengamos vergüenza o pudor alguno en calificarlas de tales. Por ejemplo, la expresión "discriminación de género" es una idiotez. Género tienen la ropa y los sustantivos; los seres humanos tenemos sexo. Y el sexo, entre muchas otras características, cumple funciones tanto en la vida individual como en la social. Precisamente para escamotear esas funciones – que no se pueden negar – es que los grandes compositores del relato inventaron eso de "género".
Revaloricemos las diferencias desde el punto de vista de lo que más favorece a la vida y no desde el punto de vista hedonista que llama "felicidad" a todo lo que brinda el mayor placer con el menor esfuerzo durante la mayor cantidad posible de tiempo. Hay diferencias complementarias cuya conjunción fortalece y es fecunda: lo masculino y lo femenino; la mente y el músculo; la razón y la intuición; la velocidad y la resistencia; lo bello y lo útil; la justicia y la templanza; la prudencia y la fortaleza. Pero aquellas diferencias que no son complementarias de nada y que a la larga solo impiden, dificultan, obstaculizan, problematizan, debilitan y frustran, a ésas no haríamos nada mal en discriminarlas.
Claro; no hay ninguna obligación. Podemos no hacer nada. Podemos seguir como vamos.
Pero, a juzgar por los resultados que puedo comprobar todos los días, yo diría que no vamos demasiado bien.
Y si no me creen y prefieren seguir así, entonces miren a su alrededor. Pero miren bien; sin anteojeras; dejando todas las teorías de lado. Miren y observen lo que le está pasando a los seres humanos de carne y hueso que nos rodean.
Y después díganme ustedes como creen que terminaremos si seguimos aceptando que nos obliguen a no discriminar.

Denes Martos
02/Junio/2012


Notas

[1] )- Premio Nobel de Medicina 1933
[2] )- Premio Nobel de Medicina 1976
[3] )- Cf. http://www.perfil.com/contenidos/2011/06/09/noticia_0028.html - Consultado el 30/06/2012 
[4] )- Cf. http://www.clarin.com/politica/presupuesto-multiplico-millon-dolares-mes_0_499750053.html - Consultado el 30/06/2012  
[5] )- Cf. http://www.lgbt.org.ar - Consultado el 30/06/2012
[6] )- Cf. http://www.vidahumana.org/vidafam/homosex/mitos.html - Consultado el 30/06/2012

Aborto: O como el sofisma es aborto o muerte.El aborto ya es muerte.


NUESTRA AMÉRICA


Morir para dar vida o evitarla

-(AW) Unas 800 mujeres mueren anualmente por causas relacionadas con sus embarazos, es decir alrededor de 300 mil muertes al año, y lo peor es saber que esas muertes son en su mayoría evitables. La desigualdad social es apuballante y los abortos son en su mayoría inseguros. Se agrega a este panorama la grave ausencia de políticas de Estado que terminan siendo políticas de Estado.


embarazo-de-alto-riesgo

--En América Latina y el Caribe, 800 mujeres mueren cada día por causas relacionadas con sus embarazos. Son casi 300 mil mujeres al año que pierden la vida por complicaciones durante la gestación, el parto y el puerperio. La mayoría de esas muertes son evitables. Uno de los Objetivos del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas en 1990 fue reducir la mortalidad materna un 75% para 2015. Si bien la situación mejoró en la región -la mortalidad materna se redujo un 41%-, no se cumplirá esta meta. En una conferencia realizada esta semana en la ciudad de México se vislumbraron algunas causas: es la región más desigual del mundo, donde el 93% de los abortos son inseguros, y el embarazo adolescente no para de crecer.
¿Qué pasa con Argentina? Fue ejemplo de país "estancado".
"La salud materna en América Latina y el Caribe: la agenda inconclusa" reunió 200 especialistas de 20 países. Lo de inconclusa es porque no está garantizado el acceso universal a servicios de salud sexual y reproductiva, no hay capacitación de profesionales con perspectiva de género, no hay laicidad en las políticas públicas.
Ana Langer, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, habló de Argentina. "La tasa de mortalidad materna se estancó entre 1990 y 2011". Y dio las causas: "disparidad en el acceso a la atención médica, enfermedades relacionadas como la obesidad, el sobrepeso, la diabetes y la hipertensión, la calidad deficiente en la atención y la persistencia del aborto inseguro". Este punto es central. En Argentina el aborto inseguro es la principal causa de muerte materna.
En el país se realizan medio millón de abortos al año, la mayoría inseguros. Y cien mujeres mueren cada año por esta causa. La cifra no varió en las últimas tres décadas.
"El aborto inseguro sigue siendo una de las causas principales de muertes maternas y la región sigue teniendo la tasa más alta de muertes por aborto en el mundo. Fortalecer las políticas de reducción de daños, de atención integral del post aborto y de acceso a los abortos permitidos por la ley es un imperativo para todo gobierno que respete los derechos humanos de las mujeres y tenga vocación por resolver un problema de salud pública que afecta exclusivamente a las mujeres mas desprotegidas. Argentina muestra una situación muy preocupante no solo porque la mortalidad materna no se reduce, sino porque no hay una clara, explícita y decidida voluntad política por priorizar estas políticas sanitarias en todas las provincias del país y el ministerio nacional no ayuda para que esto ocurra al no ejercer su rol de rectoría como le correspondería", dice a Clarín Silvina Ramos, presente en México, e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.
Ariel Karolinski, miembro de la Alianza Argentina para la Salud de la Madre, Recién Nacido y Niño y consultor de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, también estuvo en México: "Nuestro país se mantiene estable en los últimos 20 años con alrededor de 40 muertes maternas cada 100.000 recién nacidos vivos, lo cual implica más de 300 muertes por año. Las complicaciones del aborto están en primer lugar".
¿Cómo se puede mejorar la situación? "Las principales acciones deben orientarse a evitar los embarazos no planificados, con educación sexual integral, acceso a la anticoncepción de emergencia y el acceso a consejería y métodos anticonceptivos post parto y post aborto -dice Karolinski-. También se debe garantizar el acceso a los servicios de salud de las madres y sus niños, en particular aquellas en situación de vulnerabilidad, mejorando las redes de atención y optimizando las respuestas de los servicios con recursos humanos calificados, bien remunerados, y con capacidad para el manejo de la emergencia obstétrica". En su ponencia, la brasileña Carmen Barroso, de la Federación Internacional de Planificación Familiar, dijo: "El flagelo de la mortalidad materna no es nuevo. Lo nuevo es la impaciencia porque sigue ocurriendo, porque son muertes prevenibles y por eso inmorales. Debemos ser impacientes con la desigualdad, con las muertes por abortos, por los pocos recursos dedicados a un tema tan barato de resolver. Seamos impacientes".

POR Mariana Iglesias (Clarín 10-6-12)

El ambiente enrarecido que se experimenta hoy en el país, que es una réplica exacta de las instancias de terror vividas por la humanidad en los últimos siglos, hacen presagiar un pésimo futuro a la dirigencia kirchnerista, que ha llevado a la paciencia popular hasta su límite más extremo.

EL TERROR

Así se denominó al período que siguió a la Revolución Francesa (1789), se extendió entre 1793 y 1794, y en el que los “ganadores” se embarcaron en una brutal represión a los opositores y contrarrevolucionarios, ejecutando con inusitada saña a muchos enemigos y complotadores, pero también a una enorme cantidad de ciudadanos inocentes, como el químico Antoine de Lavoisier.

Según lo dispuesto por el “Comité de Salvación Pública”, encabezado por el implacable Maximilien Robespierre, se mandaba a la guillotina a cualquier “sospechoso”, con la excusa de que podía desestabilizar al régimen. Tiempo después, este sanguinario político francés terminó de la misma forma: ejecutado en la guillotina por quienes luego conspiraron contra él.

En el siglo XX, la Rusia de José Stalin, la Italia de Benito Mussolini y la Alemania de Adolfo Hitler contemplaron atónitas el regreso del terror. Entre 1928 y 1953, las “purgas” ordenadas por Stalin reprimieron a la ciudadanía opositora, enviando a la muerte a por lo menos 20 millones de compatriotas (aunque las cifras parecen ser muy superiores), tarea que luego asumió la KGB durante la guerra fría (1945-1991).

Mussolini impulsó a sus Camisas Negras a la delación y la persecución de opositores, mientras que Hitler hizo lo propio en su momento con su policía secreta, la Gestapo, con lo que se calcula que mandó a la muerte a 17 millones de personas, entre judíos, gitanos, negros y adversarios políticos,

Durante la primera mitad del siglo XIX en las Provincias Unidas también tuvimos un dictador siniestro: Juan Manuel de Rosas, que, ensoberbecido por las facultades extraordinarias y la suma del poder público conferidas por la legislatura de Buenos Aires entre 1829 y 1852, se encargó, a través de la tristemente célebre Mazorca, especie de policía secreta, de perseguir y eliminar, a través del terror, a sus opositores políticos en todo el territorio nacional.

Como la humanidad parece no aprender de sus errores, en la Argentina del siglo XXI la presidenta Cristina Fernández, azuzada por un entorno tenebroso en el que la figura de su hijo Máximo -ahora candidato a diputado nacional y quien capitanea su agenda y sus libretos cotidianos, en especial los que se emiten con inexplicable frecuencia por cadena nacional-, se muestra dispuesta a acabar con la oposición política a través de su propia política del terror, en la que la agrupación La Cámpora juega un papel determinante.

Cualquier voz disidente a su errática segunda gestión comenzada en diciembre pasado, debe ser acallada de cualquier manera. Los métodos locales actuales implican la denuncia a la Agencia Federal de Ingresos Públicos (Afip) y su posterior persecución y aniquilamiento, además del escrache público para escarmiento de la ciudadanía. La presidenta y su Rasputín de turno (el patilludo Kicillof), junto con su séquito de felpudos, han diseñado un sistema que incluye hasta perros especialmente adiestrados para "oler" dólares, con el fin de disciplinar a la ciudadanía en el uso de la devaluada "moneda" nacional.

El ambiente enrarecido que se experimenta hoy en el país, que es una réplica exacta de las instancias de terror vividas por la humanidad en los últimos siglos, hacen presagiar un pésimo futuro a la dirigencia kirchnerista, que ha llevado a la paciencia popular hasta su límite más extremo.
© Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

sábado, 14 de julio de 2012

No vamos bien. Tampoco es evidente que vayamos en todo mal.


 La sensación es que no vamos para ningún lado conocido, que no somos nada claro, que estamos a la deriva como un corcho en las aguas, flotando hacia donde nos lleven las corrientes aleatorias o generadas por otros o para otros (¿Brasil, Venezuela?).
Estamos en un lugar que genera ansiedad, a veces desasosiego, a veces temor, porque es el lugar en donde cualquier cosa es posible, donde nada es definido o cierto, donde todo nos puede pasar. Las viejas reglas han sido borradas; las viejas certidumbres, arrojadas más allá. Somos hombres desnudos en una selva desconocida, con amenazas de monstruos y tormentas, sin alcanzar a ver horizonte en la maraña.
La suerte del reino depende de lo que pase en la corte, pero en la corte están todos ocupados en las ceremonias que ellos se hacen a sí mismos, ahí sí con sus reglas estrictas de protocolo, de reverencias, de trajes de gala, de marchar seguros y erguidos en ese escenario bonito que se ha instalado algo más arriba que el piso de los mortales.
De tanto pasear por ese circuito chico que recorren diariamente, los de la corte no se dan cuenta del miedo que tienen los de la selva de que les roben o maten a sus chicos. No se dan cuenta del horror del narco, con el que algunos funcionarios del reino hacen negocios a costa de tantos muertos anónimos. No se dan cuenta de que los que deben dar seguridad se han tomado el delito para sí mismos; que los que deben impartir justicia esperan órdenes y tienen ropas demasiado lujosas para su estatus. Las ropas delatan lo incorrecto, gritan el pecado susurrado por todos? De ahí la angustia y la desprotección de los de la selva.
Los de la corte, que querían hacer su voluntad, que querían que sus deseos fueran soberanos y lo lograron, tampoco se dan cuenta de los efectos provocados por sus prohibiciones de vender y de comprar y por su decisión de no respetar la propiedad ajena. Si nadie es realmente dueño de nada seguro, el poder de los que mandan es muy grande, pero la ansiedad de los mandados es paralizante. Por eso, en la selva, la creatividad que genera el don de la libertad que Dios nos dio está oculta y escondida, inmóvil, estéril. Por eso se han empezado a producir menos cosas y han empezado a faltar otras: bulones, remedios, discos, libros, tejidos, dólares.
Los de la corte pueden inventarse un pasado a medida y depredar lo que hay en el presente, pero no pueden, sobre esas bases, construir futuro. Los dioses dieron libertad y capacidad de eternidad a los hombres y los de la corte nunca podrán apropiarse de esos dones de todos, que son los dones que generan el arte y la producción. Y no hay libertad sin derecho, sin policías y sin jueces que apliquen la ley. No hay libertad si los legisladores dejan todo en manos de la voluntad cambiante de la corte.
En el mundo no nos atacan más. Para el mundo no existimos más (“hagan lo que quieran, que no nos importa”, dicen). No hay amigos de la Argentina en los Parlamentos de allá afuera; sólo hay algunos viejos conocidos, socialistas, demócratas o liberales, que nos dicen cosas que parecen un pésame y nos preguntan si vamos a volver, algún día. El monarca del gran imperio celeste de Oriente ha venido a decirnos su agenda: infraestructura, alimentos, recursos naturales, integración productiva, apertura comercial, ciencia y técnica, confianzas mutuas, movimientos políticos mundiales coordinados? Pero nosotros no tenemos tiempo para hacer de eso una realidad, porque ocupamos toda nuestra energía en maniobras de barrio y en luchas contra fantasmas destituyentes inventados. Hemos reemplazado la democracia de todos, la del 83, por la lucha de facciones sin reglas ni verdad.
Sin embargo, otra Argentina es posible. La de la paz, la del amor, la de la verdad. La de la recuperación de las certezas, de la ley igual para todos, de la severidad del derecho para quienes deben protegernos con seguridad y justicia. La de la libertad para crear cultura y producir. La de la austeridad en los gastos y estilos y la moderación en las cargas burocráticas e impositivas. Ese potencial está en los hombres de la selva, pero sólo se hará realidad si una propuesta con visión e integridad los lidera. Sólo la unión de muchos diferentes, sin exclusiones miopes, puede producir esa energía.
Autor : Federico Pinedo

jueves, 12 de julio de 2012

Cri$tina ¡¡¡¡ ES TRAMPOSA HASTA EN LOS DISCURSOS !!!!


Un fotógrafo la sorprendió " in fraganti "  cuando en un discurso se arregló el cabello y sin querer dejó al descubierto un pequeñísimo adminículo en su oreja derecha, que utiliza en sus largos monólogos públicos para que un apuntador de turno le sople al oido el texto de lo que va a decir.
 ¡¡¡¡ ES TRAMPOSA HASTA EN LOS DISCURSOS !!!!
OBSERVA:   Oreja,  Muñeca  y Dedo.
 
http://a2.sphotos.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc6/252186_10150285226094321_573399320_7400229_7192595_n.jpg
Sra. Presidente: la próxima vez que interrumpa la programación de la TV Argentina
para agobiar por "cadena nacional" a todos los habitantes
con sus reiterados e impúdicos monólogos
sobre pobreza, desnutrición, mortalidad infantil, los sin techo ... etc.
tenga la amabilidad de quitarse el ROLEX "Lady Datejust" con diamantes
valuado en 42.000 dolares y sus costosísimos anillos
.

Pero además lo que hace más desvergonzada su actitud es que
le dicten su discurso por blue tooth en la oreja ... bahhhhh ....

(todos los altos dignatarios del mundo llevan sus textos-ayudamemoria escritos en papel)
 
¿Era así como iba a rendir sus exámenes cuando estudiaba Abogacía en La Plata? 
¿No será por eso que no se pudo graduar?
¿Acaso la sorprendieron "copiándose"?